Mes: septiembre 2008

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Ariadne

24 septiembre, 2008 | Autores, Mitología, Pinturas | No hay comentarios


John William Waterhouse
Ariadne. 1898
Óleo sobre lienzo. 91×151 cm
Colección privada

El mito de Ariadne es uno de mis preferidos. Hija de Minos, el poderoso rey de Creta, Ariadne abandona a su padre y su hogar para huir con Teseo, a quien había logrado salvar del laberinto entregándole un ovillo de hilo y del que se había enamorado. Pero Teseo la desprecia y la abandona en la isla de Naxos. Y es en la isla de Naxos donde la encuentra el dios Dionisos que se enamora perdidamente de ella, la hace su esposa y la lleva junto a él al Olimpo.

El tema ha sido ampliamente tratado en el arte desde la Antigüedad. Una de las representaciones más bellas es este magnífico cuadro de Waterhouse. El artista articula el cuadro en dos partes trazando una línea horizontal que a su vez delimitará la línea del horizonte. El rojo de la túnica de Ariadne resalta sobre el resto de colores del cuadro. Waterhouse hace un excelente tratamiento de la tela captando su caida y los pliegues, así como la pose relajada y distraida de la modelo.

Al fondo se intuye un paisaje iluminado con los colores del crepúsculo donde podemos observar una nave griega que se acerca, o tal vez se aleja, de la costa. ¿Está Waterhouse representando el momento en que Teseo abandona a Ariadne dormida en la costa de Naxos? No falta mucho entonces para que Dionisos la encuentre y la lleve junto a él.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

The morning walk

24 septiembre, 2008 | Autores, Pinturas | 2 comentarios


Thomas Gainsborough
Mr and Mrs Hallet (The morning walk) 1785
Óleo sobre lienzo, 236×179 cm
National Gallery, Londres.

Cuando en la Inglaterra del siglo XVIII un pintor recibía el encargo de un retrato matrimonial generalmente procedía a una distribución del lienzo en la cual ambos cónyuges aparecían uno junto a otro pero sentados por separado. Cada figura era tratada como un retrato individual sin que entre ellos se apreciara ningún nexo aparente.

Sin embargo Gainsborough hace una interpretación totalmente diferente. William y Elisabeth Hallet caminan unidos. Ella toma delicadamente el brazo de su marido y él adopta una pose firme y protectora. Juntos pasean disfrutando del paisaje y juntos sortean los baches en el camino. Gainsborough no capta solamente el paseo de una mañana de domingo, está plasmando en su lienzo la unión del matrimonio que camina unido por los senderos de la Vida.

Esta forma de reinterpretar los temas y su gran maestría en el retrato hizo de Gainsborough un pintor de gran éxito entre la aristrocracia y la clase alta. Utilizaba siempre colores suaves e imprimía una elegancia característica a todos sus modelos. La textura de las telas y las gasas cobraba gran protagonismo en sus lienzos. En vez de utilizar fondos neutros, como hacían otros pintores de inferior talento, él situaba a sus figuras en hermosos paisajes de la campiña inglesa.

Aunque a veces ha sido injustamente menospreciado hoy Gainsborough destaca como un gran maestro con un excelente dominio de la técnica, un estilo propio y, sobre todo, con una gran sensibilidad que le permitía ver la elegancia y la belleza en todo aquello que le rodeaba y reflerjarlas en su obra.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

"Carta a María" de Arturo Pérez Reverte

18 septiembre, 2008 | Libros | No hay comentarios

Hace ya muchos años que descubrí este maravilloso artículo de mi admirado Pérez Reverte. Creo que pocos textos pueden describir mejor la pasión que muchos sentimos por descubrir el mundo que nos rodea, su Historia y las huellas del pasado que subyacen bajo una errónea apariencia cotidiana así como la necesidad de que lo hagamos.

Carta a María, por Arturo Pérez-Reverte.

Tienes catorce años y preguntas cosas para las que no tengo respuesta. Entre otras razones, porque nunca hay respuestas para todo. Y además, he pasado la vida echando la pota mientras oía a demasiados apóstoles de vía estrecha, visionarios y sinvergüenzas que decían tener la verdad sentada en el hombro. Yo sólo puedo escribirte que no hay varitas mágicas, ni ábrete sésamos. Esos son cuentos chinos. De lo que sí estoy seguro es de que no hay mejor vacuna que el conocimiento. Me refiero a la cultura, en el sentido amplio y generoso del término: no soluciona casi nada, pero ayuda a comprender, a asumir, sin caer en el embrutecimiento, o en la resignación. Con ello quiero sugerirte que leas, que viajes, y que mires.

Fíjate bien. Eres el último eslabón de una cadena maravillosa que tiene diez mil años de historia. De una cultura originalmente mediterránea que arranca de la Biblia, Egipto y la Grecia clásica, que luego se hace romana y fertiliza al Occidente que hoy llamamos Europa. Una cultura que se mezcla con otras a medida que se extiende, que se impregna de Islam hasta florecer en la latinidad cristiana medieval y el Renacimiento, y luego viaja a América en naves españolas para retornar enriquecida por ese nuevo y vigoroso mestizaje, antes de volverse Ilustración, o Fiesta de las Ideas, y Ochocentismo de revoluciones y esperanzas. 0 sea, que no naciste ayer.

Para conocerte, para comprender, lee al menos lo básico. Estudia la Mitología, y también a Homero, y a Virgilio, y las historias del mundo antiguo que sentó las bases políticas e intelectuales de éste. Conoce al menos el alfabeto griego y un vocabulario básico. Estudia latín si puedes, aunque sólo sea un año o dos, para tener la base, la madre del universo en que te mueves. Da igual que te gusten las ciencias: ten presente – como siempre recuerda Pepe Perona, mi amigo el maestro de Gramática -, que Newton escribió en latín sus Principia Mathematica, y que hasta Descartes toda la ciencia europea se escribió en esa lengua. Debes hablar inglés y francés por lo menos, chapurrear un poco de italiano, y que el estudio del gallego, del euskera, del catalán, que tal vez sean tus hermosas y necesarias lenguas maternas, no te impida nunca dominar a la perfección ese eficaz y bellísimo instrumento al que aquí llamamos castellano y en todo el mundo, América incluida, conocen como español. Para ello, lee como mínimo a Quevedo y a Cervantes, échale un vistazo al teatro y la poesía del Siglo de Oro, conoce a Moratín, que era madrileño, a Galdós, que era canario, a Valle-Inclán, que era gallego, a Pío Baroja, que era vasco. Rastrea sus textos y encontrarás etimologías, aportaciones de todas las lenguas españolas además de las clásicas y semíticas. Con algunos de ellos también aprenderás fácilmente Historia, y eso te llevará a Polibio, Herodoto, Suetonio, Tácito, Muntaner, Moncada, Bernal Díaz del Castillo, Gibbon, Menéndez Pidal, Elliot, Fernández Álvarez, Kamen y a tantos otros. Ponlos a todos en buena compañía con Dante, Shakespeare, Voltaire, Dickens, Stendhal, Dostoievski, Tolstoi, Melville, Mann. No olvides el Nuevo Testamento, y recuerda que en el principio fue la Biblia, y que toda la Historia de la Filosofía no es, en cierto modo, sino notas a pie de página a las obras de Platón y Aristóteles.

Viaja, y hazlo con esos libros en la intención, en la memoria y en la mochila. Verás qué pocos fanatismos e ignorancias de pueblo y cabra de campanario sobreviven a una visita paciente a El Escorial, a una mañana en el museo del Prado, a un paseo por los barrios viejos de Sevilla, a una cerveza bajo el acueducto de Segovia. Llégate a la Costa de la Muerte y mira morir el sol como lo veían los antiguos celtas del Finis Terrae. Tapea en el casco viejo de San Sebastián mientras consideras la posibilidad de que parte del castellano pudo nacer del intento vasco por hablar latín. Observa desde las ruinas romanas de Tarragona el mar por el que vinieron las legiones y los dioses, intuye en Extremadura por qué sus hombres se fueron a conquistar América, sigue al Cid desde la catedral de Burgos a las murallas de Valencia, a los moriscos y sefardíes en su triste y dilatado exilio. En Granada, Córdoba, Melilla, convéncete de que el moro de la patera nunca será extranjero para ti. Y sitúa todo eso en un marco general, que también es tuyo, visitando el Coliseo de Roma, la catedral de Estrasburgo, Lisboa, el Vaticano, el monte San Michel. Tómate un café en Viena y en París, mira los museos de Londres, descubre una etimología almogávar en el bazar de Estambul o una palabra hispana en un restaurante de Nueva York, lee a Borges en la Recoleta de Buenos Aires, sube a las pirámides de Egipto y a las mejicanas de Teotihuacán. Si haces todo eso o al menos sueñas con hacerlo, conocerás la única patria que de verdad vale la pena.


Claude Lorrain.
Partida de Ulises del puerto de los feacios.1646
Óleo sobre lienzo. 119×150 cm
Musée du Louvre. Paris

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Nefertiti o La belleza ha llegado

17 septiembre, 2008 | Egipto, Esculturas | No hay comentarios

Me apresuré por los sinuosos pasillos del museo. Dejaba atrás estatuillas, esculturas, sarcófagos y relieves de un valor y belleza impresionantes. Ya tendría tiempo de verlos más tarde. A medida que iba descubriendo las salas mi expectación se iba haciendo más fuerte. Me sentía como una niña a punto de hacer un gran descubrimiento. Y de repente la encontré. Allí estaba. Protegida tras una urna de cristal perfectamente iluminada dominando con su imponente presencia toda la estancia. La reina más hermosa de Egipto. Nefertiti.

No había nadie más en la sala. Me acerqué lentamente hasta situarme frente a ella. Era realmente bellísima. A sus grandes ojos parecía asomar una sabiduría antigua y profunda. Todo su rostro transmitía serenidad y calma. La elegancia verdadera, la que pervive al paso de las modas y de los siglos. Durante un breve instante perdí la conciencia del tiempo y del espacio. Estaba en Egipto en el Imperio Nuevo y una reina joven y poderosa se hallaba frente a mí. Entendí entonces que el significado de su nombre no podía ser más apropiado: Nfrt.y.ty La belleza ha llegado.

Entonces el resto del grupo irrumpió en la sala y el encanto se rompió. El silencio desapareció en post de las exclamaciones de admiración y los click de las cámaras digitales. No pude evitar una leve sonrisa agradeciendo aquel instante a solas con la hermosa reina Nefertiti.


Busto de Nefertiti.
XVIII Dinastía. Hacia 1340 a.C. Período de Tell-el-Amarna
Caliza y yeso. Atura 48 cm
Altes Museum, Berlín

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El misterio de la dama sin nombre

10 septiembre, 2008 | Pinturas | 2 comentarios


Petrus Christus.
Retrato de una joven dama. Hacia 1470
Tabla de roble. 29×23 cm
Gemäldegalerie, Berlín.

Siempre me ha encantado este retrato. Tuve la oportunidad de verlo «in situ» este año en la Gemäldegalerie de Berlín. De cerca se aprecia mucho mejor el craquelado de la tabla que no hace más que aumentar el encanto de la obra.

Una joven dama nos contempla desde la tabla en un instante suspendido en el tiempo durante más de 500 años. Tiene una pose elegante y viste un rico vestido azul y negro con el escote ribeteado con una piel de armiño. En su esbelto cuello luce un collar de oro de tres vueltas. La riqueza de su tocado y el vestido nos hablan. Nos dicen que la joven pertenece a una familia de la alta burguesía o quizás de la alta nobleza. Sin embargo no hay más elementos en la obra que nos ayuden a identificar a la modelo. ¿Quién es la misteriosa dama? ¿Con qué motivo se pintó su retrato?

Durante muchos años los historiadores del arte han intentado en vano resolver el enigma. Sin embargo finalmente las investigaciones llevadas a cabo parecen haber aportado resultados. Sabemos que en la fecha en que se pintó el retrato (hacia 1470) Petrus Christus se hallaba en Brujas. En 1468 tuvo lugar en esta ciudad una importante boda: el matrimonio entre Carlos El Temerario y Margarita de York, duquesa de Norfolk. Una leve referencia a Lord Talbot, que hasta entonces había pasado desapercibida para los historiadores, hizo cambiar el rumbo de sus investigaciones. Averiguaron que dos nietas de Talbot, Lady Anne y Margaret Talbot, sobrinas de la prometida, acompañaron a su tía a Brujas para el importante acontecimiento. Luego la joven que aparece en la obra sería una dama inglesa: Lady Anne o Lady Margaret Talbot.

No obstante esta teoría, aunque plausible, no parece definitiva ya que se basa en indicios poco concluyentes. Algunos autores apuntan que la fisonomía y el vestido concuerdan mejor con una joven de Flandes que con una noble inglesa.

Así pues la pregunta sigue en el aire ¿Quién es la misteriosa dama? Más de 500 años después el cuadro de Petrus Christus sigue guardando su secreto.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)