Mes: octubre 2008

Home / Mes: octubre 2008

¿Santa Rufina de Velázquez?

21 octubre, 2008 | Pinturas, Subastas | 3 comentarios


Diego Velázquez da Silva
Santa Rufina. Hacia 1630
Óleo sobre lienzo.
Fundación Focus Abengoa. Sevilla.

Hoy me voy me voy a permitir el atrevimiento de plantearos un pequeño debate en el que me encantaría que participárais.

Probablemente conocéis el cuadro. Fue subastado el año pasado en la casa Sotheby´s en su sede de Nueva York en medio de una gran expectación. Su salida al mercado había provocado una pequeña guerra entre los grandes expertos en Velázquez que discrepaban sobre su autoría. Jonathan Brown, una de las principales autoridades en materia de pintura velazqueña, aseguraba tajantemente que el cuadro no podía atribuirse a Velázquez y no eran pocos los estudiosos que refrendaban su postura. Muchos otros, sin embargo, afirmaban con total rotundidad que se trataba de una obra del genial pintor sevillano, probablemente realizada tras su primer viaje a Italia y en la que Velázquez tomó como modelo a su hija Francisca.

Lo cierto es que Sotheby´s anunció la subasta con muy poca antelación y el lienzo sólo fue analizado por sus propios expertos. Finalmente el cuadro fue adquirido por la fundación sevillana Focus Abengoa por 12, 47 millones de euros. El precio de subasta, «demasiado bajo» tratándose de una obra de Velázquez y el hecho de que ninguno de los grandes museos del mundo pujara por el lienzo a pesar del gran interés que despiertan las escasas obras de Velázquez que salen al mercado, no hizo más que incrementar la sombra de la duda sobre la autoría del Santa Rufina.

¿Estamos ante una auténtica obra de Velázquez o fue realizada por un discípulo aventajado del maestro? ¿Se trata quizás de una copia de un original perdido o simplemente nos encontramos frente a una buena falsificación?

¿Vosotros qué opináis?

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Artemisa

20 octubre, 2008 | Autores, Pinturas | No hay comentarios


Rembrandt, Harmenszoon van Rijn
1634
Óleo sobre lienzo, 142 x 152 cm
Museo del Prado, Madrid

Procedente de sus propios fondos esta es una de las magníficas obras que El Prado exhibe en su recién inaugurada exposición sobre Rembrandt (me muero por ir).

En ella Rembrandt representa a su esposa Saskia caracterizada como Artemisa, la consorte del rey Mausolo de Caria. Muy enamorada de su marido, Artemisa cayó en una profunda pena tras su muerte. Para perpetuar su memoria ordenó construir un gran monumento en Halicarnaso que se convertiría en una de las 7 maravillas del mundo antiguo. Pero aquello no era suficiente para mitigar su dolor. Artemisa añoraba tanto tener a su marido a su lado que mezcló sus cenizas con vino en una copa y bebió su contenido. De esta forma lo llevaría siempre en su interior convirtiéndose ella misma en la tumba que albergaba los restos de su esposo.

Rembrandt nos muestra el momento en el que una doncella niña le ofrece a Artemisa la copa con el vino y las cenizas. Saskia posa serena y tranquila. El terrible dolor parece haber cesado o al menos ahora ya no es tan intenso. Como es habitual en el Rembrandt de este periodo los personajes aparecen vestidos a la moda holandesa de la época. Una suave atmósfera dorada inunda todo el lienzo transformando el momento en una escena mágica. En el fondo a la izquierda, casi confundiéndose con los colores neutros que conforman la penumbra, aparece una tercera figura, quizás una criada anciana. En cierto modo la composición recuerda levemente a obras como » El vendedor de agua» de Velázquez, en el que se representan las 3 edades del hombre y se repite el ofrecimiento de una copa, esta vez como símbolo del conocimiento. ¿Está Rembrandt aquí representando las 3 edades de la mujer?

Aunque Artemisa simboliza la devoción de la viuda a la memoria del marido, Saskia no sobreviría a Rembrandt. Hoy sabemos que muy probablemente se casaron por amor y que gozaron de una confortable situación económica. Pero no fueron felices. Juntos sufrieron la pérdida de tres hijos. Saskia, enferma de tuberculosis, murió poco después de dar a luz a Tito, único hijo de la pareja que llegaría a la edad adulta y que se convertiría en la gran ilusión de la vida del artista. La muerte de Tito a los 28 años sumió a Rembrandt en una terrible depresión de la que ya nunca se recuperaría y durante la que, sin embargo, el gran maestro ejecutaría algunas de sus mejores obras. La fuerza, el vigor y los colores vibrantes del último periodo de Rembrandt nos muestran a un anciano que ya no pinta para satisfacer a sus clientes sino que necesita ejercer su arte para expresar una profunda espiritualidad y misticisimo, alcanzar consuelo y encontrar la paz en lo profundo de su alma.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Tamara Lempicka

5 octubre, 2008 | Artistas femeninas, Autores, Pinturas | No hay comentarios


Joven de verde con guantes. 1929

Cuando Tamara Lempicka tenía 12 años su abuela la llevó con ella de viaje a Italia. Aquel viaje determinó el rumbo de su vida. Tamara se sintió fascinada por el arte de los pintores renacentistas y manieristas italianos. Mientras su abuela, una elegante dama de la alta aristocracia polaca, gastaba una fortuna en los casinos, Tamara recibía sus primeras clases de pintura.

Su pertenencia a una clase social alta le permitió siempre vivir rodeada de lujo, viajar continuamente y conocer a importantes personalidades del mundo del arte, del cine y la literatura que a menudo aparecen en sus retratos. En sus pinturas, la mayor parte dentro del movimiento Art decó, surgen las influencias de las ciudades donde ha vivido como Varsovia, Copenhage, París y Nueva York así como de los grandes maestros italianos que admiró en Italia.

Joven de verde con guantes es sin duda uno de sus retratos más famosos. 1929 será un año de grandes cambios para la artista ya que es entonces cuando Tamara se divorcia de su marido y conoce al barón Kuffner, un gran admirador de su obra, con el que se casa y se traslada a vivir a Nueva York abandonando París, la ciudad donde había empezado a pintar y exponer profesionalmente.

Los rasgos del rostro de la joven y el color y la forma del cabello recuerdan fácilmente a Simonetta Cattaneo, la modelo de Boticelli y las formas contundentes a la vez que etéreas aluden a la pincelada manierista de Bronzino. El tratamiento de los colores y las sombras sin embargo, está fuertemente influenciado por el Cubismo, movimiento con el que Tamara se había familiarizado durante sus años en París.

Lempicka plasmaba en su obra el lujo, la belleza y la sensualidad que la rodeaban. Sus figuras son siempre hermosas y fuertes al mismo tiempo que profundas y evanescentes. Contemplándolas contemplamos también, aunque sólo sea un poco, el mundo elegante y sofisticado de Tamara.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)