Mes: octubre 2013

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El violín del director de la orquesta del Titanic ha sido subastado alcanzando un precio de remate de 900.000 libras esterlinas, aproximadamente un millón de euros. 
Este precio no es de extrañar. Además de ser un trozo de historia, este violín es la prueba de una hermosa historia de amor que quedó dramática interrumpida. Y, por supuesto, es un testigo de los sueños, proyectos e ilusiones que se hundieron para siempre con el Titanic.
El violín que usó el director de la orquesta del Titanic, Wallace Hartley, para ayudar a tranquilizar a los pasajeros, mientras el enorme barco se hundía ha sido subastado por un millón de euros. El instrumento perteneció a Wallace Hartley, quien murió junto con otras 1.500 personas, cuando el barco naufragó en 1912. Fabricado en Alemania, que fue encontrado atado al cuerpo de Wallace después de que muriera en el siniestro, cuenta con todos los alicientes de un objeto de leyenda.
El organizador de la subasta asegura que el violín representa todo lo bueno de la naturaleza humana. La banda del Titanic tocó el himno Nearer, My God, To Thee para calmar los pasajeros que subían a los botes salvavidas, mientras el majestuoso Titanic se hundía bajo las aguas heladas, tras chocar con un iceberg.
El preciado violín cuenta con una inscripción en la parte posterior que revela que fue un regalo de su prometida Maria Robinson, con ocasión de la ceremonia de compromiso nupcial. El director de orquesta no se quiso separar del regalo que le había hecho su amada en 1910, cuando se comprometieron. La boda se iba a celebrar a su regreso.
El instrumento siempre se había dado por perdido, pero su hallazgo fortuito en el ático de una casa en 2006, fue recibido con alegría por los amantes de la historia del transatlántico Titanic en todo el mundo. Las pruebas posteriores realizadas al instrumento han demostrado que es auténtico.
La venta del violín se ha llevado a cabo en la puja organizada por la casa de subastas británica Henry Aldridge and Son, especializada en objetos de colección, y que ya ha sacado al mercado varios recuerdos del Titanic. A excepción de dos grandes grietas, causadas por la humedad, el instrumento y su estuche se encuentran en perfecto estado. La subastadora confiaba en que se adjudicara entre 235.000 euros y 350.000 euros, pero finalmente el precio de venta ha sido muy superior.
Fuente: El País
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Nuevo retrato de Napoleón
Atribuido a Jacqeus Louis David

Si hace unos días hablábamos de la próxima salida a subasta del testamento de Napoleón, esta semana le petit caporal (el pequeño cabo, como lo llamaban sus tropas),vuelve a ser noticia y es que, según el investigador Simon Lee, ha aparecido un nuevo retrato ejecutado por el genial artista francés del XIX Jacques Louis David, quien ya pintó a Napoleón en uno de sus retratos más famosos.

La obra fue adquirida en 2005 por un coleccionista privado por el precio de 18.000 euros. Una cifra, obviamente, ridícula si es cierto que finalmente se trata de una obra de David y que sin duda se disparará si sale a la venta.

No es el único tesoro recién descubierto. Hace apenas 15 días nos hacíamos eco de la aparición de una nueva obra de Constable, y este verano nos sorprendió la aparición de un nuevo Renoir y un Van Gogh.

¿Qué está pasando? ¿Por qué de repente están surgiendo tantas obras perdidas? En mi opinión se debe a todos los cambios sociales y tecnológicos a los que estamos asistiendo en los últimos años y que nos hacen cuestionarnos las cosas que antes dábamos por sentadas. Si hace unos años nadie cuestionaba que el viejo cuadro de la abuela era sólo eso, una obra sin valor, ahora nos estamos permitiendo mirar ese cuadro con nuevos ojos y comenzar a preguntarnos si realmente eso es así o no. Por otra parte, Internet permite hacer llegar las obras a expertos que nos pueden ayudar simplemente enviando unas fotografías, sin ni siquiera mover la obra en un principio.

En Tasartia cada vez son más los clientes que nos envían sus obras por Internet para que las analicemos y les digamos si tienen o no valor, y esta es sin duda una de las partes más bonitas de nuestro trabajo. Porque, aunque una obra ya tiene un valor por el mero hecho de haber pertenecido a un ser querido, es probable que sea más valiosa de lo que pensamos.

Os dejo con la noticia publicada en ABC.

Un retrato de Napoleón Bonaparte pintado por Jacques-Louis David ha sido identificado en Nueva York por Simon Lee, un investigador de la Universidad de Reading. La obra, que fue adquirida en 2005 por unos 18.000 euros por un coleccionista privado que se encargó de su limpieza y restauranción, fue considerada durante mucho tiempo una copia.

Al poco tiempo, Lee pidió al dueño ayuda para intentar autentificar la pintura. La pintura, que se creía perdida, muestra a Napoleón en 1813, en un momento especialmente delicado, ya que los Gran Bretaña y Prusia amenazaban con invadir Francia.
El retrato de Napoleón ahora identificado formó parte de la colección de la familia Borthwick-Norton, en un castillo en el sur de Escocia. Después la heredó Eva Sardinia Borthwick-Norton, quien cedió la obra a la Real Academia Escocesa.

Según Simon Lee a la BBC, «la presencia (de la pintura) en Escocia podría ser una evidencia más de la admiración por el emperador. Al ser retratado con uniforme de la Guardia Nacional, Napoleón se estaba promocionando como el protector y defensor de la nación en un momento en el que Francia estaba bajo una gran amenaza». Lee asegura, además, que «el cuadro buscaba fomentar el patriotismo, pero nunca llegó a un público más amplio, porque tras la invasión aliada quedó fuera de circulación».
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

La última pintura de Édouard Manet

4 octubre, 2013 | Pinturas | 2 comentarios

Édouard Manet
Un bar del Folies- Bérgere. 1882
Óleo sobre lienzo. 96 x 130 cm
Courtland Institute of Art Gallery. Londres.
Hoy he traído al blog una de mis pinturas favoritas: Bar del Folies-Bergère, la última obra pintada por el gran maestro Édouard Manet
En efecto, Manet la realizó cuando ya se encontraba muy enfermo. Para ello, mandó instalar una reproducción en su estudio del famoso local parisino. El Folies-Bergère era uno de los locales nocturnos más famosos del París del siglo XIX. Sus clientes podían tomar una copa, bailar y disfrutar de los sofisticados espectáculos de la época. Si nos fijamos bien, en el ángulo superior izquierdo del cuadro veremos los pies de una trapecista que se balancea en su columpio. Las bailarinas tenían fama de ser las mejores de París. Manet juega con nosotros en la composición del cuadro y nos ofrece una singular vista del ambiente del local a través del espejo en que se refleja la vida nocturna y despreocupada de sus contemporáneos. 
Y ahora fijémonos en ella. La joven a la que Manet le da absoluto protagonismo en el cuadro. Como vemos, es una de las camareras que cada noche atendían a los clientes del local. Las camareras del Folies eran famosas por su belleza y elegancia. Va bien vestida, pero con discreción. Si nos fijamos en su rostro, tiene una expresión de resignación, casi de tristeza, que contrasta con el ambiente festivo que se intuye tras ella, reflejado en el espejo. Manet nos la muestra «de espaldas» al mundo de los clientes del local, aunque al mismo tiempo ese mundo se yergue frente a ella. 

Pero, ¿por qué su tristeza y su melancolía? ¿por qué no participa de la alegría del lugar?
Probablemente la respuesta la tenemos en el mismo cuadro, Manet nos responde sutilmente, si sabemos mirar. Fijémonos en el extremo izquierdo del cuadro, donde se ve el reflejo de la joven en el espejo, y en el hombre con chistera, apenas esbozado, que se inclina hacia ella, mirándola fijamente.
Las camareras del Folie-Bergère, además de por su belleza y elegancia, eran conocidas en París por vender sus favores. El contraste de la belleza y la sofisticación con la sordidez de las debilidades del ser humano no podía pasar desapercibido para la mirada sagaz de Manet. Y así quedó reflejado en su última obra.
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Secretos tras el espejo

2 octubre, 2013 | antigüedades, Artes decorativas | 2 comentarios

Mesa-vestidor. 1760-1770
Francia
Si hoy la mayoría de nosotras suspiramos por un vestidor, durante los siglos XVIII y XIX, era la mesa-vestidor la estrella de todo dormitorio femenino cuya dueña se preciara de ir siempre perfecta.
Se trataba de un mueble mixto que, además de servir de escritorio, se utilizaba para guardar todo lo necesario para la complicada toilette de la época: tenacillas, adornos para el pelo, alfileres, joyas, maquillaje…
Algunos, como el que mostramos en la imagen, tenían cajones con llave para guardar los objetos más personales o la correspondencia privada. Otros compartimentos se reservaban para el material de escritura como botes de tinta y pinceles.Este, además de muy completo, era de gran calidad. El interior de los cajones estaba forrado en terciopelo verde y contaba con un espejo central que se podía cerrar para ser usado como escritorio y que se remataba en piel para tal uso. La elegancia de las líneas y los apliques en madera dorada hacían de él un mueble femenino y coqueto pero al mismo tiempo práctico y útil.
Con el tiempo, este tipo de muebles fue desapareciendo, dejando lugar a otro mucho más funcional pero menos romántico; la peinadora, que aún podemos encontrar fácilmente en el dormitorio de algunas de nuestras abuelas. 
Todas las antigüedades tienen una historia que contar. Pero esta mesa-vestidor estoy segura de que tiene varias. ¿Quiénes se reflejaron a ese espejo, intentando lucir lo más guapa posible ante una cita con el hombre de su vida? ¿Qué cartas se guardaron bajo llave en sus cajones? 
Sí, estoy segura de que este precioso mueble tendría muchas buenas historias que contarnos…
Feliz miércoles. 😉
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)