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La incógnita Fabergé

30 enero, 2014 | antigüedades, joyas, mercado | 4 comentarios

Entre 1883 y 1917 Peter Carl Fabergé, el joyero oficial de la Corte Imperial Rusa, uno de los más famosos e influyentes de su tiempo, realizó un total de 69 huevos de Pascua, conocidos como Huevos Fabergé, para el Zar, la aristocracia y la élite industrial y financiera. De ellos, se conservan 61.
¿Dónde están los ocho huevos restantes?

Se trata de una de las grandes incógnitas de la Historia del Arte sobre la que han corrido no pocos ríos de tinta y se han aventurado teorías varias. Lo cierto es que a día de hoy, los huevos desaparecidos, todos ellos pertenecientes a la llamada «categoría imperial» (fueron realizados para la familia del Zar) sigue siendo un enigma.

María Fiodorovna, para quien el zar Alejando III encargó el primer Huevo Fabergé
Pero empecemos por el principio. ¿Qué son los Huevos Fabergé?
Retrato de Peter Carl Fabergé en su taller
Para la Pascua de 1883, el zar Alejandro III, padre del último zar, Nicolás II, encargó a Fabergé un huevo de Pascua muy especial como regalo para su joven esposa, María Fiodorovna (nacida Dagmar de Dinamarca). Como todas las princesas que son enviadas lejos de su país y de su familia para ser casadas con un completo desconocido y reinar en un país en el que eran extranjeras, María añoraba su hogar y a sus padres y eso la hacía sentirse triste y melancólica. Este regalo probablemente fue un intento de alegrarla y, por lo que sabemos, lo consiguió. Consistía en un huevo con cáscara de platino que dentro contenía otro más pequeño de oro. Al abrir este segundo huevo dentro se encontraba una gallina de oro en miniatura que portaba la corona imperial rusa sobre su cabeza. Para realizarlo, el joyero se había inspirado en otro existente en la colección de la casa real danesa, recordando así al país natal y el hogar de la joven.
Primer Huevo Fabergé. Inspirado en otro similar perteneciente
a la casa real danesa.
De hecho, el huevo tuvo tanto éxito que el zar ordenó que cada año Fabergé realizara uno nuevo para la zarina, estipulando solamente que éste fuera único y que contuviera una sorpresa en su interior, quedando así instaurada una tradición que heredaría su hijo, Nicolás II. 
Para el diseño de los huevos imperiales, Fabergé se basaba en los diferentes estilos artísticos europeos, desde el Barroco al Modernismo (ya entrado el siglo XX) así como en piezas orientales que habían comenzado a ponerse de moda a partir del siglo XVIII a través del comercio vía Venecia y que pudo contemplar durante sus viajes por Europa.

Huevo de la tela de araña

Creó huevos para la conmemoración de acontecimientos especiales, como la coronación del zar Nicolás II, la finalización de la línea del tren Transiveriano o diversos aniversarios importantes. La sorpresa del interior era siempre mantenida en riguroso secreto, incluso para el mismo zar. El yate imperial Standart, el Palacio de Alejandro, el Palacio Gátchina o la Catedral Uspensky son algunos ejemplos de las miniaturas que contenían.

Huevo de la Coronación
Miniatura del yate imperial ruso
Huevo del Pamiat Azov
Las técnicas y materiales utilizados eran tan variadas como los mismos huevos. Fabergé se enorgullecía al afirmar que se realizaban únicamente con metales, minerales y piedras procedentes de la misma Rusia. Oro, platino, plata, cobre, níquel, paladio, etc, se combinaban con minerales como el jaspe, malaquita, rodonita, lapislázuli, etc. para conseguir diferentes colores para la «cáscara» del huevo, a la que posteriormente se añadían piedras preciosas y semipreciosas procedentes de las minas rusas. También las miniaturas contenían piedras preciosas. 
Huevo del Transiveriano
Los precios de todas estas piezas en el mercado son, obviamente, elevadísimos. A la calidad artística de las obras hay que sumar el coste de las piedras preciosas y el resto de materiales y, sobre todo, el altísimo valor histórico que suponen en sí mismas. Si añadimos la escasez (sólo contamos con 61 huevos localizados, la mayoría en museos que no van a desprenderse de ellos) y la gran demanda por parte de coleccionistas ansiosos por conseguir piezas tan exclusivas, nos salen cifras de vértigo. El conocido como Huevo Rothschild fue subastado en 2007 por Christie’s Londres con un precio de remate de 12,5 millones de euros y en 2002 el llamado Huevo de Invierno, realizado con más de 3.000 pequeños diamantes y cristales, fue vendido por  9,5 millones de dólares a un coleccionista de Qatar.

Huevo de Invierno, vendido por 9,5 millones de dólares en 2002
Los demás huevos no imperiales, encargados por personajes relevantes de la época, como Alfred Nobel, el Príncipe Yussupof, la Duquesa de Marlborough o la familia Rothschild han llegado perfectamente a nuestros días. Los huevos de la familia Romanov, sin embargo, han corrido otra suerte bien distinta.

Huevo «Pedro El Grande»
Fabergé realizó 52 huevos imperiales, 44 de los cuales están localizados aunque dos de ellos, el denominado «de la constelación del Zarevich» y el huevo de «abedul de Karelia», los últimos encargados en 1917, nunca fueron terminados ni entregados por el estallido de la Revolución Rusa y la ejecución de la familia Romanov. Los ocho restantes se encuentran actualmente perdidos. De cinco de ellos tenemos documentos gráficos pues aparecen en fotografías realizadas a la familia del zar. De los otros tres no tenemos más que los nombres con que aparecen en los contratos de encargo de la Casa Fabergé por lo que no sabemos cómo podían ser ni qué aspecto tenían.
¿Qué ha sido de estos ocho huevos Fabergé? ¿Fueron desmontados para hacer con ellos otras joyas? ¿Fueron destruidos para vender las piezas por separado? ¿Acabaron en el fondo de la bolsa de uno de los soldados que tomaron el Palacio de Invierno en 1917 y jamás han salido de ahí? 
¿O se encuentran ocultos en alguna caja de seguridad de un banco suizo esperando a que alguien considere que ha llegado el momento de que vuelvan a la luz?
Los Huevos Fabergé son el testimonio de un tiempo pasado, los testigos elocuentes de los excesos cometidos por una élite incapaz de reaccionar ante los cambios sociales que se estaban produciendo y ajena por completo al sufrimiento de su pueblo, que demandaba auxilio a gritos. Gritos que fueron silenciados a golpe de bayoneta y fuego a discreción, como en la masacre del denominado Domingo Sangriento, el 22 de enero de 1905, cuando las tropas del zar cargaron contra una masa de obreros desarmados (numerosas mujeres y niños entre ellos) que se habían dirigido al palacio a solicitar audiencia para exponer las condiciones de miseria en que vivían.

Una época que quizás, más de cien años después, no nos resulte tan ajena.
Pero, volviendo a nuestros huevos desaparecidos…¿Aparecerán algún día? ¿Qué habrá sido de ellos?

¿Qué pensáis?

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Las cartas postulaneas

29 enero, 2014 | antigüedades, mapas antiguos | No hay comentarios

Como sabéis muchos amigos que visitáis a menudo el blog, tengo una especial predilección por los mapas antiguos. Estos que traigo en esta ocasión son muy especiales: las cartas postulaneas, también conocidas como postulanos.

Se trata de cartas de navegación que comenzaron a desarrollarse a partir del siglo XIII, gracias al uso y generalización de la brújula y que continuaron utilizándose hasta muy entrada la Edad Moderna, aunque la mayoría de los que nos han llegado datan de los siglos XIV y XV.

Las cartas postulaneas incorporan una serie de elementos novedosos que fueron toda una revolución en su momento, como resultado de un conocimiento más avanzado del mundo y de las matemáticas, y que  más tarde heredarán las cartas de navegación moderna, llegando hasta nuestros mapas actuales, como el uso de retícula y la escala gráfica de tronco de agua.

La mayoría de ellos describían rutas comerciales, consideradas secreto de Estado, por lo que se trataban de documentos de gran valor, custodiados con gran diligencia, y cuyo robo o venta a otras potencias se consideraba delito de alta traición.

Actualmente existe una polémica de carácter historiográfico sobre si el origen de estas cartas es español o italiano. Lo que sí sabemos con total certeza es que lo más complejos, sofisticados y perfectos fueron los realizados por los maestros mallorquines. De hecho, desarrollaron un estilo y una técnica particulares que llegaron a exportarse a Italia. No en vano, cuando el infante Enrique el Navegante ve clara la necesidad de que los portugueses dominen este arte, contrata al judío mallorquín Jafuda Cresques, hijo de Abraham Cresques, quien realizó la obra cumbre de las cartas postulaneas, el llamado Mapamundi de Cresques, en 1375 y que actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional de París.

Las imágenes que podéis ver son de la Biblioteca Nacional, que posee una amplia colección de estas preciosas cartas.

Actualmente la mayoría de estas cartas se encuentran en museos y es muy difícil verlas en el mercado, lo que hace que el precio que pueden alcanzar en las raras ocasiones que salen a la venta sea muy elevado.

¿Tienes mapas antiguos y quieres saber su valor?  

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Nuevo libro: Peggy Guggenheim

20 enero, 2014 | Artículos | 1 comentario

Peggy Guggenheim

2014 ha llegado con sorpresa. Hace unas semanas me comunicaron que un artículo bastante extenso que escribí hace unos años para la Universidad de Alcalá de Henares dentro de su proyecto Liceus ha sido convertido en libro electrónico.

En él profundizo sobre la faceta de Peggy Guggenheim como coleccionista, arrancando desde su infancia como rica heredera de la «rama pobre» de la poderosa familia Guggenheim, y su temprana conexión con el mundo del Arte.

El personaje, sobra decirlo, es fascinante y su relevancia fundamental para entender el arte actual. Sin ella, muy posiblemente al Expresionismo Abstracto Americano no se habría desarrollado hasta convertirse en una de las corrientes más influyentes hasta nuestros días.

Si os interesa el tema podéis descargarlo en La Casa de libro por 0,96 céntimos. Además del texto contiene numerosas imágenes de la esfera profesional y personal de Peggy.

Si os hacéis con él, me encantará conocer vuestra opinión.

¡Gracias!

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

La lectora

10 enero, 2014 | Artistas, Pinturas | No hay comentarios

Robert James Gordon (British painter) 1845 – 1932
La lectora, ca. 1877
Óleo sobre lienzo
71.5 x 91.8 cm.
Art Gallery of New South Wales, Sydney, Australia


Robert James Gordon fue un artista inglés que se especializó en retratos de la clase media-alta inglesa y en escenas de la vida cotidiana del siglo XIX.
Me encanta como se aprecia el terciopelo del vestido, la seda del lazo a la cintura, el encaje del escote y las mangas…pero sobre todo, la sensación de despreocupación y relax que desprende la escena. Muy familiar, sin duda, para todas las lectoras que nos preciamos de serlo 😉

Feliz y relajado viernes.


Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)