Mes: mayo 2014

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Fuente: Revista Muy Interesante.

El Castillo de Bran, una fortaleza del siglo XIII cerca de Brasov en Transilvania, goza de gran popularidad debido a su relación con la novela El Conde Drácula de Bram Stoker, quien se inspiró en la ciudadela medieval para describir el hogar del mítico vampiro. Actualmente sus dueños, la casa real de Habsburgo, lo han puesto a la venta.

El famoso autor jamás visitó Rumania, sino que probablemente imaginó el castillo de Drácula basándose en imágenes y descripciones del Castillo de Bran. Narra la fortaleza del Conde de Transilvania como situada por encima de un valle, alzada sobre una roca arriba de un río. El Castillo de Bran es el único en todo el país que cumple estas características.

Para la creación del monstruoso Drácula, Stoker se inspiró en un sanguinario personaje histórico: Vlad III, Príncipe de Valaquia (actualmente Rumania), conocido como Vlad el Empalador. Nacido en 1431, fue un gran guerrero en contra del expansionismo otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa en el siglo XV. Tras integrarse a la Orden del Dragón, una orden militar cristiana de caballeros (generalmente nobles y príncipes), recibió el nombre Dracul («dragón»).

Curiosamente, el príncipe Vlad III Draculea no habitó el Castillo de Bran sino el Castillo de Poenari, hoy parcialmente en ruinas. Más allá de su vínculo con el personaje ficticio, el Castillo de Bran es un monumento nacional y una gran atracción turística debido a su antigüedad y asombrosa arquitectura. El gobierno de Rumania ha puesto una oferta de 80 millones de dólares en la legendaria construcción.

¿Quieres ver el Castillo de Drácula por dentro? Puedes hacerlo con este vídeo:

 

 

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Ushebti es un término egipcio que significa «los que responden» y son pequeñas estatuas que en el Antiguo Egipto se depositaban en la tumba del difunto. La mayoría estaban hechas de fayenza, madera o piedra aunque los más valiosos estaban tallados en lapislázuli. Su cometido en la religión y mitología egipcia era servirle al difunto en el Aaru (el Paraíso de la mitología egipcia), ya que los egipcios pensaban que estas estatuillas trabajarían para ellos en la otra vida.

Su nombre varió a medida que la lengua egipcia fue evolucionando. Se denominaron shabtis durante el Imperio Medio, shauabtis en el Imperio Nuevo y ushebtis a partir del Periodo tardío de Egipto.

Los ejemplares más antiguos proceden de la tumba de Gua en Bersha, que vivió durante el Imperio Medio.

Generalmente eran figuras momiformes, a imagen del difunto, portando una azada y, a veces, un saco a la espalda. En el Imperio Medio llevaban inscrito el ensalmo 472 de los Textos de los Sarcófagos; durante el Imperio Nuevo, en la parte delantera tenían escrito el capítulo VI del Libro de los Muertos que, recitándolo, «les dotaba de vida» y así podían trabajar en lugar del difunto.

El número de ushebtis depositados en las tumbas varió según la época e importancia del personaje. Algunos enterramientos del Imperio Nuevo poseían 365 ushebtis, o más, correspondientes a cada día del año; se encontraron más de cuatrocientos en la tumba del faraón Tutanjamón (Tutankamon), en la de Sethy I más de setecientos, y en la de Taharqo más de un millar.

Los precedentes de estas estatuillas se encuentran en las primitivas prácticas de ejecuciones rituales. Durante la dinastía I, el faraón Dyer fue inhumado junto a su esposa, y en las inmediaciones se hallaron más de trescientos sirvientes. Al finalizar la dinastía II, los sacrificios rituales fueron reemplazados por simbólicas reproducciones grabadas en los muros de las tumbas, estatuillas de portadores de ofrendas y sirvientes representando diversos oficios. A partir del Imperio Medio se impone el empleo de ushebtis.

Son relativamente fáciles de encontrar. Se encuentran en numerosos museos como el British Museu, el Louvre, el Museo Egipcio de Berlín, el Met de Nueva York, etc. También, a menudo, salen a la venta en casas de antigüedades o de subastas.

 

Las joyas modernistas de Lluis Masriera

20 mayo, 2014 | mercados | 1 comentario

Imágenes: joyería modernista y art noveau de Lluis Masriera

Si pensamos en joyería modernista probablemente estaremos pensando en el genial Rene Lalique y sus bellísimas creaciones.

Pero no fue el único joyero que destacó en este estilo. En España tuvimos nuestro propio René Lalique. Su nombre: Lluis Masriera. 

Perteneciente a una de las sagas artísticas más fecundas e importantes de la Barcelona del siglo XIX, Lluís fue un personaje polifacético (pintor, dramaturgo, coleccionista e incluso editó su propia revista). Hoy día, sin embargo, es recordado sobre todo como orfebre, por la revolución que desencadenó en la joyería modernista catalana. Su despegue tuvo lugar en 1901: las piezas que expuso entonces causaron furor, gracias a las deslumbrantes novedades que allí se ofrecían, ya que por un lado se daba una renovación a nivel material y técnico, pero por otro insufló aire nuevo en el repertorio temático, en sintonía con el Simbolismo: libélulas, dragones, serpientes, etc., pero también la mujer.

Efectivamente, el gran tema de sus joyas fue la figura femenina, que al principio mostró de cuerpo entero, sosteniendo una perla a manera de lágrima, como si fueran hadas o ninfas; pero posteriormente se centró en el busto femenino de perfil, que recordaba a los retratos de damas del Renacimiento, ataviado con cofia, túnica y pedrería, y enmarcado en una estructura circular. De hecho, este colgante llegó a ser el símbolo de la casa, por su singularidad, sin parangón en la escuela francesa.

El valor económico de estas obras no es bajo. Al valor de las piedras preciosas hay que sumar el valor artístico y el histórico y, por supuesto, la alta demanda de estas escasas piezas.

¿Crees que puedes tener una joya de Luis Masriera en casa? ¿Quieres conocer su precio en el mercado?

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  • La obra, ‘Ciprés, cielo y campo’, fue pintado en 1889 y su rastro se perdió hace 40 años

El lienzo de Van Gogh 'Ciprés, cielo y campo'.

El lienzo de Van Gogh ‘Ciprés, cielo y campo’. Fuente: EL MUNDO

La Agencia Tributaria ha descubierto durante la apertura de una caja de seguridad embargada a un defraudador al Fisco una obra de incalculable valor del pintor holandés Vincent van Gogh, de la que se había perdido el rastro en el Kunsthistorisches Institut de Vienahace cerca de 40 años. Se trataría de Ciprés, cielo y campo y está fechada en 1889.

El cuadro se pintó probablemente durante la estancia del loco del pelo rojo en el manicomio francés de Saint Rémy de Provence -meses después de que se hubiese mutilado el lóbulo de la oreja izquierda tras un incidente con Gauguin-, donde compuso numerosos paisajes con ciprés, entre ellos el célebre de La noche estrellada.

La Hacienda Pública anunció el pasado mes de octubre una operación que contemplaba el decomiso de 542 cajas de seguridad en 270 sucursales bancarias de las que eran titulares 551 contribuyentes -entre personas físicas y jurídicas- que suman deudas por valor total de 319 millones de euros en fase de embargo.

A principios de diciembre, durante la apertura de una de ellas en presencia del deudor, los funcionarios de la Agencia Tributaria encontraron un lienzo sin enmarcar en el que se representa al óleo un árbol a la luz del atardecer con las pinceladas ondulantes de colores vivos características del genio de Zundert. Ante su sorpresa, el titular de la caja lo reconoció en ese mismo acto como la obra Ciprés, cielo y campo, original de Vincent van Gogh, de la que dijo que pertenece a un millonario extranjero del que él sería un mero depositario desde que el cuadro fue traído a España en 2010, según el relato que hicieron a este diario fuentes cercanas a la investigación.

Efectivamente, además de la firma en trazos trémulos genuina del pintor enloquecido, en el reverso del pequeño panel de 35 centímetros de alto por 32 de ancho figuran tres sellos que daban credibilidad a esa confesión. El más antiguo, lacrado en rojo, correspondiente alRijksmuseum y datado el 8 de abril de 1944, durante la ocupación de la Alemania nazi; el siguiente, del Museum der Schöne Künste(Museo de Bellas Artes) de Berlín, sin fecha, y el más reciente, delKunsthistorisches Institut der Universität Wien (Instituto de Historia del Arte de la Universidad de Viena), registrado el 10 de abril de 1974.

Autenticidad verificada

Dos peritos certificaron para la Agencia Tributaria este mes de abril la más que probable autenticidad de la pintura. Entre otros motivos, comprobaron que el lacrado del Rijksmuseum de Amsterdam es exacto en el color, el contenido y el material al que se usaba durante el nazismo en esa pinacoteca holandesa, de la que años más tarde se separó la colección Van Gogh. No obstante, la resolución final la llevarán a cabo las autoridades del Ministerio de Cultura o, en su caso, de la Dirección General de Patrimonio del Estado.

El hallazgo en una operación de esta naturaleza es insólito. Es relativamente habitual, en cambio, que se acepten obras de arte que pasan a integrar el patrimonio público como pago voluntario de deudas con la Agencia Tributaria. En una respuesta parlamentaria recogida en 2012 por Europa Press, el Gobierno hacía inventario de las piezas recibidas en ese concepto desde cinco años antes, y contabilizaba tres picassos, dos mirós y un madrazo, entre otras muchas, además de objetos singulares como 15 trajes de luces y de rejoneador o diseños de los principales modistas españoles, comoJesús del Pozo o Ágatha Ruiz de la Prada. Hacienda regula un procedimiento específico para estos casos en el que impone un informe favorable del Ministerio de Cultura.

Según datos de Hacienda, de las 542 cajas de seguridad contra las que estaba previsto inicialmente que se trabase embargo, se ha procedido al decomiso efectivo de 357, de las cuales se habían abierto físicamente 154 hasta marzo. En el proceso, la Agencia Tributaria ha conseguido ingresar dos millones de euros, procedentes de los billetes que se encontraban en su interior y de los contribuyentes que se han personado para pagar la deuda con Hacienda para evitar la apertura de su caja de seguridad.

También se han encontrado joyas en 17 de las cajas y algún otro objeto con valor artístico. Todavía queda pendiente la apertura de 106 cajas que necesitan la autorización judicial tras la negativa del titular. Hay 10 en las que la Agencia Tributaria ya dispone de autorización judicial y otras 87 en las que se espera a la localización del defraudador, que se encontraría prófugo de las autoridades de Hacienda.

El resto no ha podido ser abierto debido a que el deudor no era titular, sino que sólo aparecía como autorizado, o a que el contrato hábil ya se había cancelado.

¿Cuánto vale una Máquina Enigma?

7 mayo, 2014 | mercado | No hay comentarios

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Soldados alemanes utilizando una Máquina Enigma

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Hace unas semanas un cliente nos llegó con una de esas maravillosas sorpresas que a veces nos encontramos en Tasartia: una Máquina Enigma que, además, funcionaba perfectamente. Para todos los profesionales que trabajamos con la Historia, este tipo de objetos que han colaborado a construirla, suponen todo un reto y a la vez, una maravillosa recompensa. ¿Y qué es una máquina Enigma? Pues si tuviéramos que definir la Segunda Guerra Mundial en diez objetos la Máquina Enigma sería sin duda uno de ellos. En 1912 el ingeniero alemán  Arthur Scherbius y su amigo Richard Ritter fundaron una empresa de ingeniería y crearon la Máquina Enigma con la finalidad de venderla a las empresas para evitar el espionaje industrial. La máquina iba en una caja de dimensiones 34cm x 28cm x 15cm, pesaba unos 12 kg y servía para enviar mensajes cifrados basándose en el sistema de Vigenère que, básicamente, sustituía unas letras por otras. Sin embargo, pocas empresas se mostraron interesadas y la empresa estuvo a punto de cerrar sus puertas. Sin embargo, en 1923, el Ejército Alemán descubrió que durante la Primera Guerra Mundial sus sistemas de codificación habían sido descifrados con lo que, no dudó en hacer un encargo de 30.000 de estas nuevas máquinas, en apariencia inexpugnables. Durante años, los alemanes la usaron para comunicarse sin que los aliados pudieran descifrar los códigos hasta que finalmente el matemático y padre de la informática moderna, Alan Turing, consiguió «romper» los sistemas de codificación. Con ello, los aliados pudieron por fin adelantarse a los movimientos alemanes y ganar posiciones en una guerra que, hasta entonces, les era claramente desfavorable. Y bien, ¿cuánto vale una máquina Enigma? Pues depende. En primer lugar, de su estado de conservación y de si ésta sigue funcionando. La de nuestro cliente estaba en perfecto estado y funcionaba como el primer día, lo que aumentaba su valor. También tenemos que tener en cuenta la peculiaridad de cada una. Aunque todas son iguales pues se construían en serie, cada una tiene su propia historia que contar. Las que fueron utilizadas por Franco durante la Guerra Civil Española, por ejemplo, unas 70 en total, son muy especiales ya que su existencia se mantuvo en secreto hasta 2008 y fueron usadas a modo experimental por los nazis. Lógicamente cuanto más peculiar sea nuestra máquina, mayor será su valor. Si queremos venderla, es importante dirigirnos a los foros adecuados, donde encontraremos profesionales o aficionados a la Historia que sepan comprender su belleza y su verdadero valor. No en vano, estamos poniéndole precio a un pequeño trozo de la Historia. ¿Tienes una Máquina Enigma y te gustaría saber su valor? ¿Quieres comprar una?  Contacta con nosotros.