5 razones para no comprar obras de arte, antigüedades ni coleccionables en Internet

Anteriormente en el blog hemos visto por qué no es conveniente vender obras de arte en Internet. En esta nueva entrada vamos a posicionarnos del lado del comprador y vamos a analizar por qué tampoco es una buena idea adquirir este tipo de piezas online.

Aclararemos en primer lugar que nos referimos únicamente a la compra a través de plataformas intermediarias, en ningún caso a las casas de subastas tradicionales, galerías o artistas que venden directamente a través de su propio canal online.

Veamos estas razones una a una.

1. No sabes lo que estás comprando

Tan simple como eso. Nada te garantiza que la obra, antigüedad o joya que estás viendo en la foto y por la que vas a pagar una bonita cantidad de dinero sea lo que vas a recibir. Una incidencia frecuente en este tipo de plataformas es que el objeto enviado no se corresponde con la descripción ni con las fotografías, de forma que el comprador se lleva una gran decepción cuando lo recibe en casa.

Por ejemplo, a menudo se describen como “litografías” obras que son meros “off – sets” y se ofrecen a cientos de euros como originales reproducciones que no soportarían un sencillo examen con lupa.

2. No puedes desistir de la compra

Enlazando con el motivo anterior, si estás descontento con la compra, tendrás que conformarte con ella. En realidad, esto no debería ser así, ya que existe una directriz europea que se aplica en todos los Estados miembros de la Unión Europea y que en España se concretó en la Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio electrónico. Dicha directiva establece claramente que el comprador dispone de 14 días naturales para desistir de una compra realizada a través de Internet a contar desde que recibe el objeto, sin necesidad de alegar motivo alguno.

Sin embargo, dicha directiva no menciona expresamente a las plataformas intermediarias online, de forma que estas empresas se aprovechan de este vacío legal para incumplir esta exigencia impunemente. Así que si quieres devolver el objeto, te “invitarán” a que contactes con el vendedor y llegues a un acuerdo con él.

Ahora bien, el vendedor sólo está obligado a aceptar la devolución si está registrado en la plataforma como vendedor profesional (otra cosa es que lo haga). Si es un vendedor particular podrá negarse abiertamente sin incumplir ninguna ley.

La experiencia me ha enseñado que una vez que el vendedor ha recibido su dinero y la plataforma sus comisiones (tanto la del vendedor como la del comprador), las quejas del comprador final son, sencillamente, ignoradas.

Te resta, eso sí, el derecho a pataleta y a valorar negativamente al vendedor, pero te quedas con el objeto que has comprado, aunque no sea lo que te decían que era. Y sin tu dinero.

De todas formas, si éste es tu caso y te apetece no quedarte con los brazos cruzados ante tal injusticia, aquí tienes los pasos a seguir para interponer una denuncia. 

Si lo que has comprado es una falsificación, el vendedor puede estar incurriendo en un posible delito de estafa y en tal caso, se abre la vía penal.

Pero, ¿realmente quieres arriesgarte a pasar por todo esto?

3. No tienes ninguna garantía de autenticidad, antigüedad ni procedencia

Mientras que en los canales tradicionales, cuentas con la garantía del profesional que arriesga su prestigio y su nombre en cada venta (y que está obligado a aceptar devoluciones), en estas plataformas compras a ciegas, basándote en las meras descripciones del propio vendedor.

Incluso en las plataformas que dicen contar con expertos, no todos ellos poseen el conocimiento y experiencia necesarios para poder valorar, datar o, simplemente, detectar una falsificación a través de fotografías.

La procedencia es un asunto especialmente peliagudo con importantes implicaciones legales. Como compradores, debemos exigir todas las garantías de que la obra tiene una procedencia legítima y no ha sido obtenida ilegalmente. De otra forma, podemos acarrearnos no pocos problemas en el futuro.

Sé especialmente exigente con: piezas arqueológicas (certificado de procedencia de origen y licencias de exportación expedidas por el país de origen), joyas (las piedras preciosas deberían ir acompañadas de un certificado gemológico expedido por un laboratorio de reconocido prestigio y precintadas en una bolsa de dicho laboratorio. Aunque esto rara vez se cumple) y obras de artistas con numerosas falsificaciones en el mercado como Warhol, Keith Haring, Miró o Chagall, por nombrar algunos.

4. Cuidado con los “costes ocultos”

Para atraer al mayor número de compradores posibles, estas plataformas fuerzan al vendedor a vender por debajo de los precios de mercado (como comentábamos en esta otra entrada). Así que cuando visitas estas webs verás precios muy atractivos que te incitarán a comprar. Ahora bien, antes de hacerlo, asegúrate de que conoces todos los gastos que deberás sumar al precio del objeto. Estos gastos son variables según cada plataforma, pero he aquí los más comunes:

  1. Comisión del comprador. Suele estar entre un 4% y un 10%.
  2. Costes de transporte.
  3. Impuestos.
  4. Aduanas. Si el vendedor está fuera de la UE es posible que haya que tengas que pagar también las tasas de aduanas (esto depende del país de origen de la venta).

Teniendo todos estos costes adicionales en cuenta, vuelve a sopesar si el objeto que has visto es realmente tan “barato” como te había parecido anteriormente. Suma, además, el riesgo que implica que se trate de una falsificación, un objeto de procedencia ilegal o que se destroce durante el transporte.

5. Adiós, dinero

Además de todos los riesgos que asumes, tienes que pagar  por adelantado un objeto que aún no has visto y de cuya autenticidad y calidad no tienes ninguna garantía. Este único motivo es para mí un  “no – go” insalvable. Todas las compras por Internet se pagan por adelantado, pero siempre tienes la confianza en que si el objeto adquirido no te interesa, tienes 14 días para devolverlo, sin más. Aquí, sin embargo, estás entregando tu dinero a cambio de una promesa indefinida y lo estás haciendo bajo un horizonte lleno de nubarrones…

Conclusión

Estas plataformas son excelentes para descubrir profesionales con quienes puedes contactar directamente, contando así con todas las garantías que te ofrecen y sin tener que pagar comisiones adicionales. Muchos, además, tienen su propia tienda online, como es el caso de la mayoría de las casas de subastas.

Pero pagar el mismo precio final que puedes conseguir en cualquier galería, tienda de antigüedades o casa de subastas tradicional, a cambio de ningún servicio adicional real  no es, a todas luces, una opción inteligente.

 

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