Artemisa

20 octubre, 2008 | Autores, Pinturas | No hay comentarios


Rembrandt, Harmenszoon van Rijn
1634
Óleo sobre lienzo, 142 x 152 cm
Museo del Prado, Madrid

Procedente de sus propios fondos esta es una de las magníficas obras que El Prado exhibe en su recién inaugurada exposición sobre Rembrandt (me muero por ir).

En ella Rembrandt representa a su esposa Saskia caracterizada como Artemisa, la consorte del rey Mausolo de Caria. Muy enamorada de su marido, Artemisa cayó en una profunda pena tras su muerte. Para perpetuar su memoria ordenó construir un gran monumento en Halicarnaso que se convertiría en una de las 7 maravillas del mundo antiguo. Pero aquello no era suficiente para mitigar su dolor. Artemisa añoraba tanto tener a su marido a su lado que mezcló sus cenizas con vino en una copa y bebió su contenido. De esta forma lo llevaría siempre en su interior convirtiéndose ella misma en la tumba que albergaba los restos de su esposo.

Rembrandt nos muestra el momento en el que una doncella niña le ofrece a Artemisa la copa con el vino y las cenizas. Saskia posa serena y tranquila. El terrible dolor parece haber cesado o al menos ahora ya no es tan intenso. Como es habitual en el Rembrandt de este periodo los personajes aparecen vestidos a la moda holandesa de la época. Una suave atmósfera dorada inunda todo el lienzo transformando el momento en una escena mágica. En el fondo a la izquierda, casi confundiéndose con los colores neutros que conforman la penumbra, aparece una tercera figura, quizás una criada anciana. En cierto modo la composición recuerda levemente a obras como » El vendedor de agua» de Velázquez, en el que se representan las 3 edades del hombre y se repite el ofrecimiento de una copa, esta vez como símbolo del conocimiento. ¿Está Rembrandt aquí representando las 3 edades de la mujer?

Aunque Artemisa simboliza la devoción de la viuda a la memoria del marido, Saskia no sobreviría a Rembrandt. Hoy sabemos que muy probablemente se casaron por amor y que gozaron de una confortable situación económica. Pero no fueron felices. Juntos sufrieron la pérdida de tres hijos. Saskia, enferma de tuberculosis, murió poco después de dar a luz a Tito, único hijo de la pareja que llegaría a la edad adulta y que se convertiría en la gran ilusión de la vida del artista. La muerte de Tito a los 28 años sumió a Rembrandt en una terrible depresión de la que ya nunca se recuperaría y durante la que, sin embargo, el gran maestro ejecutaría algunas de sus mejores obras. La fuerza, el vigor y los colores vibrantes del último periodo de Rembrandt nos muestran a un anciano que ya no pinta para satisfacer a sus clientes sino que necesita ejercer su arte para expresar una profunda espiritualidad y misticisimo, alcanzar consuelo y encontrar la paz en lo profundo de su alma.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

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