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Subasta de arte y antigüedades: Cómo comprar y preguntas frecuentes

Cómo comprar en una subasta de arte y antigüedades.

Una de las mejores cosas de trabajar en una casa de subastas es que todo el mundo siente curiosidad. Especialmente cuando conoces a alguien nuevo que no pertenezca al mundillo del mercado del arte, decir que trabajas en una casa de subastas es una manera estupenda de romper el hielo e iniciar una conversación. Inmediatamente surgen preguntas como: ¿Y qué haces exactamente? ¿Y todo el mundo puede pujar? O mi favorita: ¿Es verdad que si estornudas tienes que comprar lo que se esté subastando?

Como me encanta hablar de mi trabajo, disfruto contestando y normalmente la conversación sigue un derrotero ameno y divertido, pero este tipo de situaciones siempre me hace pensar en el gran desconocimiento del mundo de las subastas que sigue existiendo, incluso a día de hoy.

Por eso, en esta entrada voy a dar respuesta a algunas de las preguntas que más se repiten. Si te interesa descubrir cómo se vende en una casa de subastas (es decir, el otro lado de las subastas), puedes dejarme un comentario. Si llegamos a 30 peticiones, prometo una entrada sobre el tema la semana que viene. 

Espero que te sea útil y si tienes alguna pregunta, no dudes en dejarla en los comentarios o nuestro Facebook.

 

  1. ¿Cómo es asistir a una subasta?

Bueno, pues depende sobre todo de la casa a la que asistas. Si vas a una de las sedes en Nueva York o en Londres de una de las grandes casas internacionales, Christie’s o Sotheby’s, es un auténtico espectáculo. En las más importantes de la temporada se sirve Champagne, caviar y canapés y hay un ambiente festivo y desenfadado muy agradable. No obstante, aunque la puesta en escena pueda parecer casual, todo está cuidado al detalle y totalmente enfocado al objetivo final: la venta de las piezas al mayor precio posible. El “auctioneer”, la persona que dirige la subasta y se encarga de adjudicar las obras es siempre un profesional con muchos años de experiencia y se nota en cada movimiento y en cada gesto. Es el responsable de mantener el ritmo de forma que la subasta no se haga pesada (una subasta demasiado larga puede ser, y de hecho es, soporífera). Existe durante todo el tiempo de la subasta cierta emoción contenida y cuando se adjudica una pieza disputada es común aplaudir y felicitar al ganador (en nuestro argot las pujas “se ganan”) si es que se encuentra en la sala.

Acudir a una de estas subastas importantes en estas casas es realmente una experiencia inolvidable y lo aconsejo encarecidamente. Incluso aunque no vayas a pujar por nada, merece la pena porque es una oportunidad de aprender de los mejores y de conocer gente interesante.

Si asistes a una subasta en España, la experiencia, en comparación, es más, digamos… anodina. Aunque el “auctioneer” se esfuerce en dar un tono ameno y dinámico, el ritmo es totalmente diferente y no existe esa sensación de “emoción” que las  grandes casas anglosajonas han logrado a la perfección.

2. ¿Las obras están físicamente en la subasta?

Esto depende sobre todo de la casa de subastas. En algunas ocasiones las obras (lotes) están expuestas para que los asistentes puedan verlas, en otras, sólo se ven por fotografías en diapositivas. En las grandes casas suelen mostrarlas durante la puja. En todo caso, todas las casas suelen haber tenido las obras expuestas durante unos días antes para que puedan ser examinadas por los potenciales compradores. Como sabes, en Tasartia,  recomendamos no comprar jamás una obra que no se ha visto personalmente, por diferentes motivos, todos ellos de gran peso. Es mejor ir unos días antes de la subasta para ver las piezas tranquilamente y hacer todas las preguntas que nos puedan surgir de forma que cuando vayamos a pujar tengamos claro qué piezas queremos conseguir y cuál es el precio máximo que estamos dispuestos a pagar por ellas.

3. ¿Hay que pagar algo por ir a una subasta?

No hay que pagar nada por asistir a una subasta, pero sí es importante saber que hay que pagar una comisión por la compra, así como otros costes añadidos. Es decir, al precio de la puja ganadora deberás sumar la comisión de la casa de subastas (suele oscilar entre un 25% y un 5% según la casa), los impuestos y los gastos de transporte, en los casos en que proceda, así como otros posibles costes que pueda tener la casa.

Normalmente, al encontrarnos en el mercado secundario, los precios de salida y de estimación suelen ser muy atractivos. Es algo que en el mercado conocemos bien, cuanto más bajo es el precio de salida, más posibilidad hay de que los pujadores se enzarcen en una lucrativa lucha de pujas y que se alcance un precio de remate más elevado. Como comprador, debes tener en cuenta tu presupuesto máximo incluyendo la comisión de compra, el coste del transporte y cualquier otro posible gasto añadido que pueda tener la casa. El momento de visitar la exposición de las obras antes de la subasta es excelente para plantear todas estas dudas al personal  y no encontrarte con una desagradable sorpresa si te adjudican el lote.

4. ¿Si estornudo me adjudican la pieza?

Rotundamente no 🙂

Es más, para poder pujar deberás registrarte primero y dar todos tus datos de contacto, así como facilitar una cuenta bancaria o número de tarjeta. Si quiere hacer una puja levanta la mano de forma que el auctioneer te vea claramente y no tenga ninguna duda de tu intención.

No obstante, ten en cuenta que las pujas son vinculantes y que si levantas la mano te comprometes a pagar la cantidad en curso. Si la pieza se te adjudica no puedes echarte atrás, por eso jamás pujes sin estar completamente seguro o pensando que te van a superar y no tendrás que pagar (algo bastante tonto, pero que incomprensiblemente, pasa). Hasta que el auctioneer no formule su famoso: “A la de tres” y deje caer el martillo sobre la mesa, la obra no se habrá adjudicado y siempre se aceptarán nuevas pujas. Pero una vez ha caído el martillo no hay marcha atrás.

5. ¿Algún truco para hacerme con una ganga?

Hay varios. Pero uno muy sencillo: si te gusta un lote que no llegó a adjudicarse, pregunta por él al día siguiente de la subasta. Es muy posible que el vendedor esté dispuesto a negociar por debajo del precio de salida.

Si tienes alguna pregunta, puedes dejarla en los comentarios o seguirnos en Facebook.

Tasartia: Valoración de obras de arte y antigüedades y asesoramiento en compra venta.

 

 

Cómo saber si comprar (o no) una obra de arte o antigüedad

¿Tienes dudas sobre si comprar una obra de arte o antigüedad? Una pieza concreta te llama la atención, pero no sabes si es auténtica o si te están pidiendo demasiado por ella. No eres el único. Esta consulta es una de las más frecuentes que recibimos en Tasartia, de hecho muchos clientes contactan con nosotros por primera vez para que les orientemos sobre si comprar o no una pieza concreta.

A continuación, vamos a darte unas sencillas claves para ayudarte a tomar una decisión de la que no tengas que arrepentirte en un futuro:

1. Investiga a qué precios se venden obras similares

Si la obra pertenece a un autor conocido esta tarea es relativamente sencilla si sabes qué buscar. Bastará con que investigues en Internet precios de venta del artista en cuestión y compares con lo que te ofrecen. Ten en cuenta el formato, la época, el tamaño y la procedencia y las diferencias entre el mercado primario y el secundario.

Si es anónima, será más complicado y tendrás que atender a otros datos importantes como la autenticidad, la antigüedad, la calidad técnica, la belleza estética, la demanda actual de ese tipo de obras en el mercado, si la obra ha sido autentificada por algún experto y si existen certificados sobre la misma.

La verdad es que en el 99,9% de los casos que nos han consultado, los precios que se reclamaban eran realmente abusivos. En Tasartia les hemos informado de cuál sería el precio justo dentro de un margen razonable y el por qué del mismo para que de esta forma pudieran negociar en los casos en que estuvieran interesados en continuar con la compra de la pieza.

 

2.  Insiste en la procedencia de la obra

La mayoría de las veces en que nuestros clientes nos preguntan sobre si comprar una obra de arte, nos encontramos con que los vendedores no les han facilitado información sobre su procedencia, es decir, dónde y cuándo fue adquirida la obra. Cuando les decimos que vuelvan al comprador y les pregunten, éstos, casi siempre, les ponen todo tipo de excusas posibles para no responderles.

Si la obra es auténtica y ha sido adquirida legalmente (algo indispensable si más adelante quieres venderla), el vendedor estará encantado de proporcionarte todo su historial porque eso aumenta el valor de la pieza. Si te responde con evasivas o quiere hacerte creer que no te puede contar todo porque es confidencial (esto suele venir unido a que la pieza procede de una familia noble muy conocida, pero arruinada, uno de los argumentos más utilizados por embaucadores del arte), sal huyendo.

 

3. Analiza el contexto de la oferta

Hace un par de semanas un cliente nos contactó con una cabeza de Budah tailandesa del período Koitai. Se la ofrecían por “sólo” 100.000 euros y le proporcionaban información de obras similares vendidas en las grandes casas de subastas internacionales por…¡3 millones de euros! Toda una ganga, vamos. Aunque la pieza era interesante, no tenía nada que ver con las rematadas en esos precios. Ni la antigüedad, ni el estilo ni la procedencia eran ni siquiera comparables. De hecho, la valoración real de mercado de la escultura que le ofrecían estaba entre 2.000 y 3.000 euros, siendo una cantidad baja para que esas grandes casas de subastas ni siquiera la admitieran ya que tienen un mínimo de valoración por debajo del cual no aceptan piezas. ¡Y le pedían 100.000 euros!

Si te ofrecen algo así, lo primero es preguntarle a los vendedores por qué no la ofrecen ellos a las casas de subastas y la venden directamente. No tiene ningún sentido que si ellos pueden conseguir un beneficio de 3 millones de euros te la quieran vender a ti por “sólo” 100.000 euros. Claro que la cosa cambia si el valor real es de 3.000 euros.

Ahora bien, ten en cuenta que para justificar esto el vendedor tendrá montada una bonita historia que justificará perfectamente por qué él o ella no puede venderla directamente y se ve “obligado” a “malvender” semejante tesoro. Según la pericia del vendedor esta historia será más o menos creíble; y de hecho, la mayoría de las veces será muy, muy creíble, ya que te puedo asegurar que los clientes que nos consultan no son precisamente poco inteligentes y si han logrado sembrarles la sombra de la duda en una operación así es porque saben cómo convencerles.

Nuestra experiencia nos ha enseñado que si les planteas tus dudas, seguramente te darán un ultimátum: “O compras en dos días este super chollo que te ofrecemos como un favor o se lo venderemos a otro comprador que, además, quiere pagar mucho más que tú”.

Ante la más mínima duda siempre pide más información y no te dejes presionar. Invertir en una obra de arte requiere tiempo y seguridad, algo que todos los profesionales y coleccionistas experimentados damos por sentado.

 

4. Cuidado con las compras de arte y antigüedades en Internet

A veces, en las casas de subastas y plataformas online pueden ofrecer obras de arte y antigüedades a un precio realmente tentador. No obstante, es importante no dejarnos llevar por nuestros impulsos y analizar fríamente si realmente merece la pena pujar por la obra que nos interesa o es mejor dejarla pasar.

En primer lugar, ten en cuenta que al precio de puja ganador debes añadir la comisión de la casa más los gastos de transporte, por lo que es posible que te lleves una desagradable sorpresa final. Valora todos estos gastos, así como otros posibles costes ocultos, antes de darle al botón de pujar.

La mayoría de las casas de subastas y plataformas online trabajan exclusivamente con fotografías, lo que imposibilita al experto, en los casos en que hay alguno, poder inspeccionar la obra personalmente. He trabajado durante años en dos conocidas casas de subastas internacionales y sé que, aunque a veces la intención es la mejor, los expertos no siempre pueden autentificar una pieza a través de fotografías. Datos como la antigüedad de un lienzo o madera, la textura del óleo o de una porcelana o el estado de conservación de bastidores o de la pigmentación son altamente difíciles de apreciar, incluso con fotografías profesionales.

Por otra parte, existe la posibilidad de que la obra te llegue a casa dañada, así que antes de comprar verifica que realmente existe un seguro “clavo a clavo” y que éste te va a cubrir los daños, o que en su defecto, el vendedor se va a hacer responsable.

Pero sobre todo, pregúntate qué ocurre si se produce alguna incidencia, como que el vendedor te ha enviado una obra que no es la de la fotografía, que el estado de conservación es peor que el que aparecía en la web, que al examinarla en casa personalmente ves que no es auténtica, etc…. la casuística en estos casos es casi interminable y, desafortunadamente, muy frecuente. Así que, siempre, antes de pujar infórmate muy bien sobre si la plataforma va a solucionar estos problemas o si, una vez cobrada su comisión, se va a lavar las manos.

Si estás sopesando la compra de alguna obra de arte ten en cuenta estas pautas para tomar una decisión. Si tienes más preguntas, puedes contactar con nosotros. Realizamos consultoría personalizada sobre recomendaciones de compra, especificando el precio máximo que deberías pagar y despejando todas tus dudas sobre la autenticidad y antigüedad de la obra,  de forma que podemos ahorrarte mucho tiempo…¡y dinero!

¡Esperamos tu consulta en este correo: info@tasartia.com!

Living the Savvy Life


Portada de Living the Savvy Life: The Savvy Woman’s Guide to Smart Spending and Rich Living.

Hacía mucho tiempo que no llegaba a mis manos un libro cuya lectura me entusiasmara tanto como ha conseguido hacerlo Living the Savvy Life: The Savvy Woman’s Guide to Smart Spending and Rich Living escrito or Melissa Tosetti y Kevin Gibbons.

Supe de él a través de uno de mis blogs favoritos The Simply Luxururious Life y puesto que valoro en gran medida el criterio y el buen gusto de Shannon (su editora y fundadora) enseguida supe que el libro iba a merecer la pena y mucho. Y no me equivoqué.

Casi siempre que recomiendo un libro en este espacio suele estar relacionado con la Historia del Arte o con la Historia en general aunque ese no es el caso esta vez. Sin embargo Living the savvy life me ha parecido una guía tan inteligente y necesaria que no puedo dejar de compartirlo con vosotros.

Lo primero que me llamó la atención fue el enfoque del libro. Por primera vez un manual sobre gestión de finanzas personales orientado específicamente a la mujer. Eso me atrapó porque, sinceramente, nuestros hábitos de compra y nuestras necesidades no son exactamente los mismos que los de los hombres (vale, vale, tema polémico, lo sé….).

Living the savvy life está escrito con un lenguaje claro y directo y cuenta con numerosos ejemplos de mujeres que han decidido en algún momento que querían ganar más, obtener más rentabilidad de sus ahorros o, simplemente, comenzar a ahorrar. ¿Cómo lo hicieron? Eso es lo que nos cuentan sus autores.

A través de sus páginas Melissa Tosetti y Kevin Gibbons nos introducen a una serie de hábitos sorprendentemente sencillos para llevar el control de nuestros gastos y la gestión de la casa, optimizar nuestros ingresos y disfrutar al máximo de nuestro tiempo libre. Redecorar nuestro hogar, hacernos con un armario lleno de prendas que de verdad nos favorezcan y se ajusten a nuestro estilo y llevar una dieta sana y equilibrada (y por ende económica) son algunos de los objetivos que Living the savvy life se ha propuesto ayudarnos a alcanzar mejorando al mismo tiempo nuestra economía. Y es que vivir mejor y gastar menos no son conceptos tan contrarios como pudieran parecer a priori de hecho se pueden compenetrar perfectamente si sabes cómo y ésa es la idea central del libro

Como ejemplo cito algunos de los consejos que más me han gustado y que encontrarás entre sus páginas:

– Compra sólo cosas que te encanten. Sí, parece una tontería pero…¿cuántas veces has comprado prendas que se han quedado colgadas en el armario sin estrenar o muebles que has terminado cambiando porque no te gustaban? En este libro conocerás algunos trucos inteligentes para que no te vuelva a pasar.

– Mantén tu armario como una boutique. Que no entre nada que no te siente fenomenal y que no sea de muy buena calidad.

– Haz una lista con todo aquello que hayas decidido que necesitas o que te gustaría tener y llévala siempre contigo. De esta forma reducirás el riesgo de comprar cosas que realmente no te interesan.

– Lleva un Home management book (un libro de gestión de la casa) en el que anotes los gastos, los proyectos, el planning de limpieza, los regalos pendientes….

– Realiza un presupuesto y cíñete a él.

– Planifica las comidas y no compres provisiones sino ingredientes.

Además de ideas inteligentes y buenos consejos en Living the savvy life encontrarás un gran número de recursos como páginas webs y libros con los que seguir investigando para llevar una vida equilibrada tanto a nivel financiero como personal porque, aunque no nos guste admitirlo, el dinero tiene que ver, y mucho, en nuestro bienestar.

Así que recomiendo este libro encarecidamente a todas las mujeres (y a muchos hombres ;)) que quieran mejorar la gestión de sus finanzas y de su tiempo porque, aunque nos manejemos bien en estos campos, siempre, siempre, siempre hay nuevas cosas que aprender 😉

Puedes encontrar más información sobre el libro en la página web: http://www.thesavvylife.com/

N. Living the savvy life: The Savvy Woman’s Guide to Smart Spending and Rich Living está escrito en ingles pero el lenguaje es sencillo, directo y claro. Si tienes un nivel de inglés medio no creo que tengas problema para entenderlo fácilmente. Merece mucho la pena.

El Castillo de Drácula a la venta por 80 millones de dólares

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Fuente: Revista Muy Interesante.

El Castillo de Bran, una fortaleza del siglo XIII cerca de Brasov en Transilvania, goza de gran popularidad debido a su relación con la novela El Conde Drácula de Bram Stoker, quien se inspiró en la ciudadela medieval para describir el hogar del mítico vampiro. Actualmente sus dueños, la casa real de Habsburgo, lo han puesto a la venta.

El famoso autor jamás visitó Rumania, sino que probablemente imaginó el castillo de Drácula basándose en imágenes y descripciones del Castillo de Bran. Narra la fortaleza del Conde de Transilvania como situada por encima de un valle, alzada sobre una roca arriba de un río. El Castillo de Bran es el único en todo el país que cumple estas características.

Para la creación del monstruoso Drácula, Stoker se inspiró en un sanguinario personaje histórico: Vlad III, Príncipe de Valaquia (actualmente Rumania), conocido como Vlad el Empalador. Nacido en 1431, fue un gran guerrero en contra del expansionismo otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa en el siglo XV. Tras integrarse a la Orden del Dragón, una orden militar cristiana de caballeros (generalmente nobles y príncipes), recibió el nombre Dracul (“dragón”).

Curiosamente, el príncipe Vlad III Draculea no habitó el Castillo de Bran sino el Castillo de Poenari, hoy parcialmente en ruinas. Más allá de su vínculo con el personaje ficticio, el Castillo de Bran es un monumento nacional y una gran atracción turística debido a su antigüedad y asombrosa arquitectura. El gobierno de Rumania ha puesto una oferta de 80 millones de dólares en la legendaria construcción.

¿Quieres ver el Castillo de Drácula por dentro? Puedes hacerlo con este vídeo:

 

Ushebtis: los sirvientes del Más Allá en el Antiguo Egipto

 

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Ushebti es un término egipcio que significa «los que responden» y son pequeñas estatuas que en el Antiguo Egipto se depositaban en la tumba del difunto. La mayoría estaban hechas de fayenza, madera o piedra aunque los más valiosos estaban tallados en lapislázuli. Su cometido en la religión y mitología egipcia era servirle al difunto en el Aaru (el Paraíso de la mitología egipcia), ya que los egipcios pensaban que estas estatuillas trabajarían para ellos en la otra vida.

Su nombre varió a medida que la lengua egipcia fue evolucionando. Se denominaron shabtis durante el Imperio Medio, shauabtis en el Imperio Nuevo y ushebtis a partir del Periodo tardío de Egipto.

Los ejemplares más antiguos proceden de la tumba de Gua en Bersha, que vivió durante el Imperio Medio.

Generalmente eran figuras momiformes, a imagen del difunto, portando una azada y, a veces, un saco a la espalda. En el Imperio Medio llevaban inscrito el ensalmo 472 de los Textos de los Sarcófagos; durante el Imperio Nuevo, en la parte delantera tenían escrito el capítulo VI del Libro de los Muertos que, recitándolo, “les dotaba de vida” y así podían trabajar en lugar del difunto.

El número de ushebtis depositados en las tumbas varió según la época e importancia del personaje. Algunos enterramientos del Imperio Nuevo poseían 365 ushebtis, o más, correspondientes a cada día del año; se encontraron más de cuatrocientos en la tumba del faraón Tutanjamón (Tutankamon), en la de Sethy I más de setecientos, y en la de Taharqo más de un millar.

Los precedentes de estas estatuillas se encuentran en las primitivas prácticas de ejecuciones rituales. Durante la dinastía I, el faraón Dyer fue inhumado junto a su esposa, y en las inmediaciones se hallaron más de trescientos sirvientes. Al finalizar la dinastía II, los sacrificios rituales fueron reemplazados por simbólicas reproducciones grabadas en los muros de las tumbas, estatuillas de portadores de ofrendas y sirvientes representando diversos oficios. A partir del Imperio Medio se impone el empleo de ushebtis.

Son relativamente fáciles de encontrar. Se encuentran en numerosos museos como el British Museu, el Louvre, el Museo Egipcio de Berlín, el Met de Nueva York, etc. También, a menudo, salen a la venta en casas de antigüedades o de subastas.

 

Las joyas modernistas de Lluis Masriera

Imágenes: joyería modernista y art noveau de Lluis Masriera

Si pensamos en joyería modernista probablemente estaremos pensando en el genial Rene Lalique y sus bellísimas creaciones.

Pero no fue el único joyero que destacó en este estilo. En España tuvimos nuestro propio René Lalique. Su nombre: Lluis Masriera. 

Perteneciente a una de las sagas artísticas más fecundas e importantes de la Barcelona del siglo XIX, Lluís fue un personaje polifacético (pintor, dramaturgo, coleccionista e incluso editó su propia revista). Hoy día, sin embargo, es recordado sobre todo como orfebre, por la revolución que desencadenó en la joyería modernista catalana. Su despegue tuvo lugar en 1901: las piezas que expuso entonces causaron furor, gracias a las deslumbrantes novedades que allí se ofrecían, ya que por un lado se daba una renovación a nivel material y técnico, pero por otro insufló aire nuevo en el repertorio temático, en sintonía con el Simbolismo: libélulas, dragones, serpientes, etc., pero también la mujer.

Efectivamente, el gran tema de sus joyas fue la figura femenina, que al principio mostró de cuerpo entero, sosteniendo una perla a manera de lágrima, como si fueran hadas o ninfas; pero posteriormente se centró en el busto femenino de perfil, que recordaba a los retratos de damas del Renacimiento, ataviado con cofia, túnica y pedrería, y enmarcado en una estructura circular. De hecho, este colgante llegó a ser el símbolo de la casa, por su singularidad, sin parangón en la escuela francesa.

El valor económico de estas obras no es bajo. Al valor de las piedras preciosas hay que sumar el valor artístico y el histórico y, por supuesto, la alta demanda de estas escasas piezas.

¿Crees que puedes tener una joya de Luis Masriera en casa? ¿Quieres conocer su precio en el mercado?

Contacta con nosotros en Tasartia.

Hacienda descubre un nuevo "van gogh" en la caja de seguridad de un defraudador

  • La obra, ‘Ciprés, cielo y campo’, fue pintado en 1889 y su rastro se perdió hace 40 años

El lienzo de Van Gogh 'Ciprés, cielo y campo'.

El lienzo de Van Gogh ‘Ciprés, cielo y campo’. Fuente: EL MUNDO

La Agencia Tributaria ha descubierto durante la apertura de una caja de seguridad embargada a un defraudador al Fisco una obra de incalculable valor del pintor holandés Vincent van Gogh, de la que se había perdido el rastro en el Kunsthistorisches Institut de Vienahace cerca de 40 años. Se trataría de Ciprés, cielo y campo y está fechada en 1889.

El cuadro se pintó probablemente durante la estancia del loco del pelo rojo en el manicomio francés de Saint Rémy de Provence -meses después de que se hubiese mutilado el lóbulo de la oreja izquierda tras un incidente con Gauguin-, donde compuso numerosos paisajes con ciprés, entre ellos el célebre de La noche estrellada.

La Hacienda Pública anunció el pasado mes de octubre una operación que contemplaba el decomiso de 542 cajas de seguridad en 270 sucursales bancarias de las que eran titulares 551 contribuyentes -entre personas físicas y jurídicas- que suman deudas por valor total de 319 millones de euros en fase de embargo.

A principios de diciembre, durante la apertura de una de ellas en presencia del deudor, los funcionarios de la Agencia Tributaria encontraron un lienzo sin enmarcar en el que se representa al óleo un árbol a la luz del atardecer con las pinceladas ondulantes de colores vivos características del genio de Zundert. Ante su sorpresa, el titular de la caja lo reconoció en ese mismo acto como la obra Ciprés, cielo y campo, original de Vincent van Gogh, de la que dijo que pertenece a un millonario extranjero del que él sería un mero depositario desde que el cuadro fue traído a España en 2010, según el relato que hicieron a este diario fuentes cercanas a la investigación.

Efectivamente, además de la firma en trazos trémulos genuina del pintor enloquecido, en el reverso del pequeño panel de 35 centímetros de alto por 32 de ancho figuran tres sellos que daban credibilidad a esa confesión. El más antiguo, lacrado en rojo, correspondiente alRijksmuseum y datado el 8 de abril de 1944, durante la ocupación de la Alemania nazi; el siguiente, del Museum der Schöne Künste(Museo de Bellas Artes) de Berlín, sin fecha, y el más reciente, delKunsthistorisches Institut der Universität Wien (Instituto de Historia del Arte de la Universidad de Viena), registrado el 10 de abril de 1974.

Autenticidad verificada

Dos peritos certificaron para la Agencia Tributaria este mes de abril la más que probable autenticidad de la pintura. Entre otros motivos, comprobaron que el lacrado del Rijksmuseum de Amsterdam es exacto en el color, el contenido y el material al que se usaba durante el nazismo en esa pinacoteca holandesa, de la que años más tarde se separó la colección Van Gogh. No obstante, la resolución final la llevarán a cabo las autoridades del Ministerio de Cultura o, en su caso, de la Dirección General de Patrimonio del Estado.

El hallazgo en una operación de esta naturaleza es insólito. Es relativamente habitual, en cambio, que se acepten obras de arte que pasan a integrar el patrimonio público como pago voluntario de deudas con la Agencia Tributaria. En una respuesta parlamentaria recogida en 2012 por Europa Press, el Gobierno hacía inventario de las piezas recibidas en ese concepto desde cinco años antes, y contabilizaba tres picassos, dos mirós y un madrazo, entre otras muchas, además de objetos singulares como 15 trajes de luces y de rejoneador o diseños de los principales modistas españoles, comoJesús del Pozo o Ágatha Ruiz de la Prada. Hacienda regula un procedimiento específico para estos casos en el que impone un informe favorable del Ministerio de Cultura.

Según datos de Hacienda, de las 542 cajas de seguridad contra las que estaba previsto inicialmente que se trabase embargo, se ha procedido al decomiso efectivo de 357, de las cuales se habían abierto físicamente 154 hasta marzo. En el proceso, la Agencia Tributaria ha conseguido ingresar dos millones de euros, procedentes de los billetes que se encontraban en su interior y de los contribuyentes que se han personado para pagar la deuda con Hacienda para evitar la apertura de su caja de seguridad.

También se han encontrado joyas en 17 de las cajas y algún otro objeto con valor artístico. Todavía queda pendiente la apertura de 106 cajas que necesitan la autorización judicial tras la negativa del titular. Hay 10 en las que la Agencia Tributaria ya dispone de autorización judicial y otras 87 en las que se espera a la localización del defraudador, que se encontraría prófugo de las autoridades de Hacienda.

El resto no ha podido ser abierto debido a que el deudor no era titular, sino que sólo aparecía como autorizado, o a que el contrato hábil ya se había cancelado.

¿Cuánto vale una Máquina Enigma?

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Soldados alemanes utilizando una Máquina Enigma

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Hace unas semanas un cliente nos llegó con una de esas maravillosas sorpresas que a veces nos encontramos en Tasartia: una Máquina Enigma que, además, funcionaba perfectamente. Para todos los profesionales que trabajamos con la Historia, este tipo de objetos que han colaborado a construirla, suponen todo un reto y a la vez, una maravillosa recompensa. ¿Y qué es una máquina Enigma? Pues si tuviéramos que definir la Segunda Guerra Mundial en diez objetos la Máquina Enigma sería sin duda uno de ellos. En 1912 el ingeniero alemán  Arthur Scherbius y su amigo Richard Ritter fundaron una empresa de ingeniería y crearon la Máquina Enigma con la finalidad de venderla a las empresas para evitar el espionaje industrial. La máquina iba en una caja de dimensiones 34cm x 28cm x 15cm, pesaba unos 12 kg y servía para enviar mensajes cifrados basándose en el sistema de Vigenère que, básicamente, sustituía unas letras por otras. Sin embargo, pocas empresas se mostraron interesadas y la empresa estuvo a punto de cerrar sus puertas. Sin embargo, en 1923, el Ejército Alemán descubrió que durante la Primera Guerra Mundial sus sistemas de codificación habían sido descifrados con lo que, no dudó en hacer un encargo de 30.000 de estas nuevas máquinas, en apariencia inexpugnables. Durante años, los alemanes la usaron para comunicarse sin que los aliados pudieran descifrar los códigos hasta que finalmente el matemático y padre de la informática moderna, Alan Turing, consiguió “romper” los sistemas de codificación. Con ello, los aliados pudieron por fin adelantarse a los movimientos alemanes y ganar posiciones en una guerra que, hasta entonces, les era claramente desfavorable. Y bien, ¿cuánto vale una máquina Enigma? Pues depende. En primer lugar, de su estado de conservación y de si ésta sigue funcionando. La de nuestro cliente estaba en perfecto estado y funcionaba como el primer día, lo que aumentaba su valor. También tenemos que tener en cuenta la peculiaridad de cada una. Aunque todas son iguales pues se construían en serie, cada una tiene su propia historia que contar. Las que fueron utilizadas por Franco durante la Guerra Civil Española, por ejemplo, unas 70 en total, son muy especiales ya que su existencia se mantuvo en secreto hasta 2008 y fueron usadas a modo experimental por los nazis. Lógicamente cuanto más peculiar sea nuestra máquina, mayor será su valor. Si queremos venderla, es importante dirigirnos a los foros adecuados, donde encontraremos profesionales o aficionados a la Historia que sepan comprender su belleza y su verdadero valor. No en vano, estamos poniéndole precio a un pequeño trozo de la Historia. ¿Tienes una Máquina Enigma y te gustaría saber su valor? ¿Quieres comprar una?  Contacta con nosotros. 

Las muñecas de tres caras de Carl Bergner

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Hace unos días, una clienta nos hizo llegar para su tasación imágenes de una pieza muy especial: una preciosa muñeca de tres caras, pieza original del maestro juguetero alemán Carl Bergner.

Carl Bergner abrió a finales del siglo XIX un taller en Turingia en el que realizaba delicadas muñecas de porcelana y bisqué. Pronto, sus cuidados modelos, de una altísima calidad empezaron a tener éxito. Las muñecas de Bergner tenían rostros de líneas suaves y delicadas y, casi siempre eran rubias, de piel inmaculadamente blanca y de ojos azules o verdes, al estilo de las afortunadas niñas alemanas cuyos padres podían permitirse comprar una de estas pequeñas joyas. Iban vestidas con modelos a la moda de la época, realizados en tules, encajes y sedas e incluso se podía hacer por encargo para combinar con algún vestido de la futura propietaria. Pronto, el éxito se disparó y sus muñecas comenzaron a venderse en Londres, París y Nueva York en las tiendas más caras y selectas.

En 1904 Carl Bergner patentó un diseño que le haría famoso y que su nombre llegara a nuestros días: la famosa muñeca de tres caras. Se trataba de diseños cuyas cabezas tenían tres rostros diferentes (llorando, sonriendo y durmiendo) de modo que las niñas podían elegir qué cara ponerles, según el estado de ánimo del momento. La cabeza se giraba con un pequeño resorte, situado en la parte superior, que solía quedar oculto por el gorrito o sombrero que llevaba. Gorrito o sombrero imprescindible pues tenía otra función básica: ocultar las otras dos caras de la muñeca.

Aunque se patentó en 1904, sabemos que existieron modelos anteriores, algunos de ellos datan de finales de la década de 1890. Desde el primer momento gozaron de gran éxito y popularidad y, con seguridad, no eran pocas la niñas que soñaban con una de estas preciosas muñecas la víspera de Navidad. Su elevado precio hizo que pronto le salieran imitaciones mucho más baratas y de inferior calidad, algo que quizás no importara demasiado a las niñas a quienes les fueran regaladas.

Para saber que se trata de una muñeca de Bergner auténtica hay que comprobar que en el dorso aparezca el logotipo de su creador: las inicales C.B enmarcadas en un círculo. También debemos atender a los rasgos (siempre suaves, delicados y acordes al canon estético de la época) y a la calidad del bisqué, es decir, a la pasta con que se realizaba el rostro y las manos, que en el caso de las muñecas de Bergner eran lisas y con un acabado perfecto.

Para tasarlas es importante conocer la época en que fueron realizadas (se hicieron hasta bien entrados los años 30) y el estado de conservación de las mismas. Si vienen acompañadas por el vestido original y/o otros accesorios originales del taller como una cunita, un moisés, un monedero o “personaje” adicional (por ejemplo, se hicieron versiones al estilo de Caperucita Roja que iban acompañadas de un lobo) su rareza aumenta considerablemente, así como su precio. 

Aunque fueron muy populares en su momento, no son muchas las muñecas de tres caras que han llegado hasta nosotros. Quedan algunas, en familias en las que han ido pasando de madres a hijas, siempre como un importante tesoro a conservar. Actualmente, con el auge del coleccionismo de juguetes vintage, están teniendo un nuevo pequeño momento de gloria y no son pocos los aficionados que las buscan con afán en anticuarios, almonedas y salas de subastas.

Y es que, de alguna forma, estas preciosas muñecas siguen manteniendo la misma fascinación que ejercían sobre las niñas más de cien años atrás.

¿Tienes alguna muñeca de Carl Bergner y te gustaría saber su valor? ¿Eres coleccionista y te gustaría hacerte con una? Contacta con nosotros, en Tasartia ofrecemos ambos servicios.

N. Las imágenes han sido seleccionadas de Internet. Nunca publicamos fotografías de las obras de nuestros clientes a no ser que contemos con su aprobación expresa.

 

 

Aparece uno de los huevos Fabergé perdidos

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El huevo Fabergé encontrado por un chatarrero americano está valorado en 20 millones de euros.

Hace algunas semanas hablábamos sobre la incógnita de los huevos Fabergé desparecidos.

Pues bien, hoy parece haberse despejado el misterio sobre uno de ellos, el que el zar Alejandro III regaló a su esposa María Feodorovna en la Pascua de 1887.

Compartimos este interesante artículo.

Cuando un chatarrero del medio oeste de Estados Unidos compró un ornamento dorado en un mercado de baratijas, nunca pensó que era el propietario de un huevo Fabergé de 20 millones de dólares que perteneció a la corte imperial rusa.

En un misterio acorde con la tumultuosa historia de la ostentosa élite rusa, el huevo dorado de ocho centímetros de altura salió de San Petersburgo tras la Revolución Bolchevique de 1917 y luego desapareció durante décadas en Estados Unidos.

Un hombre no identificado de Estados Unidos lo encontró cuando buscaba gangas de oro y lo compró por 14.000 dólares, esperando ganar algo de dinero vendiéndolo para su fundición.

Pero nadie se lo compró al pensar que el precio del reloj y las gemas colocadas en su interior era excesivo. Desesperado, recurrió a Internet y entonces se dio cuenta de que podía tener el huevo que el zar Alejandro III regaló a su esposa, Maria Feodorovna, por Pascua en 1887.

Cuando el chatarrero se puso en contacto con la casa de antigüedades londinense Wartski, quedó conmocionado. «Se le quedó la boca seca del miedo, simplemente no podía hablar. Un hombre con vaqueros, zapatillas y una camiseta lisa me enseñó fotos de un huevo del periodo imperial. Sabía que era auténtico», dijo a Reuters Kieran McCarthy, director de la casa de antigüedades Wartski.

«Estaba totalmente fuera de si – no podía creer el tesoro que tenía», dijo McCarthy, que luego viajó a un pequeño pueblo en el medio oeste de EEUU para inspeccionar el huevo en la casa de su nuevo dueño. Wartski adquirió la pieza en nombre de un coleccionista privado. McCarthy dijo que no podía revelar la identidad del hombre que encontró la pieza, el precio de venta o el nombre del coleccionista, aunque indicó que éste último no es ruso.

Reuters no pudo verificar la historia sin tener las identidades de los implicados y cuando se le preguntó si quizá era un relato demasiado fantástico para ser realidad, McCarthy respondió: «Somos marchantes de antigüedades así que dudamos de todo pero esta historia es tan fantástica que no puedes inventártela – está más allá de la ficción y en la leyenda del comercio de antigüedades. No hay nada que se le parezca».

Fuente: ABC