Categoría: Ladrones de Arte

Home / Categoría: Ladrones de Arte

Three paintings seized by the Nazis are displayed at an official ceremony at the French Culture Ministry to announce their return to their rightful owners, in Paris
Tres pinturas que fueron confiscadas por los nazis a sus propietarios entre 1935 y 1943 han sido devueltas por Francia a sus legítimos propietarios. Las tres obras, que se pueden apreciar en la imagen son:
1. Paisaje montañoso, de Joos de Momper, expoliada en 1943 al barón Casel van Doorn.
2. Retrato de una mujer, atribuida a Louis Tocque y que se exponía en el Louvre, será devuelta a los herederos del marchante judío Jakob Oppenheimer.
3. Virgen con El Niño, de Lippo Memmi, robada por los nazis al banquero Richard Zopeckt en 1944.
Nos alegra esta iniciativa del Ministerio de Cultura francés aunque nos sorprende que todos los legítimos propietarios en este caso sean herederos con grandes fortunas y bastante influencia. Esperamos que devuelvan más obras expoliadas a personas que las reclaman y que cuentan con menos medios.
Desde aquí, animamos a Francia a devolver también las obras de arte que fueron expoliadas a España por el Mariscal Soult y compañía durante la Guerra de Independencia, entre las que se encuentran numerosos Murillos, Zurbarán, Valdés Leal, Goyas, etc. y que hoy se encuentran colgadas de museos franceses.
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Según el archivo de The Art Loss Register, existe un total de 350.000 obras de arte robadas en todo el mundo. No es una cifra ni mucho menos exacta ya que no todos los robos son denunciados o registrados en sus bases de datos. Si a eso le sumamos la gran cantidad de obras expoliadas por los nazis, las desaparecidas durante la Guerra Civil Española y los años del franquismo o todas las obras robadas impunemente durante los conflictos bélicos como los viles asaltos a los museos y yacimientos de Bagdad durante la guerra de Irak, la cifra es, simplemente, desorbitada.

Pero, ¿cuáles son, individualmente, las obras de arte robadas más caras de la Historia?

1. El concierto de Johannes Vermeer

La joya del botín del  considerado, y con razón, robo de arte más importante de la Historia. Actualmente está valorado en más de 200 millones de euros, lo que hace de él el cuadro desparecido más caro del mundo. Su paradero, como el del resto de pinturas robadas del Isabella Steward Gardner de Boston, sigue siendo un auténtico misterio. El hecho de que apenas existan 30 pinturas de Vermeer en todo el mundo que rara vez salen a la venta (¿Quién querría desprenderse de un Vermeer?) y su azarosa historia contribuyen a esta cifra de vértigo.

2. Amapolas de Vincent Van Gogh

Una pequeña pintura realizada en 1882 y actualmente valorada en 55 millones de euros. Fue robada en 2010 del museo Mamoud Khalil, en El Cairo. El lienzo fue cortado del marco, tal como hicieron en 1978 unos ladrones que la robaron usando esta misma táctica si bien esta primera vez la obra apareció dos años después en Kuwait.

3. La tormenta en el Mar de Galilea de Rembrandt

Una de mis obras favoritas, también robada del Isabella Steward Gardner y con una cifra estimada muy similar a la del Vermeer. Realizada en un momento decisivo de la vida del gran maestro holandés, su belleza y su importancia dentro de la Historia del Arte hablan por sí mismas del buen criterio de los ladrones o, más acertadamente, del instigador del robo.
¿Dónde se encontrarán ambas piezas? ¿Las tendrá el mismo «coleccionista»?

4. Natividad de Caravaggio.

Robada de una pequeña iglesia de Palermo en 1969, según los propios ladrones, fue destruida al arrancarla del marco. Según  miembros de la mafia italiana preside las reuniones de la cúpula de la organización. ¿Quíén dice la verdad?

4. El Stradivarius Davidoff-Morin

Valorado en más de 3’5 millones de euros, fue robado en 1995 del apartamento neoyorkino de Erica Morini, una cotizada concertista de violín, mientras ella agonizaba en un hospital, a los 91 años. Su padre, un profesor de música vienés, se lo había regalado a los 10 años y desde entonces nunca se había separado de él. Su familia decidió no contarle lo que había ocurrido y murió sin saber del robo. Jamás ha sido recuperado.

Erica Morini con su stradivarius hacia 1930

5. Vista del Mar de Scheveninge, de Van Gogh

Esta famosa pintura que refleja el mar de las costas holandesas durante una noche de tormenta y que fue pintada por el artista al aire libre (contenía granos de arena residuales) fue robada en 2002 del Museo Van Gogh, en Ámsterdam. Dos ladrones treparon por la pared del edificio hasta el tejado para luego irrumpir en las salas del museo. Junto a esta pintura también se llevaron «Congregación abandonando la Iglesia de Nuenen». Ambas están valoradas en más de 30 millones de euros. Dos hombres fueron condenados por el robo en 2003 pero las pinturas nunca han sido recuperadas.

6. Vista de Auver -sur- Oise de Paul Cézanne

El 31 de diciembre de 1999, cuando la mayor parte del mundo celebraba la llegada del año nuevo, y en pleno fervor del terror del efecto 2k, un intrépido ladrón logró colarse en el Ashmolean Museum de Oxford, y hacerse con esta maravillosa obra de Cézanne, valorada en 5 millones de euros. La obra no estaba fechada ni firmada por Cézanne, quien nunca la consideró finalizada.

7. Los murales Gertrude Vanderlbilt Whitney de Maxfield Parrish

Encargados por Gertrude Vanderbilt para el museo Whitney al artista en 1912, las dos pinturas están valoradas en 4 millones de euros. Los lienzos fueron cortados de los marcos durante un asalto a la galería donde se exponía, en California.

Todas estas obras se encuentran actualmente
perdidas y quizás nunca vuelvan a salir a la luz. Probablemente se encuentran ocultas en el gran salón de alguien con el suficiente dinero como para pagar un robo de estas características o las desorbitadas cifras que se mueven en el mercado negro.

¿Sabremos de ellas algún día?
¿Qué pensáis?

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

El director del Ermitage, Mijaíl Piotrovski ha anunciado que el museo acaba de concluir el marcado secreto de sus piezas, lo cual impedirá la salida de bienes robados al extranjero. La tecnología ha sido desarrollada y realizada por el ejército. El Ermitage se niega a revelar el secreto militar. Tratamos de averiguar en qué consiste este marcado secreto y cuál es su finalidad.

La historia comenzó en 2006 cuando los investigadores descubrieron que habían desaparecido piezas de la colección de joyas. La conservadora de arte Larisa Zavadskaya fue acusada a título póstumo, pues murió de tromboflebitis en su lugar de trabajo al inicio de la instrucción.

El valor de los objetos robados se estimó oficialmente en 150 millones de rublos (3, 3 millones de euros) aunque las malas lenguas dicen que el valor real era mucho mayor. Los instructores trataron de establecer cuáles habían sido los canales de distribución de los objetos robados.

Durante los últimos años de su vida Larisa Zavadskaya viajaba a menudo a Finlandia. Los instructores sospecharon que las piezas robadas fueron vendidas precisamente allí. Sea como sea, con el fin de evitar que se produjeran casos similares la conservadora jefe del Ermitage, Svetlana Adaskina, anunció en 2007 que se desarrollaría un marcado secreto para las aduanas. El marcado debía llevarse a cabo en dos años, pero finalmente se ha concluido en 2013. Es comprensible: en el Ermitage hay 150.000 piezas expuestas y cerca de tres millones en los fondos. Resulta fácil imaginar el número de horas, días, meses e incluso años de trabajo que hace falta para marcar todas esas piezas.

Se puede hacer toda clase de conjeturas con respecto a la manera en que funciona la tecnología secreta en la aduana: emite un pitido, se ilumina o se envía un SMS diciendo “soy la pieza nº 3456, estoy en la terminal de aduanas…”.

La crítica de arte Yulia Sarayeva, que dispone de una sólida experiencia trabajando en museos y galerías, explica que en la práctica museística el marcado secreto no se aplica o bien el secreto está tan bien guardado que nadie lo sabe. “Antes”, cuenta, “el sistema de registro de piezas era salvaje: los números de inventario se marcaban con pintura al óleo, mientras que en las piezas pequeñas se pegaba una etiqueta. Hoy se utilizan materiales menos nocivos, pero el principio sigue siendo el mismo: el número debe ser indeleble. Si la pieza va a parar al mercado negro enseguida resultará claro que es robada”.

Algo se puede afirmar rotundamente: es indispensable fortalecer las medidas de seguridad de las piezas de los museos.

La historia de robos en Rusia es, por desgracia, muy rica. En la Unión Soviética la mayoría de robos tenían que ver con los objetos de culto en las iglesias. Era bastante sencillo. Las iglesias no estaban bien vigiladas y no había inventarios. No fue hasta principios de la década de 1980 cuando el gobierno se dio cuenta y comenzó a hacer inventarios de los bienes culturales que todavía quedaban en las iglesias en servicio. En la década de 2000 se registraron por año de 50 a 100 casos de pérdidas de piezas. Y ésos son sólo los casos que se conocen. Se debió sobre todo debido a la falta de control. Las piezas a veces eran sustraídas con la complicidad de los empleados.

Se producían también robos tradicionales. Así, en 1999, el desempleado Dmitri Rukavitsyn de 29 años y otros cómplices robaron cuadros de Vasili Perov http://www.wikipaintings.org/en/vasily-perov en el Museo Ruso de San Petersburgo. Los cuadros se encontraban en el primer piso en donde los ladrones rompieron los cristales. A las exigencias de los guardias para que devolvieran los bienes robados, los ladrones respondieron abriendo fuego y luego huyeron.

También se registraba un gran número de hurtos. Así, este año fue saqueado el museo de Viazniki en el óblast de Vladímir. En plena noche los ladrones robaron cuadros de Shishkin, Korovin y Zhukovski. La alarma no estaba activada, el guardia había olvidado encenderla por la noche. Mientras que en Biisk (krai de Altaiski), una mujer robó de un museo… un frasco con embriones de gemelos siameses. La mujer fue arrestada.

Se podrían seguir enumerando robos semejantes, pero en la aduana no descubrieron ni los cuadros de Shishkin ni los frascos con gemelos siameses.

Hablamos con Iliá Wolf, director general de Fineartway, una empresa especializada en el transporte de obras de arte. Considera que cuando se trata de impedir el contrabando en aduanas hay que hablar del equipamiento técnico: “¿Qué niveles de control tenemos que pasar en la aduana? Un control radiológico. Si se tiene en cuenta esta opción, todas las obras pueden estar equipadas de microisótopos. Por otra parte también nos someten a un control olfativo cuando los perros buscan drogas o explosivos. En teoría se puede imaginar que las obras son rociadas con sustancias especiales. Dudo mucho que los criminales no averigüen cómo están marcadas las obras de arte. Por lo tanto, podrán evitar las aduanas, en eso consiste el contrabando. En la frontera con Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania hay ‘agujeros’… Eso significa que habría que equipar de aduanas también a todos estos países.”

Fuente: Rusia Hoy (Dmitri Romendik) | Fecha: 13/12/2013

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Imagen del Cézanne recuperado por The Art Loss Register en el momento de su subasta, 1999
Hace tiempo que tenía pendiente escribir para el blog una entrada sobre una de las empresas más curiosas y controvertidas que operan en el mundo del arte: The Art Loss Register, a cuya excelente base de datos de obras robadas, mucho más extensa que la de la propia Interpol, dediqué algunas páginas en «Arte y Museos en Internet».
The Art Loss Register es ni más ni menos que eso, una empresa privada que se dedica a localizar todo tipo de obras de arte robadas, desde pintura, grabados o esculturas a vajillas, monedas o joyas. Y, obviamente, cobran por ello. Son numerosas las obras que ha recuperado a lo largo de su existencia, algunas de ellas, de grandes maestros. No obstante, no son pocas las críticas que caen sobre ellos. La opacidad de sus actuaciones es la más importante de todas. Los miembros de The Art Loss Register no desvelan sus métodos ni dan explicaciones sobre cómo recuperan las obras. ¿Tienen contactos en el mercado negro? ¿Negocian con los ladrones que han robado la obra? ¿Utilizan sobornos para conseguir información privilegiada?
No lo sabemos. En todo caso sus servicios, que no se encuentran al alcance de todos los bolsillos, parecen ser eficaces. Y la pregunta es…¿El fin justifica los medios?
Y…¿cuáles son sus medios?
Os dejo con este interesante artículo que publica El País sobre el tema.
Feliz comienzo de semana.

Hay una pequeña calle en la City de Londres, Hatton Garden, que es desde la Edad Media centro neurálgico del negocio de diamantes, piedras preciosas y joyería al por mayor. Aunque no faltan tiendas convencionales con escaparates repletos de anillos de boda, muchas tienen cristaleras opacas y un guardia de seguridad en la puerta.
En esa misma calle tiene su sede The Art Loss Register, una de las compañías más curiosas del mundo: se dedica a localizar y recuperar obras de arte robadas. “Todo tipo de arte, desde instrumentos musicales a vasija, cubertería, monedas, pinturas, esculturas. Todo el rango de cosas que se venden en los mercados de antigüedades”, explica Julian Radcliffe, su propietario, un hombre casi tan misterioso y enigmático como los joyeros de Hatton Garden.
Radcliffe irradia una vitalidad exuberante aunque ya parece tener cierta edad. Responde a todo, pero con la ambigüedad de un viejo zorro que ha dado muchas vueltas en esta vida. Ha sido medio agente secreto, los fines de semana se convierte en granjero al frente de una explotación de vacas y ovejas y los días laborables los dedica a buscar arte robado… y a muchas cosas más.
The Art Loss Register es a duras penas rentable, pero Radcliffe no vive de amor al arte. “Tengo varias compañías. Soy lo que los británicos llaman un empresario en serie. Esta es solo una de mis compañías”, explica. ¿Qué tipo de negocios hace? “Fundé una empresa de seguros de riesgo político en Lloyd’s. Luego una compañía llamada Control Risks, que es bastante grande, con 800 personas, y es la principal consultora de seguridad política en el mundo. Luego una compañía que recupera equipamiento robado del sector de la construcción. Una compañía de subcontratación en la India. En fin…”.
Uno se imagina que la tarea de Radcliffe consiste en esperar a que un ladrón de cuadros le llame un día para proponerle un trato y que él acaba haciendo de intermediario, como si estuviera pactando el pago de un rescate para liberar a una persona secuestrada. “Oh, eso es una parte muy pequeña de nuestro trabajo. Son casos excepcionales”, se sacude la pregunta con modestia. Modestia un poco falsa, porque luego se le escapa que empezó este negocio “porque me lo sugirió un ejecutivo de Sotheby’s que sabía que yo había tenido éxito en control de riesgos y en casos de secuestros, en seguridad personal y en negociaciones gubernamentales y me dijo que por qué no hacía eso en el mundo del arte robado”. ¿O sea que sí ha hecho de mediador en secuestros? “Al principio, en control de riesgos, sí. Una de las compañías ha tratado más de 2.000 asuntos relacionados con secuestros”.
En realidad, la tarea de The Art Loss Register consiste en estudiar de forma paciente los datos de miles de obras de arte que salen cada año a la venta y cruzarlos con los datos de 350.000 obras de arte robadas que conforman la base de datos que la compañía ha ido construyendo desde que fuera creada hace 22 años. Muchos más que los 57.000 que tiene registrados Scotland Yard o los 40.000 de Interpol.
Cada día, una treintena de empleados, algo más de veinte radicados en Dheli (India), llevan a cabo la meticulosa tarea de cruzar lo que está en venta con lo que fue robado, hace a lo mejor 20 o 30 años. “Nuestro trabajo consiste en recuperar piezas que han sido robadas, o piezas falsas, que son una gran parte del mercado de arte. Cada año chequeamos unas 400.000 piezas que nos facilita la policía o que van a los mercados y las cruzamos con nuestra base de datos para evitar que puedan ser vendidas”, explica Radcliffe. “Cada día encontramos unos 50 objetos que coinciden con los que figuran en nuestro catálogo como piezas robadas. Y de esos 50, dos o tres acaban coincidiendo por completo”.
“Luego entablamos negociaciones para conseguir que las piezas robadas sean devueltas a sus verdaderos dueños. Y eso puede ser muy complicado porque la gente que las tenía ase
gura que las han comprado de buena fe y que los dueños son ellos y no los que fueron víctimas del robo inicial o su compañía aseguradora”, añade.
“Cuando empezamos, muchos de los individuos con objetos robados eran estafadores o casi, porque no sabían que les estábamos buscando. Ahora no venden en el segmento alto del mercado, venden por menos dinero, que es parte de nuestro objetivo: que el robo de arte sea menos rentable para los criminales. Y la gente que las saca a la venta en las grandes subastas no saben que se trata de obras robadas, pero tampoco han hecho lo que tenían que haber hecho: antes de comprar, comprobar con nosotros que no se trata de obras robadas”, advierte Julian Radcliffe.
El valor medio de cada pieza recuperada es de unos 9.500 euros, “muy poco dinero”. La compañía tiene tres fuentes de ingresos: carga un porcentaje (que puede llegar hasta el 20%) a la persona o entidad que recobra la pieza; cobra unos 30 euros por cada pieza robada registrada en sus archivos y cobra por la utilización de su base de datos, un servicio que genera en torno a tres cuartas partes del cerca de millón de euros que ingresa la firma en un año.
Pero de cuando en cuando llega algún caso que se convierte en noticia. Como la recuperación en 1999 de una obra de Paul Cézanne, Bouilloire et fruits, que había sido robada en 1978 junto con otros seis cuadros al millonario Michael Bakwin en su casa de Stockbridge (Massachusetts, Estados Unidos). El supuesto ladrón, David Colvin, había muerto tiroteado en 1979 y los cuadros se los quedó su abogado, Robert Mardirosian. Este intentó asegurarlos en Londres en 1999 para sacarlos a la venta, pero la aseguradora sospechó y se puso en contacto con la empresa de Radcliffe. Este, en colaboración con el FBI y la policía suiza, logró tender una trampa a Mardirosian y recuperar el cézanne, que luego fue subastado por 29,3 millones de dólares (equivalentes hoy a unos 33 millones de euros). “Pero ese es un caso excepcional”, asegura Radcliffe con modestia.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

En La Página Escondida en más de una ocasión hemos tratado el tema del expolio nazi. En este vídeo tenemos un caso muy, muy especial.

El vídeo, además, es un bellísimo ejemplo de cómo crear arte en sólo 3 minutos.

No os lo perdáis 🙂

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)