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Los colores olvidados

9 diciembre, 2011 | Ilustradores, Libros, reseñas | 4 comentarios

Portada del libro Los colores olvidados y otros relatos ilustrados

Carmesina nació en el seno de una familia cualquiera en una ciudad triste de un lugar  poco conocido. Vino al mundo en una mala época: los países iban a la deriva y el ambiente de hastío no era el más indicado para traer niños al mundo. Tal era el desaliento que sin saber cómo ni por qué hasta los colores empezaron a desaparecer, dejándolo todo de un gris frío e impersonal. 
Así arranca un libro maravilloso que para mí  ha sido todo un descubrimiento «Los colores olvidados y otros relatos ilustrados».  A través de sus páginas descubrimos una realidad muy cercana a la nuestra en un mundo muy parecido al nuestro pero donde, sin embargo, tiene lugar la Magia. De la mano de unos personajes extraordinarios como el Gato Negro, el Salero, el niño indio, el invencible Chew Wang o Él y Ella nos nos adentramos en sus entrañables historias que son también las historias de muchos de nosotros. Con ellos viviremos la soledad, la tristeza, el desconsuelo pero también la alegría, la amistad, el compañerismo y la inmensa felicidad de encontrarnos a nosotros mismos. Porque Los colores olvidados es un libro para niños y adolescentes que ellos sabrán disfrutar y apreciar pero también, y no en menor medida, es un libro para niños ya crecidos de todas las edades.
El texto de la autora Silvia G. Guirado es sencillamente irresistible. Imposible dejar una sola de las historias a medias, ¿cómo cerrar el libro sin llegar a saber si Gato Negro descubre el secreto de la Mala Suerte o cuál es el destino que espera a una milenaria tribu india cuyos miembros han caído víctimas de una terrible enfermedad? Silvia escribe con un lenguaje claro y directo pero, para el lector atento queda claro desde las primeras líneas que cada palabra ha sido elegida meticulosamente. Porque detrás de cada palabra hay muchos significados y por eso, en las historias de Silvia hay muchas historias que se leen entre líneas. Disfrutaremos sin duda, con las vivencias de todos nuestros personajes pero, sobre todo, nos identificaremos, creceremos y aprenderemos con ellos. 
Las ilustraciones, realizadas por David García Forés, Desiree Arancibia y Marta García con la colaboración especial de Claudia Blin, son, sobra decirlo, espectaculares y como para muestra un botón sólo tenéis que echarle un vistazo a las que acompañan esta entrada. La expresividad de las figuras, la belleza del colorido y la elegancia de las composiciones nos hablan de artistas con un gran talento, a la altura de otros grandes de la ilustración contemporánea como Lacombe o Dautremer. La belleza de cada página es, sencillamente, un regalo para los amantes de las cosas hermosas. 
El libro es el resultado de un interesante proyecto realizado por PLAY ATTITUDE. Profesionales que en un momento dado de sus vidas, decidieron hacer lo que les gustaba y seguir su pasión y ahora hacen   posible que ideas como Los colores olvidados salgan a la luz. Siguiendo su filosofía el libro ha sido realizado con tintas vegetales y papel reciclado y el 10% del precio irá destinado a al ONGD Educación sin Fronteras. 

Hay mucho de cada uno de nosotros en los inolvidables personajes que habitan en las páginas de Los colores olvidados. De los niños que fuimos, de las personas en que soñamos con convertirnos y de los supervivientes que hemos llegado hasta aquí. Si deseas comprobarlo no tienes más que sumergirte entre sus historias y…disfrutar.
N. Para descubrir un poco más de Los colores olvidados y otros relatos os animo a visitar su completa página web donde podréis descubrir  tesoros como el make of, acceder a los dibujos preparatorios de las ilustraciones, leer un extracto del libro  y descargar sus originales fondos de escritorio (también para iphone). También existe disponible una visión para ipad. 
Por cierto, el Gato Negro es un compañero blogger cuyas andanzas podéis seguir aquí 😉
El libro puede ser adquirido en las librerías y también, más cómodamente, a través de su tienda on line.

¡Feliz fin de semana!



Los Colores Olvidados from Play Cr
eatividad
on Vimeo.


Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

El extraño caso del collar maldito

28 octubre, 2011 | Libros | 10 comentarios


Giovanni Boldini
El lazo negro

El extraño caso del collar maldito

¡Qué tontería! ¿Cómo iba a estar maldito un objeto tan hermoso? Marcela cogió el collar y lo acercó a su cuello para ver cómo quedaría, ya se imaginaba con él, luciéndolo en el baile de la Corte, sería la envidia de todas las damas y sobre todo, la eclipsaría a ella, a esa cretina, quien nunca podría ni soñar con una joya tan valiosa. El collar había pertenecido a varias reinas españolas y a una favorita del Rey Sol, incluso se decía que María Antonieta lo había llevado en su última recepción. Todas habían muerto jóvenes en circunstancias ciertamente lamentables pero esos no eran más que cuentos de brujas… el collar sería suyo.
Y él también.
Aquella noche despidió a su doncella y se acercó al collar, era tan hermoso, el brillo de las perlas reluciendo en la oscuridad a la luz del fuego de la chimenea…
***
-“¡Carlos, es espantoso! – la joven apartó el periódico horrorizada –“Ha aparecido carbonizada, qué muerte tan atroz. Y mientras nosotros en el baile, pobrecilla…”
Carlos se acercó a su esposa y la besó tiernamente.
-“Sí, es terrible. Me había mandado una nota, quería hablar conmigo en el baile, no sé qué querría…”

···

Queridos amigos, hace unos días presenté este microrrelato al Concurso de Microrrelatos de Terror organizado por el Museo Romántico de Madrid. No ha habido suerte esta vez pero me apetecía compartirlo con vosotros. Espero que os guste 😉

¡¡¡GRACIAS!!!!

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La mecánica del corazón

24 octubre, 2011 | Ilustradores, Libros | 12 comentarios


La mecánica del corazón

-¿Acaso puedo remontar el curso del tiempo cambiando el sentido del movimiento de
mis agujas?
-No, forzarás los engranajes y te dolerá horrores. Pero no tendrá ningún efecto. No
podemos volver jamás sobre nuestros actos pasados, ni siquiera con un reloj en el
corazón.
Esperaba recibir una terrible reprimenda por haberle destrozado el ojo a Joe, pero
Madeleine, por mucho que se esfuerza en parecer enfadada, no lo consigue. Su voz
tiembla pero es más de inquietud que de cólera. Como si le pareciera menos grave
destrozarle el ojo a un abusón que enamorarse.

Hace unos días llegó a mis manos La mecánica del corazón de Mathias Malthieu, un hermoso cuento de hadas para adultos, sobre la importancia de nuestro pequeño y frágil corazón y la necesidad de que persigamos nuestros sueños por muy inalcanzables que éstos puedan parecernos.

La preciosa portada, por cierto, es obra de Bejamin Lacombe, quien ya nos visitó hace escasos días.

¿Habéis leído La mecánica del corazón? ¿Qué os ha parecido?

¡Feliz y lluvioso inicio de semana! 🙂

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La profesora de Arte

25 julio, 2011 | Artículos, Libros | 5 comentarios


BROCKY, Károly
Retrato de una mujer con velo. 1846-50
Óleo sobre lienzo. 53,3 x 47 cm
Colección particular

Gracias a Roberto Domínguez Blanca vía Facebook (Gracias Roberto) me ha llegado esta maravillosa joya de mi siempre admirado Arturo Pérez Reverte quien, por cierto, ya ha visitado «Historia Secreta del Arte» en otras ocasiones.

El artículo de esta vez, supongo que por motivos obvios, ha logrado emocionarme…

Espero que os guste 🙂

¡Feliz lunes!

La Profesora de Arte
Arturo Pérez Reverte

En la vida de todo hombre hay mujeres que lo marcan para siempre. Eso incluye a madres, esposas, hijas, amantes o cualquier otra variedad imaginable del asunto. En ocasiones, algunos individuos más o menos afortunados vislumbran claves ocultas, secretos de la vida a través de los ojos de esas mujeres. Llegan a conocer mejor el mundo y a ellos mismos gracias a lo que ven o creen ver en la mirada de ellas, y también en sus actitudes, sus palabras y especialmente sus silencios. Alguna vez escribí, o dije, que nadie habla con silencios mejor que las mujeres. O con palabras, cuando se ponen. Sobre todo si salen al palenque hartas, fatigadas o heridas.

Hoy quiero contarles de una mujer que marcó mi vida. Su nombre figura en libretas de apuntes que conservo desde hace más de cuarenta años, y que contienen las notas que tomé en 6.º y Preu sobre Historia del Arte. Por aquel tiempo yo era un jovenzuelo insolente con la mochila llena de libros, a punto de viajar a la isla de los piratas. Me habían echado de los Maristas y conseguí asilo en el Instituto de Cartagena. Sólo éramos once en Letras, y los profesores de Literatura, Latín, Griego, Filosofía e Historia, también recién llegados, resultaron jóvenes y brillantes. Nos dieron tres años de felicidad intelectual con alicientes extras: Gloria, la profesora de Griego, usaba minifaldas de vértigo y tenía unas piernas espectaculares; y la profesora de Historia del Arte era dulce, tímida y sabia. Se llamaba María Amparo Ibáñez; y, como digo, conservo sus apuntes porque son metódicos y perfectos. Todavía ahora, cuando necesito refrescar un dato de modo urgente, acudo a ellos antes que al Summa Artis, al Espasa o al René Huyghe. Por eso siguen al alcance de mi mano, en el estante más próximo a la mesa donde trabajo.

Esa profesora nos enseñó a mirar a través de sus ojos: arquitrabes, volutas, arbotantes, frescos, veladuras, adquirieron sentido gracias a su inteligencia paciente. Ella nos llevó de la mano desde el arco de adobe a la nervadura gótica, del tesoro de Atreo a la silla de Frank Lloyd Wright, de la cerámica cordada a las sombras largas de Chirico. Enseñándonos, entre otras cosas útiles, que la Historia del Arte, como la Historia a secas, es mucho más que una disciplina académica: es un espejo familiar donde mirarse, un libro ameno que explica lo que fuimos y somos. Un rico sedimento de siglos que proporciona al hombre occidental -o a lo que va quedando de él- memoria, explicación y consuelo. Sin Amparo Ibáñez, sin sus explicaciones y su inteligencia, sin su fe imbatible en los once muchachos que, con ella, analizaban fascinados el último detalle de cada catedral, cada escultura y cada cuadro, mi vida sería hoy, seguramente, muy distinta. Con la mirada que esa mujer me educó pude escribir, más de veinte años después, La tabla de Flandes: la historia de una joven que mira un cuadro como quien descifra un enigma, del mismo modo que, gracias a mi profesora, aprendí yo a mirar con diecisiete o dieciocho años. Y tampoco, sin esa mirada que luego contempló cosas que nada tienen que ver con la Historia del Arte -aunque en el fondo quizá tengan que ver, y mucho-, habría podido escribir más tarde la novela que llamé El pintor de batallas sin que haya nada casual en la elección del título: la historia del hombre que, encerrado en una torre circular, pinta en sus muros la fotografía que nunca logró hacer: el paisaje-resumen devastado, monótono, implacable, de todo el horror y todas las guerras.

Hace algún tiempo, cuando firmaba libros después de presentar una de mis novelas en Valencia, vi a Amparo Ibáñez en la cola de lectores, aguardando paciente con un libro en las manos. No la había vuelto a ver desde el Instituto, pero la reconocí en el acto: delgada, menuda, tímida. Estoy lejos de ser un fulano de lágrima fácil; pero verla allí, como uno más, me conmovió las entrañas. La cola de lectores era interminable: había mucha gente esperando una dedicatoria, y yo me iba esa misma noche. Así que hice cuanto pude. Como siempre firmo de pie, no tuve que levantarme. Hablé atropelladamente de lo mucho que mis libros y mi vida le debían. De la deuda inmensa y del indeleble recuerdo. Ella asentía complacida de escuchar aquello, mientras yo garabateaba unas líneas apresuradas en la página de cortesía de la novela. Después la besé y me quedé mirándola un momento, con dolorida impotencia, antes de atender al siguiente lector que aguardaba. Así la vi perderse entre la gente, con el libro firmado que apretaba contra el corazón. Entonces decidí que alguna vez, si lograba no ponerme demasiado sentimental, escribiría unas líneas como las que ahora escribo. Para decirle, al fin, lo que entonces no le dije.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Feliz Día del Libro

23 abril, 2011 | Libros, Pinturas | 3 comentarios

Elinga, Pieter Janssens.
Mujer leyendo. Hacia 1660.
Óleo sobre lienzo.

Como la mayoría de autores holandeses del siglo XVII Elinga no sólo buscaba recrear una escena de género sino que de forma muy sutil el artista ha introducido un mensaje moral tan del gusto burgués de la época: la crítica a la mujer que descuida sus quehaceres diarios para abandonarse al placer de la lectura. Los suecos dejados desordenadamente en el primer plano del cuadro así lo indican.

Como han pasado más de 300 años desde entonces permitámonos enmendarle la plana a Elinga y compañía y hoy 23 de abril, Día Internacional del Libro, perdámonos sin remordimientos entre las páginas de una maravillosa historia, independientemente de cuantas cosas pendientes tengamos por hacer.

¡Feliz Día del Libro! 🙂

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)