Categoría: mercado

Home / Categoría: mercado

El corazón de Sarasvati

6 enero, 2020 | mercado | No hay comentarios

El corazón de Sarasvati

Salomon Blake no creía en fantasmas, así que su pulso no se aceleró lo más mínimo aquella noche helada, mientras se adentraba en silencio por el tortuoso sendero del cementerio de Highgate. Era la víspera de Navidad de 1883 y, aunque solo un loco se habría aventurado a saltarse la vigilancia del elitista camposanto donde descansaban los seres queridos de las familias más ricas y poderosas de Londres, él sabía muy bien lo que se hacía. 

Ignoró la mirada acusatoria de los ángeles de piedra, vigilantes bajo su manto de nieve, e intentó no pensar demasiado en las cruces y en los mausoleos que iba dejando atrás en su camino. 

Aquella noche, atormentado por el frío y la humedad de Londres y por el dolor de rodillas que había aparecido con los años, le parecía inconcebible que alguna vez hubiera sido un hombre joven y fuerte, y que hubiera vivido en un lugar cálido y hermoso. Pero así había sido, por mucho que los recuerdos de aquellos años gloriosos comenzaban lentamente a desvanecerse. 

Se detuvo un instante. La luna llena se reflejaba en la nieve y en las esculturas funerarias, creando un espectáculo que parecía pertenecer a otro mundo. ¿Había sido el viento o había escuchado el sonido de unas voces? 

No, no había nadie allí, ¿quién osaría a aventurarse en un cementerio en una noche como aquella?

Tranquilizándose, se dispuso a continuar, solo que esta vez agarró la pala que llevaba con más fuerza e hizo lo mismo con su saco de herramientas. Ya casi había llegado a su destino: el lugar donde, estaba seguro, reposaba su tesoro. 

¡Ah, su tesoro! “El corazón de Sarasvati”, la diosa hindú del conocimiento y la sabiduría, un magnífico diamante azul de casi cuarenta quilates, tan grande como el “Diamante Hope”, pero mucho más puro y cristalino. 

Durante siglos había sido custodiado por los sacerdotes de aquel templo, en aquella recóndita región de la India, casi en la frontera con Nepal. 

Pero, cuando él y Robert lo descubrieron, no dudaron en hacerlo suyo. En aquella época eran solo dos jóvenes oficiales de bajo rango, chicos humildes que habían sabido medrar en el ejército de Su Majestad la Reina Victoria a base de valor y pocos escrúpulos, pero ambos sabían que, a su regreso a casa, no habría gloria para ellos. “El corazón de Sarasvati” era su única oportunidad.

Él había hecho todo el trabajo sucio: arriesgarse, luchar, matar… Mientras, Robert se había limitado a trazar un plan para que pudieran salir con vida de aquella aventura. 

Cuando descubrió que Robert se había marchado con la joya, dejándole como único responsable de las muertes del templo, ya era demasiado tarde. Fue apresado, juzgado y condenado, y no podía sino agradecer a su suerte haber logrado escapar con vida. Después habían venido los años duros de supervivencia, siendo un proscrito perseguido por sus propios compatriotas. Había tenido que robar, mendigar y suplicar; se había tenido que arrastrar ante los señores más crueles y realizar las tareas más degradantes. Muchas noches se había ido al catre sintiendo dolor en cada poro de su cuerpo y con el corazón a punto de estallarle de odio y de rencor. 

Solo su deseo de venganza le había mantenido vivo, día tras día, año tras año.

Y, después de haberlo buscado por medio mundo, resultó que el malnacido de Robert había regresado a su Londres natal. ¡Treinta años! ¡Le había costado treinta malditos años encontrarlo! Y cuando lo hizo, ya había muerto.

Volvió a detenerse. Esta vez sí estaba seguro de haber escuchado unas voces a su espalda. Pero, ¿quién podía ser? Ni siquiera el guarda osaría a entrar en el cementerio a medianoche en Nochebuena. Contuvo la respiración unos instantes, hasta que estuvo seguro de que no había nadie allí. 

El corazón le dio un vuelco al ver unas ramas proyectarse sobre un mausoleo donde debía estar su propia sombra pero, justo entonces, le pareció que algo se movía tras él y se giró súbitamente: nada.

Ahora sentía que su corazón latía con más fuerza y que un sudor frío le corría por la espalda, pero se obligó a continuar. Estaba solo a pocos metros de la tumba de aquel traidor y no iba a detenerse ahora, ni por todos los demonios del Averno. 

Porque, para su sorpresa, el viejo Robert había vivido holgadamente, sí, pero sin grandes lujos. Sin duda, no pudo vender la joya. Había registrado su casa, investigado su testamento, perseguido a su esposa y a sus hijos… Ni rastro del “Corazón de Sarasvati”. Así que el maldito avaro debía habérsela llevado con él a la tumba, no podía ser de otra manera, y él iba a hacerse con ella, costara lo que costase.

—¡Aquí es, mira! ¿Lo ves? —escuchó decir a su espalda, mientras la luz cegadora de un farol le hizo retroceder. Corrió a esconderse tras la tumba, pero ya era tarde, lo habían descubierto.

—¡Ya lo creo que sí! ¡Claro que lo he visto! ¡Era un anciano, y llevaba una pala!

Salomon sintió que su corazón se aceleraba y que las fuerzas comenzaban a fallarle. A su alrededor, todo comenzó a tornarse oscuridad, mientras él se aferraba al recuerdo de aquella joya azul. Las voces de los extraños se acercaban amenazadoramente. 

—¡Era él, el fantasma de la pala! Menos mal que tú también eres testigo, ahora ya no soy el único. ¡Lo llevo viendo cada Navidad desde hace tres años, cuando lo encontramos muerto la mañana del 25 de diciembre! Nadie sabe qué quería, solo que estaba intentando desenterrar el cadáver de esa tumba de ahí. Solo Dios sabe con qué malvado propósito. 

Arropado por la oscuridad y el olvido, Salomon Blake no pudo ya escuchar las palabras de los guardas de Highgate. Mientras el sueño se adueñaba de su alma intranquila, su único pensamiento fue para “El corazón de Sarasvati”, rogándole que le diera fuerzas para continuar su búsqueda, aunque solo fuera un día más.

Cuento de Nochevieja

5 enero, 2020 | mercado | No hay comentarios

31 de diciembre: la única noche del año en la que se permitía pensar en “aquello”. Lo ocurrido hacía justamente cincuenta años y que había marcado su vida para siempre.

En el silencio de la noche y la soledad de su habitación, dejó, sin oponer resistencia, que los recuerdos llegaran a su encuentro. Apartó las sábanas y se acurrucó entre ellas, no sin cierto esfuerzo, sintiendo el frío contacto de los hilos de algodón y sabiendo que, en esta ocasión, tampoco encontraría el calor de él para confortarla. Estaba sola. 

Desde algún lugar recóndito de su alma, las imágenes de aquella lejana noche fueron llegando a su memoria: el gran salón con las luces de Navidad, un fuego alegre chisporroteando en la chimenea, el cristal de las arañas desprendiendo destellos de colores que se reflejaban en los espejos.

Sí, casi parecía que estuviera allí. Si se concentraba mucho, incluso podía escuchar la música, ¿era un Foxtrot eso que sonaba? Era difícil de decir porque el sonido se confundía con las voces y las risas de los invitados.

Aquella noche se había hecho ondas al agua en el pelo y había elegido un largo collar de perlas con un cierre de zafiros. Recordaba su reflejo en el espejo: la imagen de una mujer joven y hermosa, con un magnífico vestido de “The House of Worth” en seda y encaje negros. Y casi podía percibir su antiguo perfume, Chanel Nº5.

Se vio a sí misma abriendo las puertas de la habitación y adentrándose, con paso titubeante, en el gran salón. Tras ella, dos ancianas cuchicheaban, señalándola.

Apretó la nota que llevaba en su mano y se dirigió, con paso firme, hacia su marido.

Jaime, alto y apuesto, vestido de frac, la esperaba al otro lado del salón. Nada más verla, se apresuró a tomar una copa para ella y a recibirla con una sonrisa. 

Pero Jaime no llegó a ofrecerle aquella copa; ella jamás llegó a saber lo que él iba a decirle con aquel brillo en sus ojos; la orquesta nunca comenzaría a tocar una nueva pieza.

Y sin embargo, ¡cómo deseaba haber saboreado el champán helado, escuchar las palabras de su marido, saber qué iba a tocar la orquesta a continuación!

Pero aquel instante se había roto para siempre con solo cuatro palabras, de las que siempre se arrepentiría:

“Me marcho con Luigi”. 

Al girarse, dejó caer con su vestido una pequeña bola de nieve de cristal tallado, pero no se detuvo.

Abandonó la casa, sintiendo la mirada de devastadora tristeza de Jaime tras ella, mientras la música dejaba de sonar con un silencio atronador y la casa se enfriaba con los murmullos de los invitados. 

Nevaba cuando salió a la calle, pero el flamante Hispano-Suiza de Luigi la esperaba a escasos pasos, tal y como le había prometido en la nota.

***

Cuando su amante la abandonó, apenas dos meses después, ella nunca pensó que Jaime volvería a aceptarla. 

Y, sin embargo, él la acogió. Como si no hubiera pisoteado su corazón, como si nunca hubiera dejado de amarla locamente porque, de hecho, así había sido.  

¡Cuánto lo echaba de menos!

Se levantó. Por algún motivo, necesitaba encontrar aquel viejo adorno navideño. Habían pagado mucho más de lo que valía a aquel anticuario de Mayfair. “Es una bola muy especial” les había dicho. Y, aunque no lo creyeron, estaban en su luna de miel y eran felices. ¿A quién le importaba unas libras más o menos?

Descalza, sacó la bola de su escondite y la sostuvo en silencio, en la oscuridad de la habitación, sintiendo su frío tacto y la pequeña rotura de aquella noche.

 Y, entonces, ocurrió.

 Sin haberla agitado, la nieve inundó todo el pequeño espacio y las ventanas de la diminuta casita se iluminaron, como por arte de alguna extraña magia. 

Sorprendida, contempló la bonita escena hasta que algo llamó su atención. 

Fuera de la habitación, las luces se habían encendido. Corrió a ver qué ocurría y ya estaba a punto de abrir las puertas cuando lo percibió: Chanel Nº5, el perfume que llevaba cincuenta años sin usar, flotando en el aire. 

Súbitamente, también el dormitorio se iluminó y, al contemplarse en el espejo, no pudo creer lo que veía: volvía a tener veintisiete años y llevaba su vestido de Worth.

Justo como aquella Nochevieja, cincuenta años atrás.

Desde fuera llegaba el sonido de la música y el murmullo de las voces y las risas de los invitados. 

Se acercó con cuidado como si, con cada paso que diera, el hechizo pudiera desvanecerse y abrió las puertas adentrándose en el salón.

Los camareros serpenteaban entre los invitados y la canción que sonaba estaba a punto de finalizar. 

Al otro lado del salón, Jaime la esperaba, con una sonrisa en su mirada.

¿Cómo era posible? ¿Podía ser cierto aquello? 

Notó que su corazón comenzaba a latir con más fuerza y que todo daba vueltas a su alrededor. Descubrió en su mano derecha la nota de Luigi. 

Pero, en esta ocasión, no volvería a cometer el mismo error.

Con decisión, fue hacia su marido, que la contemplaba con tanta admiración y cariño que sintió que su corazón iba a estallar en mil pedazos. Cuando llegó junto a él, Jaime le ofreció la copa que tenía en la mano y, acercándose, le susurró: “Esta noche estás más hermosa que nunca”. 

La orquesta comenzó a tocar: la canción que en su recuerdo nunca pudo escuchar era un vals de Strauss.

“¡Eh! ¿Qué pasa?” le dijo él, sonriendo, mientras ella lloraba en silencio y se dejaba arrullar por su abrazo cálido y su olor a madera e incienso.

“Es que esta noche es la más feliz de mi vida”, le respondió, “solo que no lo he sabido hasta ahora”.

Él la miró sin comprender, pero ya no importaba, porque las notas de Strauss se alzaron en la casa, alegres, rápidas y elegantes al tiempo que ellos comenzaban a bailar. 

Fuera, había comenzado a nevar.

Vender obras de Arte y Antigüedades
Compra mi nuevo libro

ATENCIÓN: OPINIONES CATAWIKI ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE: A raíz de las opiniones publicadas en los comentarios sobre el portal de subastas Catawiki, me gustaría aclarar que esta entrada no era para hablar sobre Catawiki en concreto, sino sobre plataformas intermediarias en general.

No obstante, el hecho de que todas las opiniones negativas recibidas sean sobre Catawiki no deja de ser altamente significativo.

***

Anteriormente en el blog hemos visto por qué no es conveniente vender obras de arte en Internet. En esta nueva entrada vamos a posicionarnos del lado del comprador y vamos a analizar por qué tampoco es una buena idea adquirir este tipo de piezas online.

Aclararemos en primer lugar que nos referimos únicamente a la compra a través de plataformas intermediarias, en ningún caso a las casas de subastas tradicionales, galerías o artistas que venden directamente a través de su propio canal online.

Veamos estas razones una a una.

1. No sabes lo que estás comprando

Tan simple como eso. Nada te garantiza que la obra, antigüedad o joya que estás viendo en la foto y por la que vas a pagar una bonita cantidad de dinero sea lo que vas a recibir. Una incidencia frecuente en este tipo de plataformas es que el objeto enviado no se corresponde con la descripción ni con las fotografías, de forma que el comprador se lleva una gran decepción cuando lo recibe en casa.

Por ejemplo, a menudo se describen como «litografías» obras que son meros «off – sets» y se ofrecen a cientos de euros como originales reproducciones que no soportarían un sencillo examen con lupa.

2. No puedes desistir de la compra

Enlazando con el motivo anterior, si estás descontento con la compra, tendrás que conformarte con ella. En realidad, esto no debería ser así, ya que existe una directriz europea que se aplica en todos los Estados miembros de la Unión Europea y que en España se concretó en la Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio electrónico. Dicha directiva establece claramente que el comprador dispone de 14 días naturales para desistir de una compra realizada a través de Internet a contar desde que recibe el objeto, sin necesidad de alegar motivo alguno.

Sin embargo, dicha directiva no menciona expresamente a las plataformas intermediarias online, de forma que estas empresas se aprovechan de este vacío legal para incumplir esta exigencia impunemente. Así que si quieres devolver el objeto, te «invitarán» a que contactes con el vendedor y llegues a un acuerdo con él.

Ahora bien, el vendedor sólo está obligado a aceptar la devolución si está registrado en la plataforma como vendedor profesional (otra cosa es que lo haga). Si es un vendedor particular podrá negarse abiertamente sin incumplir ninguna ley.

La experiencia me ha enseñado que una vez que el vendedor ha recibido su dinero y la plataforma sus comisiones (tanto la del vendedor como la del comprador), las quejas del comprador final son, sencillamente, ignoradas.

Te resta, eso sí, el derecho a pataleta y a valorar negativamente al vendedor, pero te quedas con el objeto que has comprado, aunque no sea lo que te decían que era. Y sin tu dinero.

De todas formas, si éste es tu caso y te apetece no quedarte con los brazos cruzados ante tal injusticia, aquí tienes los pasos a seguir para interponer una denuncia. 

Si lo que has comprado es una falsificación, el vendedor puede estar incurriendo en un posible delito de estafa y en tal caso, se abre la vía penal.

Pero, ¿realmente quieres arriesgarte a pasar por todo esto?

3. No tienes ninguna garantía de autenticidad, antigüedad ni procedencia

Mientras que en los canales tradicionales, cuentas con la garantía del profesional que arriesga su prestigio y su nombre en cada venta (y que está obligado a aceptar devoluciones), en estas plataformas compras a ciegas, basándote en las meras descripciones del propio vendedor.

Incluso en las plataformas que dicen contar con expertos, no todos ellos poseen el conocimiento y experiencia necesarios para poder valorar, datar o, simplemente, detectar una falsificación a través de fotografías.

La procedencia es un asunto especialmente peliagudo con importantes implicaciones legales. Como compradores, debemos exigir todas las garantías de que la obra tiene una procedencia legítima y no ha sido obtenida ilegalmente. De otra forma, podemos acarrearnos no pocos problemas en el futuro.

Sé especialmente exigente con: piezas arqueológicas (certificado de procedencia de origen y licencias de exportación expedidas por el país de origen), joyas (las piedras preciosas deberían ir acompañadas de un certificado gemológico expedido por un laboratorio de reconocido prestigio y precintadas en una bolsa de dicho laboratorio. Aunque esto rara vez se cumple) y obras de artistas con numerosas falsificaciones en el mercado como Warhol, Keith Haring, Miró o Chagall, por nombrar algunos.

4. Cuidado con los «costes ocultos»

Para atraer al mayor número de compradores posibles, estas plataformas fuerzan al vendedor a vender por debajo de los precios de mercado (como comentábamos en esta otra entrada). Así que cuando visitas estas webs verás precios muy atractivos que te incitarán a comprar. Ahora bien, antes de hacerlo, asegúrate de que conoces todos los gastos que deberás sumar al precio del objeto. Estos gastos son variables según cada plataforma, pero he aquí los más comunes:

  1. Comisión del comprador. Suele estar entre un 4% y un 10%.
  2. Costes de transporte.
  3. Impuestos.
  4. Aduanas. Si el vendedor está fuera de la UE es posible que haya que tengas que pagar también las tasas de aduanas (esto depende del país de origen de la venta).

Teniendo todos estos costes adicionales en cuenta, vuelve a sopesar si el objeto que has visto es realmente tan «barato» como te había parecido anteriormente. Suma, además, el riesgo que implica que se trate de una falsificación, un objeto de procedencia ilegal o que se destroce durante el transporte.

5. Adiós, dinero

Además de todos los riesgos que asumes, tienes que pagar  por adelantado un objeto que aún no has visto y de cuya autenticidad y calidad no tienes ninguna garantía. Este único motivo es para mí un  «no – go» insalvable. Todas las compras por Internet se pagan por adelantado, pero siempre tienes la confianza en que si el objeto adquirido no te interesa, tienes 14 días para devolverlo, sin más. Aquí, sin embargo, estás entregando tu dinero a cambio de una promesa indefinida y lo estás haciendo bajo un horizonte lleno de nubarrones…

Conclusión

Estas plataformas son excelentes para descubrir profesionales con quienes puedes contactar directamente, contando así con todas las garantías que te ofrecen y sin tener que pagar comisiones adicionales. Muchos, además, tienen su propia tienda online, como es el caso de la mayoría de las casas de subastas.

Pero pagar el mismo precio final que puedes conseguir en cualquier galería, tienda de antigüedades o casa de subastas tradicional, a cambio de ningún servicio adicional real  no es, a todas luces, una opción inteligente.

***

ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE: A raíz de las opiniones publicadas en los comentarios sobre el portal de subastas Catawiki, me gustaría aclarar que esta entrada no era para hablar sobre Catawiki en concreto, sino sobre plataformas intermediarias en general.

No obstante, el hecho de que todas las opiniones negativas recibidas sean sobre Catawiki no deja de ser altamente significativo.

Vender obras de Arte y Antigüedades
Compra mi nuevo libro

ATENCIÓN: CATAWIKI OPINIONES, ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE: A raíz de las opiniones publicadas en los comentarios sobre el portal de subastas Catawiki, me gustaría aclarar que esta entrada no era para hablar sobre Catawiki en concreto, sino sobre plataformas intermediarias en general.

No obstante, el hecho de que todas las opiniones negativas recibidas sean sobre Catawiki no deja de ser altamente significativo.

***

Existen numerosas razones para no vender obras de arte, antigüedades ni objetos valiosos en Internet, incluyendo coleccionables, monedas o joyas. Nos referiremos a la venta en plataformas que actúan de intermediarias entre el comprador y el vendedor  que no vamos a citar aquí, pero que ya conocemos sobradamente. En ningún caso nos referimos a casas de subastas, galerías o artistas que cuentan con sus propias tiendas online.

Veamos cinco de estas razones, una a una.

1. Estás pagando más comisión que otros vendedores

Las plataformas intermediarias que tienen formato de subasta online cobran una comisión estándar al vendedor, que es la que suelen anunciar públicamente en la plataforma. Esta comisión suele estar entre un 9% y un 12% según cada plataforma. Pues bien, si como vendedor habitual estás pagando esta comisión estándar, debes saber que estás pagando mucho más que otros vendedores. Aproximadamente el 70% de los vendedores habituales han negociado una comisión con la plataforma online y gozan de una comisión con ventaja que va de un 0% (sí, has leído bien, muchos vendedores no pagan absolutamente nada por vender) al 8%.

Es decir, como norma general, si tu comisión de vendedor está por encima de este 8% plantéatelo seriamente porque estás en desventaja con otros competidores que ofrecen sus obras junto a las tuyas, pero que tienen mejores condiciones que tú. Si bien es cierto que algunos de estos vendedores aportan un volumen de piezas medio-alto  y por esto reciben esta bonificación especial, la mayoría simplemente jugó bien sus cartas desde un principio y ha mantenido sus privilegios aunque no se justifiquen con sus cifras de ventas.

2. Estás perdiendo dinero

Esta plataformas viven de cobrar comisiones por la venta de los objetos, es decir, si una venta no se realiza no cobran nada. De ahí que todo su énfasis se focaliza en conseguir la venta a toda costa. Para ello, obligan a los vendedores a vender a precios muy por debajo de los precios que se encuentran en el mercado tradicional. De esta forma pueden cargar con la comisión de compra al comprador, consiguiendo así dos comisiones: la del vendedor y la del comprador.

Este motivo, junto con el primero, son para mí un absoluto «no – go» para la venta online en plataformas. No sólo estás perdiendo dinero con la venta de cada objeto que podrías vender mejor por tu cuenta, si no que además, estás en desventaja con otros vendedores que tienen una comisión más baja que tú o que incluso no pagan comisión en absoluto.

3. Estás quemando tus piezas

Cada vez que ofreces una pieza a un precio determinado y no se vende, dejas un rastro en Internet fácilmente rastreable por cualquiera. La próxima vez que la saques a la venta, estas mismas plataformas te exigirán que le bajes el precio. Si sumas este motivo a los dos  anteriores te saldrá una bonita cantidad de dinero que estás tirando a la basura.

Además, si intentas ofrecer esta misma obra por otro canal, por ejemplo, tu propia página web, el posible comprador la encontrará fácilmente (basta con una sencilla búsqueda en Google) al precio anterior y no estará dispuesto a pagar más de esa cifra. Es decir, habrás quemado la pieza. Si sólo es una, no hay demasiado problema, pero si son más estás poniendo en riesgo tu negocio.

4. Estás perdiendo clientes

Si tus clientes habituales descubren que vendes en estas plataformas pronto comenzarán a comprar tus objetos exclusivamente a través de ellas, ya que los precios a los que te obligarán a vender serán más bajos que los que ofreces por tu propio canal (ya sea tu tienda, galería o propia página web).

Para contrarrestar este efecto, muchos vendedores aprovechan las ventas a través de las plataformas para añadir en el paquete un mensaje a los compradores «invitándoles» a visitar su tienda y a contactar con ellos directamente saltándose a la plataforma intermediaria en próximas ventas. Se trata de un truco muy extendido que todos los vendedores habituales conocen, pero que no está permitido por las plataformas, obviamente.

5. Estás bajando los precios de tu propio mercado

Cada vez que un comprador visita estas plataformas y ve las estimaciones de los objetos tan bajas, está «aprendiendo» que esos son realmente los precios a los que debe comprar y que, por lo tanto, cuando acude a una tienda física o a tu web profesional, está pagando de más. De hecho, el comprador no asocia la comisión que ha pagado a la plataforma con el objeto que ha comprado, sino con el servicio que ha recibido por parte de la intermediaria.

Como consecuencia, el cliente que te ha comprado un objeto directamente se siente engañado porque cree que ha pagado más de lo que debería y, muy probablemente, no volverá a comprarte nada. Sobra decir que, ademas, estás arrastrando tu prestigio por los suelos.

Existen muchas otras razones para no vender obras de arte, antigüedades o coleccionables online a través de estas plataformas intermediarias, como que una vez cobrada su comisión se lavarán las manos ante cualquier incidencia o que una mala valoración de un comprador insatisfecho puede dañar seriamente tu reputación, por mucho que sea injustificada o, directamente, falsa. Pero las expuestas aquí son absolutamente vitales para cualquier profesional y de ellas puede depender el futuro de tu negocio.

Conclusión

En estos tiempos tan difíciles para nuestro sector,  cada día de supervivencia cuenta. Perder dinero tirando los precios por los suelos, arriesgar el prestigio de nuestro negocio injustificadamente o estar en desventaja con otros vendedores que, en muchos casos, ni siquiera son profesionales con la formación debida, no debería ser una opción.

Como profesionales, debemos reivindicar nuestro valor y el servicio de calidad que ofrecemos a nuestros clientes asesorándoles personalmente, ofreciéndoles la garantía de nuestra experiencia, conocimiento y ética profesional. Malvender nuestras piezas al mejor postor y contribuir a la caída de nuestra profesión nunca debería ser una salida.

Si te ha interesado esta entrada, quizás también te interese: 5 razones para no comprar obras de arte en Internet.

***

CATAWIKI OPINIONES ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE: A raíz de las opiniones publicadas en los comentarios sobre el portal de subastas Catawiki, me gustaría aclarar que esta entrada no era para hablar sobre Catawiki en concreto, sino sobre plataformas intermediarias en general.

No obstante, el hecho de que todas las opiniones negativas recibidas sean sobre Catawiki no deja de ser altamente significativo.

Imagen del programa «Antiques Road Show» donde expertos proporcionan valoraciones gratuitas de obras de arte y antigüedades.

La valoración gratuita de obras de arte y antigüedades es uno de los servicios más demandados a los profesionales del sector. Ahora bien, ¿cómo conseguirla?

Hay varias formas. A continuación te detallo cómo puedes obtener una tasación gratuita de tu obra de arte o antigüedad.

  1. Casas de subastas

La forma más sencilla es dirigirnos directamente a una casa de subastas local. Puedes llevarles la pieza que quieres valorar y dejar que sus expertos te proporcionen un precio. Muchas casas de subastas no proporcionan este servicio y sólo te darán una estimación si están interesados en que vendas a través de ellas el objeto que les lleves. En todo caso, ten cuidado. Las valoraciones que proporcionan las obras de arte serán más bajas que los precios de mercado objetivos. Esto es así porque se mueven en el mercado secundario, donde los precios son más bajos que en el primario y porque, para que sus compradores se animen a comprar y paguen también su comisión, los precios deben ser más bajos que en una tienda de antigüedades o galería. El que la valoración que te proporcionen sea más baja es perfectamente lícito, pero como propietario de la obra o antigüedad sería más justo que conocieras previamente su valor objetivo para que veas si te interesa vender en sus subastas o prefieres probar otras alternativas.

2. Tiendas de anticuario o galerías de arte

Al igual que en las casas de subastas, las tiendas de antigüedades o galerías de arte pueden darte una valoración gratuita. En realidad, este no es su trabajo y no se dedican a ello profesionalmente, pero suelen estar abiertos a proporcionar una valoración. No obstante, si les interesa tu objeto te darán una valoración por debajo de su valor real, de forma que al ponerlo en venta ellos puedan obtener un beneficio. Esto es perfectamente normal y no hay nada malo en ello, excepto que al no ser objetivos ya que tienen un claro interés, no nos van a proporcionar una valoración objetiva, real y acorde a mercado.

3. Hazlo tú mismo

Hoy en día existen abundantes recursos para que puedas realizar tú mismo una tasación de tu obra de arte o antigüedad. Puedes buscar objetos similares al tuyo en las bases de datos de las casas de subastas internacionales, tanto físicas como online o en webs especializadas como Artprice (aunque esta última tiene un coste para poder acceder a los resultados de ventas). La mayor dificultad aquí reside en que identifiques exactamente cuál el estilo, período, técnica, taller o artista de forma que puedas hacer una comparación realista. Consulta aquí los criterios para valorar una obra de arte de forma que tengas una buena orientación de qué factores debes tener en cuenta.

Las valoraciones gratuitas de obras de arte y antigüedades pueden conseguirse con bastante facilidad, como puedes ver. También es cierto que no serán valoraciones objetivas y que no siempre casas de subastas o galerías van a estar dispuestas a ofrecernos gratuitamente un servicio que, en realidad, no es su trabajo ya que se dedican a la venta y no a la realización de tasaciones.

Si quieres una valoración objetiva deberás dirigirte a profesionales cualificados e independientes. Normalmente suelen cobrar unos honorarios basados en 100 euros la hora, dependiendo de la dificultad de análisis de una pieza en cuestión. No te ofrecerán comprarte tu pieza ya que no sería ético.

En Tasartia realizamos tasaciones de obras de arte desde 10 euros. Te decimos qué hace que tu pieza sea especial y cuál es su valor objetivo de mercado. De esta forma te será más fácil venderla por tu cuenta si es eso lo que quieres o, simplemente, conocer cuál es el verdadero valor de esa pintura, mueble o joya que siempre ha estado en tu familia. ¿Quién sabe? ¡Puedes tener un tesoro en casa!

¡Comenzamos!

Si quieres solicitar tu tasación y tenerla en sólo 48 horas, rellena este formulario y enseguida te contestaremos.