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Día de lluvia en París. Gustave Caillebotte

22 febrero, 2014 | mercado | No hay comentarios

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El Art Institute of Chicago ha llevado a cabo la restauración de una de sus obras más emblemáticas, la que quizás sea la obra más conocida y reproducida del impresionista Gustave Caillbotte, Día de lluvia en París.  Y, siguiendo la estela de otros grandes museos, como el Metropolitan de Nueva York o la National Gallery de Londres, ha realizado un vídeo con los distintos pasos que se han seguido y los criterios sobre los que se ha trabajado.

El resultado es, sobra decirlo, espectacular.

Imagen de la pasada edición de ARCO

Hoy ha arrancado una nueva edición de la feria internacional de Arte Contemporáneo más famosa del país. Personalmente, no es una de mis ferias preferidas y no suelo recomendarla para coleccionistas que están dando sus primeros pasos o que no se desenvuelven con soltura en el mundo de la compra venta de Arte. ¿Por qué?

En primer lugar, participar en ARCO es muy caro. Eso hace que sólo vayan las galerías que pueden permitírselo, y que, para amortizar su presencia, lleven piezas muy comerciales o muy llamativas para que los medios se fijen en ellas. Se quedan fuera galerías con opciones más frescas y modernas, con artistas menos conocidos pero que, a medio/largo plazo pueden ser una excelente inversión.

En segundo lugar, como profesional, no me gusta la política de ARCO. No son claros con las cifras que se barajan, lo que hace que no podamos hacernos una idea exacta del volumen de negocio y, por lo tanto, tengamos que movernos en el terreno de la simple especulación. Tampoco es nada fácil acceder a la organización para conseguir entrevistas, contrastar datos, conseguir información de participantes, etc.

Y, para concluir, siempre van las mismas galerías y se ven las mismas caras, independientemente del trabajo que haga cada año el comité seleccionador. Hecho en falta una apuesta menos comercial, más comprometida con el Arte, más abierta al público en general y menos elitista. Eso no quiere decir que no obtengan beneficios, más bien, todo lo contrario. Si la política actual no funciona, quizás una buena estrategia sería cambiarla y ver si también lo hacen los números. Yo me inclino a pensar que sí.

De todas formas, si estás interesado en comprar en ARCO, aquí van unas cuantas recomendaciones para evitar males mayores.

1. Nunca compres en la primera visita.  Si has visto una pieza que te haya gustado no compres sobre la marcha. Espera a una segunda visita o solicita los datos de contacto para comprar fuera de la feria. Ten en cuenta que la segunda vez que veas la obra ésta puede haber perdido parte del encanto que le atribuiste la primera vez. Créeme, pasa muy a menudo.

2. Compara. Mira diferentes galerías, compara precios, investiga la trayectoria de los artistas y los precios. Hacer los deberes te librará de una mala decisión.

3. Confía en tu instinto. Compra siempre obras que te gusten especialmente, que te «hablen», que te transmitan emociones. No importa lo que te diga el galerista o su asistente, tu criterio debe ser el único que cuente ya que sólo tú pagarás la factura.

4. Exige la documentación de la obra. En principio, en una feria del nivel de ARCO, esta recomendación debería ser innecesaria pero, por si acaso, recuerda que tienes derecho a una factura detallada y al DOCUMENTO DE AUTENTICIDAD de la obra. Ambos documentos serán imprescindibles más adelante.

 Algunos profesionales del mercado del arte ofrecemos entre nuestros servicios un acompañamiento guiado a las ferias de arte a nuestros clientes habituales. Los precios no son demasiado altos y te ahorrarán el dinero tirado en una mala inversión. Asegúrate de que se trate de un profesional independiente que verdaderamente se preocupe de tu cartera, por lo que es interesante que previamente se haya establecido una relación de confianza entre ambos. En Tasartia ofrecemos este servicio, entre otros.

Y, por último, estos días en Madrid se celebran otras muchas ferias de arte con propuestas muy diferentes y precios muy variados. Desde aquí, te animo a darles también una oportunidad. Al final, tu opinión como cliente, es la única que cuenta.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Cómo funciona una subasta de arte

10 febrero, 2014 | mercado, Subastas | 2 comentarios

Una pregunta que me hacen a menudo muchos clientes que quieren vender sus obras es cómo funciona una subasta de arte.

En realidad, es una pregunta muy genérica, ya que cada casa de subastas tiene su propia forma de trabajo y las condiciones, métodos y procedimientos pueden variar ampliamente de una a otra. No obstante, sí que hay una serie de pautas comunes a todas.

Imaginemos que tenemos una obra de arte que queremos vender y nos hemos planteado hacerlo a través de una subasta. ¿Qué pasos tendríamos que dar?

  1. Cuestiónate si es la opción más adecuada para tu tipo de obra.
No todas las obras son susceptibles de ser aceptadas por una casa de subastas. En general, sólo se aceptan obras de una alta calidad técnica y artística cuya venta compense a la casa de los gastos que se ocasionen.
Esto no implica que la obra necesariamente tenga que ser muy cara. Algunas casas aceptan obras de poco valor económico pero curiosas o poco comunes para poder ofrecer piezas desde cifras bajas y cubrir así un mayor intervalo de precios. Es una buena forma de atraer nuevos clientes y de diferenciarse.
Si nuestra obra no tiene ninguna de estas cualidades será mejor buscar otra forma de venta.
2. Dirígete a varias casas de subastas
Una vez tengamos claro que nuestra obra cumple con los requisitos, el siguiente paso es dirigirnos a diferentes casas de subastas donde nuestra pieza pueda encajar. Lo más indicado es hacerlo personalmente, pero actualmente el teléfono e Internet son excelentes aliadas para facilitar el proceso. Existe una amplia variedad de casas de subastas. Las cifras más altas se obtienen en las grandes casas internacionales: Chritie’s, Sotheby’s, Bonham’s, etc. No obstante, las casas locales, en determinados casos, son también una buena opción.
3. Facilita los datos de tu obra
Normalmente te pedirán que envíes fotografías de tu pieza y  que esperes algunos días a que sus expertos las analicen. Hay veces que rechazan obras espectaculares simplemente porque no se ajustan a su línea de trabajo o porque no le ven una salida clara en una subasta próxima. Otras, aceptan obras de inferior calidad para ampliar la oferta de obras y su rango de precios. Es importante facilitar todos los datos posibles: historial de propiedad (si se conoce), datos técnicos, estado de conservación, certificados de autenticidad, valoraciones, inclusión o no de la obra en catálogos razonados, participación en exposiciones…
Si la casa está interesada en la obra probablemente querrán ver la obra directamente, por lo que solicitarán que lleves la obra personalmente a una de sus oficinas o bien sus expertos se desplazarán a tu domicilio.
4. Analiza las condiciones de venta
Una vez aceptada la obra por una o varias casas de subastas, te harán llegar un contrato con sus condiciones. Normalmente, la casa se queda con un porcentaje del precio final de venta (variable en función de cada casa y del tipo de obra y el beneficio que se espere obtener de la misma) y el vendedor con el resto. Casi siempre debe pagar también el seguro de traslado de la obra. Es importante dirigirnos a varias casas de subasta pues así podemos elegir aquella que nos ofrezca las condiciones de venta más favorables para nosotros.
5. ¡Suerte!
Los expertos de la casa de subasta realizarán una estimación del precio de venta, que será siempre un precio aproximado. La obra saldrá a la venta por un precio de salida bastante más bajo, usualmente la mitad del precio esperado. Debes tener claro que, si no se consiguen pujas más altas, este precio de salida, será el precio de remate, es decir, el precio final de la obra, por lo que debes estar seguro de aceptarlo.
Normalmente, las estimaciones están bien hechas y las obras suelen alcanzar el precio estimado o incluso superarlo. 
Por ejemplo, imaginemos que tenemos una obra estimada en 30.000 euros. El precio de salida sería 15.000 euros. Es posible que no se realicen más pujas y tengamos que conformarnos con estos 15.000 euros, aunque lo normal es que alcance los 30.000 o lo supere ligeramente.
También existen las excepciones, cuando la obra no recibe ninguna puja y se retira sin ser vendida o, en el lado opuesto, cuando se supera, muy por encima del precio estimado. 
Actualmente, la mayoría de las casas de subastas, ponen las obras no vendidas en subastas  en venta a través de sus tiendas (en catálogos o Internet), a un precio inferior al estimado pero superior al de salida. 
Y, en líneas generales, así es cómo funciona una subasta desde el punto de vista del vendedor de la obra. Lógicamente, la casuística es tan amplia como cada tipo de obra. 
Si te interesa tasar y vender tus obras de arte, puedes contactar con nosotros en Tasartia para solicitar nuestros servicios.Además de valorar tu obra, te indicaremos la mejor forma de comercializarla y, si es susceptible de venta en casas de subastas, podemos realizar las gestiones por ti. Estaremos encantados de facilitarte toda la información que necesites y ayudarte en todo el proceso.
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Aparece un Zurbarán inédito en Bruselas

4 febrero, 2014 | Artistas, mercado, Pinturas | No hay comentarios

Los desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría


‘Los desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría‘ fue uno de sus últimas obras. El lienzo apareció hace dos años en manos de un coleccionista privado en Suiza.

El 27 de agosto de 1664. Francisco de Zurbarán muere en Madrid tras haber dejado una profunda huella religiosa en la pintura española del Siglo de Oro. En el inventario post mortem que se hace en su casa, además de lo habitual –sábanas, camas, sillas…-, aparece un cuadro de nombre sugerente: Los desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría. Tras ir cambiando de propietario a través de los siglos, esta obra desaparece sin dejar rastro. Hasta ahora. Los visitantes del Palacio de Bellas Artes de Bruselas serán los primeros que puedan apreciar a esta joven Virgen María sosteniendo a un niño Jesús que coloca el anillo de casada a la santa del título.

Zurbarán pintó esta escena en los últimos años de su vida, en una etapa que los críticos van apreciando cada vez más. “Su valor artístico responde a un especial interés por la producción tardía del pintor, que hace años se consideraba de decadencia. Vemos ahí una paleta más clara, un Zurbarán más íntimo”, asegura Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación del Museo del Prado y asesor de la exposición que se ha inaugurado hoy en la capital belga.

Tras perderle la pista, los especialistas tienen noticias de Los desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría por primera vez hace dos años, cuando aparece en Suiza en manos de un coleccionista francés. Pero en este tiempo no se ha mostrado en ningún lugar, ni siquiera en la exposición que hasta el pasado 6 de enero se celebró en Ferrara (Italia), análoga a la de Bruselas.

El pintor extremeño se trasladó a Sevilla muy joven. Pero el declive económico de esta ciudad en la segunda mitad del siglo XVII le obligó a mudarse a la capital del reino. La peste bubónica de 1649, la crisis de la ruta comercial con el Nuevo Mundo y las guerras europeas castigan la economía de la hasta entonces próspera Sevilla. Por si fuera poco, un joven llamado Murillo empieza a despuntar y arrebata a un Zurbarán ya en la cincuentena los pocos encargos que le hacen.

Es entonces cuando decide irse a vivir a Madrid y cuando reduce el tamaño de los cuadros frente a la época de esplendor sevillana, en la que pintaba para las boyantes órdenes religiosas. “Los artistas que han tenido éxito suelen ser buenos hombres de negocios. Tienen habilidad para adaptarse a las situaciones económicas. En esta etapa madrileña trabaja para nobles y gente con poderío económico, pero no para la Corona. Produce un gran número de obras gracias a mantener un taller de aprendices muy activo”, explica Finaldi. Es en ese momento, ya muy cerca del final de su vida, cuando pinta el matrimonio místico que ahora pueden ver hasta el próximo 25 de mayo los que vayan a la capital belga, justo ahora que se cumbre el 350 aniversario de la muerte del maestro.

Fuente: El País. Luis Doncel. Publicado el 31 de enero de 2014.

¿Crees que tienes un cuadro valioso y te gustaría saber su valor?

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

La incógnita Fabergé

30 enero, 2014 | antigüedades, joyas, mercado | 4 comentarios

Entre 1883 y 1917 Peter Carl Fabergé, el joyero oficial de la Corte Imperial Rusa, uno de los más famosos e influyentes de su tiempo, realizó un total de 69 huevos de Pascua, conocidos como Huevos Fabergé, para el Zar, la aristocracia y la élite industrial y financiera. De ellos, se conservan 61.
¿Dónde están los ocho huevos restantes?

Se trata de una de las grandes incógnitas de la Historia del Arte sobre la que han corrido no pocos ríos de tinta y se han aventurado teorías varias. Lo cierto es que a día de hoy, los huevos desaparecidos, todos ellos pertenecientes a la llamada «categoría imperial» (fueron realizados para la familia del Zar) sigue siendo un enigma.

María Fiodorovna, para quien el zar Alejando III encargó el primer Huevo Fabergé
Pero empecemos por el principio. ¿Qué son los Huevos Fabergé?
Retrato de Peter Carl Fabergé en su taller
Para la Pascua de 1883, el zar Alejandro III, padre del último zar, Nicolás II, encargó a Fabergé un huevo de Pascua muy especial como regalo para su joven esposa, María Fiodorovna (nacida Dagmar de Dinamarca). Como todas las princesas que son enviadas lejos de su país y de su familia para ser casadas con un completo desconocido y reinar en un país en el que eran extranjeras, María añoraba su hogar y a sus padres y eso la hacía sentirse triste y melancólica. Este regalo probablemente fue un intento de alegrarla y, por lo que sabemos, lo consiguió. Consistía en un huevo con cáscara de platino que dentro contenía otro más pequeño de oro. Al abrir este segundo huevo dentro se encontraba una gallina de oro en miniatura que portaba la corona imperial rusa sobre su cabeza. Para realizarlo, el joyero se había inspirado en otro existente en la colección de la casa real danesa, recordando así al país natal y el hogar de la joven.
Primer Huevo Fabergé. Inspirado en otro similar perteneciente
a la casa real danesa.
De hecho, el huevo tuvo tanto éxito que el zar ordenó que cada año Fabergé realizara uno nuevo para la zarina, estipulando solamente que éste fuera único y que contuviera una sorpresa en su interior, quedando así instaurada una tradición que heredaría su hijo, Nicolás II. 
Para el diseño de los huevos imperiales, Fabergé se basaba en los diferentes estilos artísticos europeos, desde el Barroco al Modernismo (ya entrado el siglo XX) así como en piezas orientales que habían comenzado a ponerse de moda a partir del siglo XVIII a través del comercio vía Venecia y que pudo contemplar durante sus viajes por Europa.

Huevo de la tela de araña

Creó huevos para la conmemoración de acontecimientos especiales, como la coronación del zar Nicolás II, la finalización de la línea del tren Transiveriano o diversos aniversarios importantes. La sorpresa del interior era siempre mantenida en riguroso secreto, incluso para el mismo zar. El yate imperial Standart, el Palacio de Alejandro, el Palacio Gátchina o la Catedral Uspensky son algunos ejemplos de las miniaturas que contenían.

Huevo de la Coronación
Miniatura del yate imperial ruso
Huevo del Pamiat Azov
Las técnicas y materiales utilizados eran tan variadas como los mismos huevos. Fabergé se enorgullecía al afirmar que se realizaban únicamente con metales, minerales y piedras procedentes de la misma Rusia. Oro, platino, plata, cobre, níquel, paladio, etc, se combinaban con minerales como el jaspe, malaquita, rodonita, lapislázuli, etc. para conseguir diferentes colores para la «cáscara» del huevo, a la que posteriormente se añadían piedras preciosas y semipreciosas procedentes de las minas rusas. También las miniaturas contenían piedras preciosas. 
Huevo del Transiveriano
Los precios de todas estas piezas en el mercado son, obviamente, elevadísimos. A la calidad artística de las obras hay que sumar el coste de las piedras preciosas y el resto de materiales y, sobre todo, el altísimo valor histórico que suponen en sí mismas. Si añadimos la escasez (sólo contamos con 61 huevos localizados, la mayoría en museos que no van a desprenderse de ellos) y la gran demanda por parte de coleccionistas ansiosos por conseguir piezas tan exclusivas, nos salen cifras de vértigo. El conocido como Huevo Rothschild fue subastado en 2007 por Christie’s Londres con un precio de remate de 12,5 millones de euros y en 2002 el llamado Huevo de Invierno, realizado con más de 3.000 pequeños diamantes y cristales, fue vendido por  9,5 millones de dólares a un coleccionista de Qatar.

Huevo de Invierno, vendido por 9,5 millones de dólares en 2002
Los demás huevos no imperiales, encargados por personajes relevantes de la época, como Alfred Nobel, el Príncipe Yussupof, la Duquesa de Marlborough o la familia Rothschild han llegado perfectamente a nuestros días. Los huevos de la familia Romanov, sin embargo, han corrido otra suerte bien distinta.

Huevo «Pedro El Grande»
Fabergé realizó 52 huevos imperiales, 44 de los cuales están localizados aunque dos de ellos, el denominado «de la constelación del Zarevich» y el huevo de «abedul de Karelia», los últimos encargados en 1917, nunca fueron terminados ni entregados por el estallido de la Revolución Rusa y la ejecución de la familia Romanov. Los ocho restantes se encuentran actualmente perdidos. De cinco de ellos tenemos documentos gráficos pues aparecen en fotografías realizadas a la familia del zar. De los otros tres no tenemos más que los nombres con que aparecen en los contratos de encargo de la Casa Fabergé por lo que no sabemos cómo podían ser ni qué aspecto tenían.
¿Qué ha sido de estos ocho huevos Fabergé? ¿Fueron desmontados para hacer con ellos otras joyas? ¿Fueron destruidos para vender las piezas por separado? ¿Acabaron en el fondo de la bolsa de uno de los soldados que tomaron el Palacio de Invierno en 1917 y jamás han salido de ahí? 
¿O se encuentran ocultos en alguna caja de seguridad de un banco suizo esperando a que alguien considere que ha llegado el momento de que vuelvan a la luz?
Los Huevos Fabergé son el testimonio de un tiempo pasado, los testigos elocuentes de los excesos cometidos por una élite incapaz de reaccionar ante los cambios sociales que se estaban produciendo y ajena por completo al sufrimiento de su pueblo, que demandaba auxilio a gritos. Gritos que fueron silenciados a golpe de bayoneta y fuego a discreción, como en la masacre del denominado Domingo Sangriento, el 22 de enero de 1905, cuando las tropas del zar cargaron contra una masa de obreros desarmados (numerosas mujeres y niños entre ellos) que se habían dirigido al palacio a solicitar audiencia para exponer las condiciones de miseria en que vivían.

Una época que quizás, más de cien años después, no nos resulte tan ajena.
Pero, volviendo a nuestros huevos desaparecidos…¿Aparecerán algún día? ¿Qué habrá sido de ellos?

¿Qué pensáis?

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)