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Nuevo retrato de Napoleón
Atribuido a Jacqeus Louis David

Si hace unos días hablábamos de la próxima salida a subasta del testamento de Napoleón, esta semana le petit caporal (el pequeño cabo, como lo llamaban sus tropas),vuelve a ser noticia y es que, según el investigador Simon Lee, ha aparecido un nuevo retrato ejecutado por el genial artista francés del XIX Jacques Louis David, quien ya pintó a Napoleón en uno de sus retratos más famosos.

La obra fue adquirida en 2005 por un coleccionista privado por el precio de 18.000 euros. Una cifra, obviamente, ridícula si es cierto que finalmente se trata de una obra de David y que sin duda se disparará si sale a la venta.

No es el único tesoro recién descubierto. Hace apenas 15 días nos hacíamos eco de la aparición de una nueva obra de Constable, y este verano nos sorprendió la aparición de un nuevo Renoir y un Van Gogh.

¿Qué está pasando? ¿Por qué de repente están surgiendo tantas obras perdidas? En mi opinión se debe a todos los cambios sociales y tecnológicos a los que estamos asistiendo en los últimos años y que nos hacen cuestionarnos las cosas que antes dábamos por sentadas. Si hace unos años nadie cuestionaba que el viejo cuadro de la abuela era sólo eso, una obra sin valor, ahora nos estamos permitiendo mirar ese cuadro con nuevos ojos y comenzar a preguntarnos si realmente eso es así o no. Por otra parte, Internet permite hacer llegar las obras a expertos que nos pueden ayudar simplemente enviando unas fotografías, sin ni siquiera mover la obra en un principio.

En Tasartia cada vez son más los clientes que nos envían sus obras por Internet para que las analicemos y les digamos si tienen o no valor, y esta es sin duda una de las partes más bonitas de nuestro trabajo. Porque, aunque una obra ya tiene un valor por el mero hecho de haber pertenecido a un ser querido, es probable que sea más valiosa de lo que pensamos.

Os dejo con la noticia publicada en ABC.

Un retrato de Napoleón Bonaparte pintado por Jacques-Louis David ha sido identificado en Nueva York por Simon Lee, un investigador de la Universidad de Reading. La obra, que fue adquirida en 2005 por unos 18.000 euros por un coleccionista privado que se encargó de su limpieza y restauranción, fue considerada durante mucho tiempo una copia.

Al poco tiempo, Lee pidió al dueño ayuda para intentar autentificar la pintura. La pintura, que se creía perdida, muestra a Napoleón en 1813, en un momento especialmente delicado, ya que los Gran Bretaña y Prusia amenazaban con invadir Francia.
El retrato de Napoleón ahora identificado formó parte de la colección de la familia Borthwick-Norton, en un castillo en el sur de Escocia. Después la heredó Eva Sardinia Borthwick-Norton, quien cedió la obra a la Real Academia Escocesa.

Según Simon Lee a la BBC, «la presencia (de la pintura) en Escocia podría ser una evidencia más de la admiración por el emperador. Al ser retratado con uniforme de la Guardia Nacional, Napoleón se estaba promocionando como el protector y defensor de la nación en un momento en el que Francia estaba bajo una gran amenaza». Lee asegura, además, que «el cuadro buscaba fomentar el patriotismo, pero nunca llegó a un público más amplio, porque tras la invasión aliada quedó fuera de circulación».
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Imagen del Cézanne recuperado por The Art Loss Register en el momento de su subasta, 1999
Hace tiempo que tenía pendiente escribir para el blog una entrada sobre una de las empresas más curiosas y controvertidas que operan en el mundo del arte: The Art Loss Register, a cuya excelente base de datos de obras robadas, mucho más extensa que la de la propia Interpol, dediqué algunas páginas en «Arte y Museos en Internet».
The Art Loss Register es ni más ni menos que eso, una empresa privada que se dedica a localizar todo tipo de obras de arte robadas, desde pintura, grabados o esculturas a vajillas, monedas o joyas. Y, obviamente, cobran por ello. Son numerosas las obras que ha recuperado a lo largo de su existencia, algunas de ellas, de grandes maestros. No obstante, no son pocas las críticas que caen sobre ellos. La opacidad de sus actuaciones es la más importante de todas. Los miembros de The Art Loss Register no desvelan sus métodos ni dan explicaciones sobre cómo recuperan las obras. ¿Tienen contactos en el mercado negro? ¿Negocian con los ladrones que han robado la obra? ¿Utilizan sobornos para conseguir información privilegiada?
No lo sabemos. En todo caso sus servicios, que no se encuentran al alcance de todos los bolsillos, parecen ser eficaces. Y la pregunta es…¿El fin justifica los medios?
Y…¿cuáles son sus medios?
Os dejo con este interesante artículo que publica El País sobre el tema.
Feliz comienzo de semana.

Hay una pequeña calle en la City de Londres, Hatton Garden, que es desde la Edad Media centro neurálgico del negocio de diamantes, piedras preciosas y joyería al por mayor. Aunque no faltan tiendas convencionales con escaparates repletos de anillos de boda, muchas tienen cristaleras opacas y un guardia de seguridad en la puerta.
En esa misma calle tiene su sede The Art Loss Register, una de las compañías más curiosas del mundo: se dedica a localizar y recuperar obras de arte robadas. “Todo tipo de arte, desde instrumentos musicales a vasija, cubertería, monedas, pinturas, esculturas. Todo el rango de cosas que se venden en los mercados de antigüedades”, explica Julian Radcliffe, su propietario, un hombre casi tan misterioso y enigmático como los joyeros de Hatton Garden.
Radcliffe irradia una vitalidad exuberante aunque ya parece tener cierta edad. Responde a todo, pero con la ambigüedad de un viejo zorro que ha dado muchas vueltas en esta vida. Ha sido medio agente secreto, los fines de semana se convierte en granjero al frente de una explotación de vacas y ovejas y los días laborables los dedica a buscar arte robado… y a muchas cosas más.
The Art Loss Register es a duras penas rentable, pero Radcliffe no vive de amor al arte. “Tengo varias compañías. Soy lo que los británicos llaman un empresario en serie. Esta es solo una de mis compañías”, explica. ¿Qué tipo de negocios hace? “Fundé una empresa de seguros de riesgo político en Lloyd’s. Luego una compañía llamada Control Risks, que es bastante grande, con 800 personas, y es la principal consultora de seguridad política en el mundo. Luego una compañía que recupera equipamiento robado del sector de la construcción. Una compañía de subcontratación en la India. En fin…”.
Uno se imagina que la tarea de Radcliffe consiste en esperar a que un ladrón de cuadros le llame un día para proponerle un trato y que él acaba haciendo de intermediario, como si estuviera pactando el pago de un rescate para liberar a una persona secuestrada. “Oh, eso es una parte muy pequeña de nuestro trabajo. Son casos excepcionales”, se sacude la pregunta con modestia. Modestia un poco falsa, porque luego se le escapa que empezó este negocio “porque me lo sugirió un ejecutivo de Sotheby’s que sabía que yo había tenido éxito en control de riesgos y en casos de secuestros, en seguridad personal y en negociaciones gubernamentales y me dijo que por qué no hacía eso en el mundo del arte robado”. ¿O sea que sí ha hecho de mediador en secuestros? “Al principio, en control de riesgos, sí. Una de las compañías ha tratado más de 2.000 asuntos relacionados con secuestros”.
En realidad, la tarea de The Art Loss Register consiste en estudiar de forma paciente los datos de miles de obras de arte que salen cada año a la venta y cruzarlos con los datos de 350.000 obras de arte robadas que conforman la base de datos que la compañía ha ido construyendo desde que fuera creada hace 22 años. Muchos más que los 57.000 que tiene registrados Scotland Yard o los 40.000 de Interpol.
Cada día, una treintena de empleados, algo más de veinte radicados en Dheli (India), llevan a cabo la meticulosa tarea de cruzar lo que está en venta con lo que fue robado, hace a lo mejor 20 o 30 años. “Nuestro trabajo consiste en recuperar piezas que han sido robadas, o piezas falsas, que son una gran parte del mercado de arte. Cada año chequeamos unas 400.000 piezas que nos facilita la policía o que van a los mercados y las cruzamos con nuestra base de datos para evitar que puedan ser vendidas”, explica Radcliffe. “Cada día encontramos unos 50 objetos que coinciden con los que figuran en nuestro catálogo como piezas robadas. Y de esos 50, dos o tres acaban coincidiendo por completo”.
“Luego entablamos negociaciones para conseguir que las piezas robadas sean devueltas a sus verdaderos dueños. Y eso puede ser muy complicado porque la gente que las tenía ase
gura que las han comprado de buena fe y que los dueños son ellos y no los que fueron víctimas del robo inicial o su compañía aseguradora”, añade.
“Cuando empezamos, muchos de los individuos con objetos robados eran estafadores o casi, porque no sabían que les estábamos buscando. Ahora no venden en el segmento alto del mercado, venden por menos dinero, que es parte de nuestro objetivo: que el robo de arte sea menos rentable para los criminales. Y la gente que las saca a la venta en las grandes subastas no saben que se trata de obras robadas, pero tampoco han hecho lo que tenían que haber hecho: antes de comprar, comprobar con nosotros que no se trata de obras robadas”, advierte Julian Radcliffe.
El valor medio de cada pieza recuperada es de unos 9.500 euros, “muy poco dinero”. La compañía tiene tres fuentes de ingresos: carga un porcentaje (que puede llegar hasta el 20%) a la persona o entidad que recobra la pieza; cobra unos 30 euros por cada pieza robada registrada en sus archivos y cobra por la utilización de su base de datos, un servicio que genera en torno a tres cuartas partes del cerca de millón de euros que ingresa la firma en un año.
Pero de cuando en cuando llega algún caso que se convierte en noticia. Como la recuperación en 1999 de una obra de Paul Cézanne, Bouilloire et fruits, que había sido robada en 1978 junto con otros seis cuadros al millonario Michael Bakwin en su casa de Stockbridge (Massachusetts, Estados Unidos). El supuesto ladrón, David Colvin, había muerto tiroteado en 1979 y los cuadros se los quedó su abogado, Robert Mardirosian. Este intentó asegurarlos en Londres en 1999 para sacarlos a la venta, pero la aseguradora sospechó y se puso en contacto con la empresa de Radcliffe. Este, en colaboración con el FBI y la policía suiza, logró tender una trampa a Mardirosian y recuperar el cézanne, que luego fue subastado por 29,3 millones de dólares (equivalentes hoy a unos 33 millones de euros). “Pero ese es un caso excepcional”, asegura Radcliffe con modestia.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

A subasta el testamento de Napoleón

25 septiembre, 2013 | mercado, Subastas | 4 comentarios

Imagen del testamento de Napoleón
A.J.GrosNapoleón en el puente de Arcole. 1798-1800
Óleo sobre lienzo, 134 x 104 cm


Durante sus días en Santa Helena, donde fue confinado tras su derrota, Napoleón redactó su última voluntad. Sabiendo que cualquier documento que saliera de su puño y letra sería inmediatamente confiscado, fue su primer oficial, Montholon, quien se encargó de su escritura, consiguiendo así que pasara inadvertido para los guardianes que lo custodiaban.

El próximo 6 de noviembre la casa de subastas francesa sacará este testamento perdido de una de las grandes figuras de nuestra historia. Su precio estimado: entre 108.000 y 162.000 dólares americanos. Personalmente me inclino a pensar que la cifra se superará con creces. 
Estaremos pendientes.

Encerrado en su exilio forzoso en Santa Helena, cuando veía acercarse la muerte, Napoleón ideó una estratagema para engañar a sus captores ingleses y hacer que llegara a Francia enseguida su testamento, una copia del cual se subastará ahora en París.
Ante la sospecha de que los ingleses secuestraran sus últimas voluntades, el emperador hizo que uno de sus fieles lugartenientes, el conde de Montholon, hiciera una copia de las mismas. Al no estar escrito por el propio Napoleón, el texto pasó inadvertido a los guardianes.
La casa de subastas Drouot pondrá a la venta el próximo 6 de noviembre dos de los documentos redactados por Montholon al dictado de Napoleón, considerados como piezas clave del “cuerpo testamentario” del emperador y que son los únicos que no están en manos de los Archivos Nacionales galos.
El precio estimado de los documentos es de entre US$ 108.000 y US$ 162.000.
“El testamento de Napoleón es amplio: lo escribió y lo fue ampliando a lo largo de sus últimos meses de vida. Estos dos documentos forman parte del mismo y son importantes para entender cómo la última voluntad de Napoleón llegó a Francia tras su muerte”, explicó el comisario de la venta, Christophe Castandet.
Como sospechaba Napoleón, los ingleses se llevaron el testamento original, guardado bajo llave en los archivos británicos. Pero en Francia se supo pronto su contenido gracias a las copias efectuadas por el lugarteniente del emperador. En particular, su voluntad de ser enterrado en suelo francés.
“Deseo que mis cenizas reposen en la ribera del Sena, en medio de ese pueblo francés al que tanto he amado”, redactó el emperador pocos días antes de su fallecimiento el 5 de mayo de 1821.
Los documentos subastados en noviembre tienen fecha del 16 de abril de ese año.
Napoleón estaba ya moribundo, apenas podía sostener la pluma y, postrado en su lecho, dictaba sus últimas voluntades a Montholon, el único que tenía permiso para compartir la habitación del emperador en su residencia de Longwood. 
Fuente: EFE
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Un Constable en el armario

17 septiembre, 2013 | Artistas, mercado, Pinturas | 4 comentarios

Nuevo Constable descubierto

La Historia del Arte, probablemente nunca terminará de escribirse por completo. Y es que, de vez en cuando, nos encontramos con sorpresas como ésta: una pequeña miniatura adquirida en una subasta por unos 30 euros hace 10 años ha resultado ser una rarísima obra Constable, de uno de los grandes pintores ingleses del siglo XIX. Se estima que su precio actual ronda los 300.000 euros.

Rob Darvell, la persona a la que su padre le dio la obra después de haber hecho limpieza en su casa, pidió la ayuda de los especialistas. Su progenitor había sospechado que este paisaje se trataba de un trabajo original porque había una firma desteñida en la parte posterior. El experto en falsificaciones y marchante de arte Curtis Dowling ha declarado a Reuters que él y su equipo han pasado nueve meses analizando la pintura.
«Se trata de una pieza que estaba realmente perdida. Es interesante que sea tan pequeña, algo que no se da tan frecuentemente. Algo que no habíamos visto antes…», ha indicado Dowling, quien añade que la obra ha pasado de una mano a otra durante años sin que pisara el mercado. El experto, quien ha aparecido en numerosos programas de televisión comprobando la autenticidad de todo tipo de objetos, ha dicho que la pintura no se encuentra en las «mejores condiciones» y que con seguridad va a provocar división en el mundo del arte.»Hay muchas obras así, que permanecen en los armarios o en cajas en los garajes».
El pequeño cuadro fue primero propiedad del suegro de Constable y guardado en Suffolk. Ahora está en una caja de seguridad hasta que por fin se exhiba públicamente.
John Constable, nacido en Suffolk, es famoso por sus representaciones de los paisajes de Dedham Vale, conocido como el país de Constable. Su pintura más conocida, El carro de heno  de 1821, ahora se halla reproducida en millones de copias por todo el mundo.
Fuente: El País
¿Cuántos otros tesoros tendrán sus propietarios olvidados en un desván o en un armario sin saberlo? Estoy segura de que aún nos quedan muchos grandes descubrimientos por hacer…
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Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Cómo valorar una obra de arte

4 septiembre, 2013 | Coleccionistas, mercado, Subastas | No hay comentarios

¿Qué precio podría alcanzar un Leonardo que saliera al mercado?
Como profesional de la tasación de obras de arte y antigüedades no son pocas las veces que me han formulado esta pregunta. Normalmente va seguida de alguna exclamación de asombro sobre la cifra, en apariencia desorbitada, alcanzada por una obra determinada.
¿Cómo puede valer tantos de millones de euros un simple lienzo? ¿O una escultura? ¡O una simple acuarela! ¿De verdad está justificado ese precio?
Bien, la respuesta, en general es sí. No siempre, como intentaremos exponer en esta entrada, pero sí la mayoría de las veces. 
Comencemos por el principio, ¿qué criterios se tienen en cuenta para valorar una obra de arte? Como explico en mi libro «Cómo invertir en Arte con éxito» hay tres factores fundamentales que determinan el valor de una pieza, bien se trate de una obra de arte o una antigüedad: la obra en sí misma, el autor y el mercado.
En cuanto a la obra en sí misma debemos tener en cuenta sus características intrísecas según la naturaleza de la misma. En una pintura, por ejemplo, tendremos en cuenta su autenticidad, la autoría, la antigüedad, el estado de conservación, el tamaño, la importancia dentro de la obra de un artista, su relevancia en el mundo del arte, su historial de propietarios, si ha participado o no en exposiciones, si se encuentra incluida en catálogos razonados, si cuenta con alguna peculiaridad específica que pueda sumar o restar valor…y así un largo etc. de pequeños y no tan pequeños detalles que nos irán dando más información sobre la obra y sobre cómo va a encajar en el mercado.
El segundo factor, el artista, es igualmente importante. Si éste se conoce, debemos atender a su cotización en el mercado, el estado de su carrera (en el caso de artistas aún en activo), la extensión de su producción, su importancia dentro de un movimiento o grupo determinado, su relevancia dentro de la Historia del Arte y sobre todo, y muy importante, si sus obras tienden o no a revalorizarse con el tiempo, lo que supondrá que la inversión en su trabajo sea o no rentable, condicionando enormemente el precio.
El tercer factor, el mercado es igualmente importante. Aquí entra en juego una ley tan antigua como el comercio: oferta y demanda. A mayor demanda y menos oferta más alto será el precio. Es decir, si la obra de un artista es escasa y existe una gran demanda por ella, su precio será más alto. Es el caso de los grandes maestros. Por ejemplo, Leonardo. Existen actualmente muy pocas obras atribuidas al 100% al gran maestro del Renacimiento, prácticamente todas en los grandes museos del mundo. Los pocos propietarios que poseen un Da Vinci muy difícilmente van a desprenderse de él. Ahora bien, imaginemos que uno de ellos decide vender su preciada obra, sin duda la joya de su colección. ¿Qué pasaría? Inmediatamente el mundo del arte se movilizaría. Todos los grandes museos y coleccionistas pujarían por hacerse con él. A esto debemos sumar el hecho de que los grandes maestros son siempre una apuesta segura. Es muy difícil que una obra de estas características no se revalorice, es decir, el propietario que adquiera la obra, sabe con una seguridad cercana al 100% que su adquisición se revalorizará al cabo de unos años si algún día decide volver a sacarla al mercado. Luego nuestro Leonardo alcanzará una cifra récord.
No obstante, son muchos los criterios que pueden influir en el factor mercado. La moda es uno de ellos. ¿Existen modas en el mercado del arte? Por supuesto. Las obras de Vermeer por ejemplo, uno de los grandes maestros de la Historia de la Pintura, han tenido una fuerte revalorización durante el siglo XX y XXI. Sus escenas intimistas, el misticismo de sus interiores y la sutileza de su luz son definitivamente más del gusto de nuestros contemporáneos que de los amantes del arte del siglo XIX, que preferían, en general, a su compatriota, Rembrandt. 
Las burbujas creadas ex professo en el mercado son otra circunstancia que puede alterar el precio de una obra. A veces, para que la cotización de un artista determinado, no baje produciendo pérdidas a las galerías que lo representan y a inversores que han apostado por su obra, se «inflan» a posta los precios de sus trabajos. Se trata de una práctica poco ética, por supuesto, pero existe. Para profundizar un poco más sobre esta polémica técnica recomiendo el documental «La gran burbuja del arte contemporáneo» . Ahora bien, el mercado del arte, como todos los demás mercados y como la Historia nos ha enseñado una y otra vez, tiende a regularse por sí mismo. Luego es previsible que en algún momento determinado, estas «burbujas» estallen volviendo a su valor de mercado real, probablemente, mucho más bajo.
Luego, ¿es desorbitado el precio de un Leonardo, un Degas o un Van Gogh por el que se pagan cientos de millones de euros? Tras lo expuesto aquí, obviamente, no.
 Por tres sencillas razones:
– Se trata de obras muy escasas para las que existe una gran demanda por parte de coleccionistas, inversores, museos, etc.
– Tienen una gran relevancia dentro de la Historia del Arte, procedentes de grandes maestros que han determinado  el curso de la misma.
– La posibilidad de revalorización a medio plazo es elevadísima, rayana en la certeza, con lo que se trata de una inversión altamente rentable y segura. 
Tasar, poner precio a una obra de arte, no es fácil. Como hemos visto es necesario tener en cuenta muchos y diferentes factores y ponderar cada uno de ellos. Pero se trata de una actividad fascinante y necesaria porque si no sabemos el valor de lo que tenemos es difícil que sepamos apreciarlo.
¿Tienes alguna obra de arte o antigüedad que te gustaría valorar? En Tasartia podemos ayudarte. 

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)