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Tu museo favorito en tu móvil

12 marzo, 2014 | apps, Museos | No hay comentarios

Hoy compartimos este interesante artículo sobre las aplicaciones móviles para museos.

El Louvre cabe en un bolsillo. Y el MoMA, El Prado, el Thyssen o la Tate. En el mismo bolsillo. Los museos de todo el mundo se están subiendo al carro de la revolución tecnológica con una piedra angular muy clara: el móvil. “Las apps y la renovación tecnológica de museos son mundos en plena evolución y la entrada de las instituciones culturales en los medios digitales es ineludible”, asevera rotundamente Nuria González Ubieta, subdirectora de publicaciones del Guggenheim. En la misma línea se manifiesta Elyse Topalyan, vicepresidenta de comunicaciones del Museo Metropolitano de Nueva York, el cuarto museo más frecuentado del mundo con más de seis millones de visitantes en 2012 según el último Museum Index elaborado por Aecom: “Solo hace 12 meses que el debate a nivel global ha pasado de las apps como campo de experimentación a las apps como fulcro estratégico y crucial para la misión de un museo”. Como demuestra la reciente exposición virtual de Casa del Lector que permite visitar los contenidos de la Biblioteca Nacional de Israel a través de distintos dispositivos hasta el próximo 21 de septiembre.

El presente pertenece a las aplicaciones para móviles y tabletas, oportunidades para descubrir las obras maestras en cualquier momento y lugar, a veces gratis, a veces pagando. Pero el futuro cercano apunta a una innovación tecnológica que desbordará los límites de la pantalla y sumergirá al visitante digital en una visita en primera persona. Con Oculus Rift —unas gafas de realidad virtual que llegarán a las tiendas a finales de año a un precio estimado de 220 euros— pasear por una galería será posible sin mover un pie, desde el asiento del metro o el sofá de la salita.

Europeana, la biblioteca digital de la UE que reúne más de dos millones de obras de las bibliotecas europeas, ha sido la primera en explorar esta posibilidad. La aplicación que han desarrollado permite visitar digitalmente parte del Rijksmuseum, que contiene obras maestras de Rembrandt o Vermeer. “Hemos desarrollado una demo [versión reducida de un programa informático], no una aplicación con fines comerciales”, aclara Wiebe De Jager, mánager de marketing de Europeana. “Es una demostración de lo que es posible hacer con nuestro erario cultural en un entorno virtual”.

Antes de sumergirse en esta realidad alternativa, el visitante de museos desde el móvil tiene un sin fin de apps que puede explorar. La mayoría tienen un enfoque generalista, pretenden ofrecer una panorámica parcial por la colección del museo. Así funcionan las aplicaciones del Guggenheim, Prado, el Louvre o el Museo Metropolitano de Nueva York. Lo que ofrecen al espectador suele repetirse: un índice de obras, mapas interactivos, agenda, artículos y galerías audiovisuales, un conjunto que en el argot se conoce como GLAM (acrónimo de galerías, bibliotecas, archivos y museos).

La diferencia es el precio. El Guggenheim por ejemplo ha decidido ofrecer la suya gratuitamente; la razón, que su usuario conozca la información para poder “preparar su visita con anterioridad”. El Prado ha optado por otra estrategia, una app que pretende ser la guía oficial del museo para móviles, a la mitad de precio de lo que cuesta en papel, 9,95 euros. Cristina Alovisetti, Directora-Gerente del Prado, justifica el precio en la ambición de la herramienta: “No se trata de una aplicación que juegue en el mismo nivel que aplicaciones más ligeras de contenido con información básica. Es una herramienta de consulta permanente”.

El último grito entre las apps tiene pretensiones mucho más minimalistas, dedicadas a un artista o una exposición temporal en concreto. A nivel internacional, la Tate es la que más apuesta por este modelo, con 18 aplicaciones con precios que basculan entre los dos y tres euros. En España, el Thyssen se ha sumado a esta moda con su aplicación dedicada a una de las joyas del museo: el Retrato de Giovanna Tornabuoni de Ghirlandaio, que ha desarrollado iTF Interactiva. El menú permite navegar por las opciones habituales —audiogalerías, artículos, vídeos…— y también algunas más experimentales. La app permite observar el cuadro bajo tres radiaciones: rayos X, infrarroja y ultravioleta, para desvelar mediante la tecnología los secretos ocultos en la técnica del pintor florentino. José María Goicoechea, director de comunicación del Thyssen, cree que este enfoque será la tendencia a seguir: “Creo que el Thyssen, dentro de los museos españoles, va más encaminado a aplicaciones que van más allá de la información general, y están más dirigidas a ese repensar el contenido y ofrecer nuevas vivencias, miradas y experiencias a los usuarios frente a la Colección del Museo”.

‘Giovanna’ en móvil funde la historia del cuadro con una inmersión en la técnica de Ghirlandaio.
ARCO eligió también el 2014 para pisar el acelerador de las apps. Sus dos principales apuestas son muy distintas. Por un lado Arcogames, que juega con las obras en exposición para ofrecer un divertimento para niños y una opción sencilla de dar los primeros pasos en esta tecnología a los usuarios más maduros. Por otro, Artsy, una herramienta puramente comercial que permitió pujar desde el móvil desde el 19 de febrero hasta el 10 de marzo. “La idea es que cualquiera que quiera comprar las obras pueda hacerlo sin venir aquí”, puntualiza el director de ARCO Carlos Urroz.

Mejor juntos que separados

Aparte de librar la batalla digital por su cuenta, también está de moda sumar esfuerzos. Bajo el nombre 101 obras maestras se agrupan otras tantas piezas de casi 30 museos de Madrid y alrededores. Su punto en común, el que ha elegido el CSIC, que firma el proyecto, el maridaje entre ciencia y arte. La web del proyecto, que ha costado 8.000 euros, proyecta sobre un mapa de Madrid los 101 puntos de interés divididos en 11 áreas temáticas. De momento, solo está disponible en su versión online, pero la directora del proyecto, Sandra Saez, afirma que les gustaría convertirla en una app en un futuro.
Otra unión museística la protagoniza Áppside, tecnología española de la empresa GVAM en conjunto con la Fundación Orange, que ya está en marcha en el Museo Lázaro Galdiano. La apuesta pretende facilitar, de manera gratuita, el uso de la tecnología móvil a personas que padezcan discapacidad visual y auditiva. «Si la persona es ciega, la app lo guía con el sonido a los audiocomentarios; gracias a una voz sintética disponible en todos los idiomas a la que se responde para elegir las opciones. Si la persona es sorda, dispone tanto de subtitulado como de videos en lengua de signos», explica Jaime Solano, presidente de GVAM.
El móvil no solo es útil fuera de las paredes del museo. La revolución también se juega dentro. Los códigos QR, mosaicos de píxeles que el móvil interpreta como información de todo tipo, están jubilando las audioguías. “Carecen de sentido ya”, explica Jaime Solano, cabeza visible de GVAM, empresa española dedicada al desarrollo de apps. “Es confundir al usuario con más dispositivos innecesarios”. Este empresario y diseñador indica que los Museos 4.0 podrán contar con una ventaja al aprovechar el móvil durante la visita del usuario. “Si este solo tiene una hora disponible, le ofrecemos un itinera
rio diseñado para que le saque todo el partido». Elyse Topalyan, portavoz del Metropolitano de Nueva York coincide en el diagnóstico: “Creo que la tendencia emergente de los museos es mirar más allá de las audioguías y centrarlo todo en el papel del móvil del visitante. Ahí creo que veremos las mayores innovaciones en 2014”. Desde China están demostrando que Topalyan acierta en su predicción. La integración de códigos QR han sido un éxito total en el Museo Nacional de China, uno de los 20 más visitados del mundo: Sus QR consiguieron 430.000 escaneos solo tres meses después de su debut, con un cuadro de Van Gogh superando los 17.000.

Newcastle será la cita mundial del 18 al 20 de junio para que toda esta efervescencia tecnológica se ponga a prueba en el Museumnext, foro de debate sobre el futuro de los museos. Más allá de un nombre pegadizo, los Museos 4.0 se enfrentan a dos grandes retos: la viabilidad económica de las inversiones en renovarse y cómo conseguir que los usuarios se interesen por esta revolución. Nuria González, subdirectora de publicaciones del Guggenheim, reconoce que considerar las apps para que los museos ganen dinero aún están lejos: “No resulta fácil predecir si llegarán a ser una vía de financiación sustancial”. Wiebe de Jager, manager de Europeana, ve el porvenir con optimismo de visionario: “Un día tal vez seamos capaces de entrar en La ronda de noche de Rembrandt y mirar a nuestro alrededor cómo era el mundo hace siglos. Las posibilidades son inagotables”.

Fuente: El País

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Los Tres estudios de Lucian Freud de Francis Bacon fue subastado por más de 100 millones de euros en noviembre.

El tríptico de Francis Bacon en honor a Lucian Freud (1969), que batió todos los récords de subasta cuando fue adquirido por 142, 4 millones de dólares (unos 106 millones de euros) en noviembre, será expuesto al público este sábado 21 de diciembre en el Museo de Arte de Portland (Oregón), según anunció la pinacoteca en un comunicado. La muestra durará hasta el 30 de marzo de 2014. Todavía se desconoce la identidad del comprador, que sigue siendo un misterio, aunque si se saben nuevos datos: es un hombre que vive en la costa Oeste de Estados Unidos y que no es, como se rumoreaba, el cofundador de Microsoft, Paul Allen.

Los tres estudios de Lucian Freud, obra que nunca antes se había sido subastado de forma conjunta, se vendió durante un evento organizado por la casa de subastas Christie en Nueva York; acto en el que se llegaron a alcanzar los 700 millones de dólares en ventas de obras de arte. Para sorpresa de los expertos, el tríptico de Bacon superó sin problemas a la hasta entonces obra más cara de la historia: El Grito de Edvard Munch (adquirido por 119, 9 millones de dólares). En ese momento, se supo que la Galería Acquavella lo había adquirido, pero no si lo hizo en nombre de un cliente privado.

«Cuando el coleccionista accedió a exponer la obra, entendimos que era una oportunidad única para que nuestros visitantes disfrutaran de Bacon», explicó Brian Ferriso, director del museo en Oregón, en un comunicado. El tríptico de Bacon, pintor de origen irlandés, retrata a su amigo y rival, Lucian Freud -nieto del psicólogo Sigmund Freud- encaramado en una silla de madera en un marco de cristal sobre un fondo amarillo.

El conjunto de cuadros muestra tres distintas posiciones: desde el frente, desde la izquierda y desde la derecha. Ambos artistas se retrataron en muchas ocasiones durante los 50 años que se conocieron. «Bacon llegó a pintar 12 retratos de Freud. Pero este está considerado como el más emocional y mayor representación en pintura de su amistad», continúa el texto del museo.

Durante el anuncio, las autoridades del museo añadieron que «la exhibición es posible gracias al apoyo de la Fundación de la Familia Paul Allen -cofundador de Microsoft e importante coleccionista de arte-«. Un portavoz de la fundación negó que Allen fuera el comprador del tríptico, explica The New York Times. «Hemos donado 180.000 dólares al museo para apoyar las exposiciones de arte contemporáneo que organicen», añadieron las mismas fuentes. Según el mismo diario, el conservador del museo, Bruce Guenther, dijo que éste era de la costa Oeste de EE UU.

Los tres estudios de Lucian Freud fue mostrada por primera vez en Italia y después viajó al Grand Palais de Paris en los años 1971 y 1972, tras lo cual el cuadro fue dividido en tres piezas y vendido a tres colecciones privadas. «El tríptico desapareció durante 15 años antes de que un coleccionista italiano decidiera reunirlo en la década de los noventa. Ahora, nuestros visitantes tendrán el honor de disfrutarlo, antes de que vuelva de nuevo a manos privadas», concluye el comunicado del museo.

Algunos medios estadounidenses critican que el museo de Portland se está aprovechando «de que este conjunto de cuadros sea la obra más cara de la historia y no organice la exhibición por razones artísticas». El museo se defiende diciendo: «Estas acusaciones son falsas, sabemos perfectamente las razones que nos han llevado a exponer el tríptico. Este mensaje es muy negativo para todos aquellos que se preocupan profundamente por el arte», informa Los Angeles Times.
Doble click sobre cualquier palabra para ver significado.

 Fuente: El País (CAROLINA GARCÍA | Washington) | Fecha: 19/12/2013 |

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

El director del Ermitage, Mijaíl Piotrovski ha anunciado que el museo acaba de concluir el marcado secreto de sus piezas, lo cual impedirá la salida de bienes robados al extranjero. La tecnología ha sido desarrollada y realizada por el ejército. El Ermitage se niega a revelar el secreto militar. Tratamos de averiguar en qué consiste este marcado secreto y cuál es su finalidad.

La historia comenzó en 2006 cuando los investigadores descubrieron que habían desaparecido piezas de la colección de joyas. La conservadora de arte Larisa Zavadskaya fue acusada a título póstumo, pues murió de tromboflebitis en su lugar de trabajo al inicio de la instrucción.

El valor de los objetos robados se estimó oficialmente en 150 millones de rublos (3, 3 millones de euros) aunque las malas lenguas dicen que el valor real era mucho mayor. Los instructores trataron de establecer cuáles habían sido los canales de distribución de los objetos robados.

Durante los últimos años de su vida Larisa Zavadskaya viajaba a menudo a Finlandia. Los instructores sospecharon que las piezas robadas fueron vendidas precisamente allí. Sea como sea, con el fin de evitar que se produjeran casos similares la conservadora jefe del Ermitage, Svetlana Adaskina, anunció en 2007 que se desarrollaría un marcado secreto para las aduanas. El marcado debía llevarse a cabo en dos años, pero finalmente se ha concluido en 2013. Es comprensible: en el Ermitage hay 150.000 piezas expuestas y cerca de tres millones en los fondos. Resulta fácil imaginar el número de horas, días, meses e incluso años de trabajo que hace falta para marcar todas esas piezas.

Se puede hacer toda clase de conjeturas con respecto a la manera en que funciona la tecnología secreta en la aduana: emite un pitido, se ilumina o se envía un SMS diciendo “soy la pieza nº 3456, estoy en la terminal de aduanas…”.

La crítica de arte Yulia Sarayeva, que dispone de una sólida experiencia trabajando en museos y galerías, explica que en la práctica museística el marcado secreto no se aplica o bien el secreto está tan bien guardado que nadie lo sabe. “Antes”, cuenta, “el sistema de registro de piezas era salvaje: los números de inventario se marcaban con pintura al óleo, mientras que en las piezas pequeñas se pegaba una etiqueta. Hoy se utilizan materiales menos nocivos, pero el principio sigue siendo el mismo: el número debe ser indeleble. Si la pieza va a parar al mercado negro enseguida resultará claro que es robada”.

Algo se puede afirmar rotundamente: es indispensable fortalecer las medidas de seguridad de las piezas de los museos.

La historia de robos en Rusia es, por desgracia, muy rica. En la Unión Soviética la mayoría de robos tenían que ver con los objetos de culto en las iglesias. Era bastante sencillo. Las iglesias no estaban bien vigiladas y no había inventarios. No fue hasta principios de la década de 1980 cuando el gobierno se dio cuenta y comenzó a hacer inventarios de los bienes culturales que todavía quedaban en las iglesias en servicio. En la década de 2000 se registraron por año de 50 a 100 casos de pérdidas de piezas. Y ésos son sólo los casos que se conocen. Se debió sobre todo debido a la falta de control. Las piezas a veces eran sustraídas con la complicidad de los empleados.

Se producían también robos tradicionales. Así, en 1999, el desempleado Dmitri Rukavitsyn de 29 años y otros cómplices robaron cuadros de Vasili Perov http://www.wikipaintings.org/en/vasily-perov en el Museo Ruso de San Petersburgo. Los cuadros se encontraban en el primer piso en donde los ladrones rompieron los cristales. A las exigencias de los guardias para que devolvieran los bienes robados, los ladrones respondieron abriendo fuego y luego huyeron.

También se registraba un gran número de hurtos. Así, este año fue saqueado el museo de Viazniki en el óblast de Vladímir. En plena noche los ladrones robaron cuadros de Shishkin, Korovin y Zhukovski. La alarma no estaba activada, el guardia había olvidado encenderla por la noche. Mientras que en Biisk (krai de Altaiski), una mujer robó de un museo… un frasco con embriones de gemelos siameses. La mujer fue arrestada.

Se podrían seguir enumerando robos semejantes, pero en la aduana no descubrieron ni los cuadros de Shishkin ni los frascos con gemelos siameses.

Hablamos con Iliá Wolf, director general de Fineartway, una empresa especializada en el transporte de obras de arte. Considera que cuando se trata de impedir el contrabando en aduanas hay que hablar del equipamiento técnico: “¿Qué niveles de control tenemos que pasar en la aduana? Un control radiológico. Si se tiene en cuenta esta opción, todas las obras pueden estar equipadas de microisótopos. Por otra parte también nos someten a un control olfativo cuando los perros buscan drogas o explosivos. En teoría se puede imaginar que las obras son rociadas con sustancias especiales. Dudo mucho que los criminales no averigüen cómo están marcadas las obras de arte. Por lo tanto, podrán evitar las aduanas, en eso consiste el contrabando. En la frontera con Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania hay ‘agujeros’… Eso significa que habría que equipar de aduanas también a todos estos países.”

Fuente: Rusia Hoy (Dmitri Romendik) | Fecha: 13/12/2013

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

Expón tus obras de arte en el mayor museo del mundo

12 diciembre, 2013 | Internet, Museos | No hay comentarios

Fuente: El País

¿Se acuerda de esas fotografías olvidadas en una caja de metal o en un viejo álbum y que pertenecían a sus abuelos, o a los padres de sus abuelos? Sí, sí… Esas instantáneas en blanco y negro, la mayoría agrietadas por el paso del tiempo, y que llevan tiempo cogiendo polvo. Si aún conoce su paradero, recupérelas. Ahora sirven a un propósito más elevado que proporcionar refugio a ácaros y otros microorganismos que aniden en la despensa. Podrían entrar a formar parte del archivo histórico de la humanidad. Esa es, al menos, la idea de los creadores de Google Cultural Institute, la web del popular buscador enfocada a compartir todo tipo de archivos de interés cultural, ya sean fotografías, obras de arte o archivos de audio. A partir de hoy, cualquier persona, galería o museo puede difundir sus trabajos o enseñar sus polvorientas instantáneas con Open Gallery, una nueva aplicación que la site pone a disposición de los usuarios.

El resultado es algo así como una Wikipedia del arte. Ese es el objetivo que se han marcado en Google. Lo que comenzó en 2008 con Art Project, iniciativa de digitalización con fotografías de altísima resolución de algunas obras de los museos más importantes del mundo, continúa ahora con joyas más modestas aportadas por los usuarios. El Museo del Prado fue el primero en participar en un proyecto que adquiere ahora dimensiones globales. Cualquier usuario, rellenando un formulario, puede enseñar su trabajo. Esta idea abre un abanico de oportunidades, ya que no todos los particulares son expertos historiadores.

Cabe la posibilidad de que con el tiempo la iniciativa nos descubra alguna aportación relevante para la humanidad. Podría ser el caso de Dean Putney, un ciudadano alemán que descubrió un enorme archivo fotográfico, durante una visita a casa de su madre en 2011, que pertenecía a su abuelo sobre la primera Guerra Mundial y que ha decidido usar la tecnología Open Gallery de Google para mostrarlo al mundo.

Pero también puede ocurrir, como en Wikipedia, que algunas fotografías o trabajos subidos a la web pudieran ser falsos. Para evitarlo, el equipo chequeará los archivos subidos, ha asegurado esta mañana un portavoz de Google, aunque podrían ser tantos que finalmente la responsabilidad la tendrán los responsables de dicho material. “Se presupone que los que suben obras de arte o fotografías son artistas o personas que quieren compartir su material con todos”.

A las primeras obras publicadas en 2008 le siguieron otras de espacios tan relevantes como el Louvre de París o la National Gallery de Londres. “Se empezó a digitalizar de todos los museos llegando a punto en el que se decidió hacer una página propia”, explica la portavoz. Así nació Google Cultural Institute, un espacio propio para compartir cualquier obra de arte. Quizás la experiencia, detrás de una pantalla, no sea la misma, pero no todo el mundo tiene la oportunidad de visitar el MoMA de Nueva York.

Por eso, desde el salón de casa cualquiera puede contemplar, con la ventaja de no ser molestado por otros visitantes, el autorretrato de Rembrandt que se expone en National Gallery of Art de Washington o la obra Born, del artista Güll Llgaz, en el museo de arte moderno de Estambul. Además, la aplicación tiene una capacidad de detalle que permite al observador llegar casi a introducirse en los trazos del pintor con una nitidez que solo la tecnología es capaz de ofrecer.

La página web también pretende dar salida a las pequeñas galerías, que ahora tienen la posibilidad de compartir sus obras con los demás usuarios y, aunque sea un espacio virtual, protagonismo con artistas de la talla de Pablo Picasso, Botero o Van Gogh. Todas las funciones de la página web son gratuitas. “Nosotros nos encargamos de almacenar el contenido que quieras subir. Sin ningún coste. Solo tienes que subir imágenes, añadir vídeo, texto e instantáneas para crear tu propia exposición”.

¿Quieres descubrir más recursos de Arte en Internet? 
Te lo contamos todo en nuestro libro: 
Arte y Museos en Internet.


Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

El Metropolitan de Nueva York, para mí, como sabéis muchos, el mejor museo del mundo, habilitó hace algún tiempo este apartado para descargar libros de Historia del Arte de forma totalmente gratuita y legal.

Se une de esta forma a una iniciativa de la que ya han participado otros museos como el MOMA tal como recogíamos en esta entrada.

Sólo haz clic y disfruta.

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)