Cómo valorar una obra de arte

¿Qué precio podría alcanzar un Leonardo que saliera al mercado?
Como profesional de la tasación de obras de arte y antigüedades no son pocas las veces que me han formulado esta pregunta. Normalmente va seguida de alguna exclamación de asombro sobre la cifra, en apariencia desorbitada, alcanzada por una obra determinada.
¿Cómo puede valer tantos de millones de euros un simple lienzo? ¿O una escultura? ¡O una simple acuarela! ¿De verdad está justificado ese precio?
Bien, la respuesta, en general es sí. No siempre, como intentaremos exponer en esta entrada, pero sí la mayoría de las veces. 
Comencemos por el principio, ¿qué criterios se tienen en cuenta para valorar una obra de arte? Como explico en mi libro «Cómo invertir en Arte con éxito» hay tres factores fundamentales que determinan el valor de una pieza, bien se trate de una obra de arte o una antigüedad: la obra en sí misma, el autor y el mercado.
En cuanto a la obra en sí misma debemos tener en cuenta sus características intrísecas según la naturaleza de la misma. En una pintura, por ejemplo, tendremos en cuenta su autenticidad, la autoría, la antigüedad, el estado de conservación, el tamaño, la importancia dentro de la obra de un artista, su relevancia en el mundo del arte, su historial de propietarios, si ha participado o no en exposiciones, si se encuentra incluida en catálogos razonados, si cuenta con alguna peculiaridad específica que pueda sumar o restar valor…y así un largo etc. de pequeños y no tan pequeños detalles que nos irán dando más información sobre la obra y sobre cómo va a encajar en el mercado.
El segundo factor, el artista, es igualmente importante. Si éste se conoce, debemos atender a su cotización en el mercado, el estado de su carrera (en el caso de artistas aún en activo), la extensión de su producción, su importancia dentro de un movimiento o grupo determinado, su relevancia dentro de la Historia del Arte y sobre todo, y muy importante, si sus obras tienden o no a revalorizarse con el tiempo, lo que supondrá que la inversión en su trabajo sea o no rentable, condicionando enormemente el precio.
El tercer factor, el mercado es igualmente importante. Aquí entra en juego una ley tan antigua como el comercio: oferta y demanda. A mayor demanda y menos oferta más alto será el precio. Es decir, si la obra de un artista es escasa y existe una gran demanda por ella, su precio será más alto. Es el caso de los grandes maestros. Por ejemplo, Leonardo. Existen actualmente muy pocas obras atribuidas al 100% al gran maestro del Renacimiento, prácticamente todas en los grandes museos del mundo. Los pocos propietarios que poseen un Da Vinci muy difícilmente van a desprenderse de él. Ahora bien, imaginemos que uno de ellos decide vender su preciada obra, sin duda la joya de su colección. ¿Qué pasaría? Inmediatamente el mundo del arte se movilizaría. Todos los grandes museos y coleccionistas pujarían por hacerse con él. A esto debemos sumar el hecho de que los grandes maestros son siempre una apuesta segura. Es muy difícil que una obra de estas características no se revalorice, es decir, el propietario que adquiera la obra, sabe con una seguridad cercana al 100% que su adquisición se revalorizará al cabo de unos años si algún día decide volver a sacarla al mercado. Luego nuestro Leonardo alcanzará una cifra récord.
No obstante, son muchos los criterios que pueden influir en el factor mercado. La moda es uno de ellos. ¿Existen modas en el mercado del arte? Por supuesto. Las obras de Vermeer por ejemplo, uno de los grandes maestros de la Historia de la Pintura, han tenido una fuerte revalorización durante el siglo XX y XXI. Sus escenas intimistas, el misticismo de sus interiores y la sutileza de su luz son definitivamente más del gusto de nuestros contemporáneos que de los amantes del arte del siglo XIX, que preferían, en general, a su compatriota, Rembrandt. 
Las burbujas creadas ex professo en el mercado son otra circunstancia que puede alterar el precio de una obra. A veces, para que la cotización de un artista determinado, no baje produciendo pérdidas a las galerías que lo representan y a inversores que han apostado por su obra, se «inflan» a posta los precios de sus trabajos. Se trata de una práctica poco ética, por supuesto, pero existe. Para profundizar un poco más sobre esta polémica técnica recomiendo el documental «La gran burbuja del arte contemporáneo» . Ahora bien, el mercado del arte, como todos los demás mercados y como la Historia nos ha enseñado una y otra vez, tiende a regularse por sí mismo. Luego es previsible que en algún momento determinado, estas «burbujas» estallen volviendo a su valor de mercado real, probablemente, mucho más bajo.
Luego, ¿es desorbitado el precio de un Leonardo, un Degas o un Van Gogh por el que se pagan cientos de millones de euros? Tras lo expuesto aquí, obviamente, no.
 Por tres sencillas razones:
– Se trata de obras muy escasas para las que existe una gran demanda por parte de coleccionistas, inversores, museos, etc.
– Tienen una gran relevancia dentro de la Historia del Arte, procedentes de grandes maestros que han determinado  el curso de la misma.
– La posibilidad de revalorización a medio plazo es elevadísima, rayana en la certeza, con lo que se trata de una inversión altamente rentable y segura. 
Tasar, poner precio a una obra de arte, no es fácil. Como hemos visto es necesario tener en cuenta muchos y diferentes factores y ponderar cada uno de ellos. Pero se trata de una actividad fascinante y necesaria porque si no sabemos el valor de lo que tenemos es difícil que sepamos apreciarlo.
¿Tienes alguna obra de arte o antigüedad que te gustaría valorar? En Tasartia podemos ayudarte. 

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

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