¿Cómo se valora una obra de arte? ¿Qué criterios se tienen en cuenta para determinar su precio? ¿De qué depende que un objeto valga una fortuna mientras que otro similar apenas cueste unos céntimos? ¿Por qué obras de autores de la misma época con una estética casi idéntica tienen precios absolutamente dispares? Para dar respuesta a todas estas preguntas tendremos que observar todos los puntos que siguen a continuación. Es importante resaltar que no todos tienen el mismo peso ni relevancia pero sí que una combinación de todos o de la mayoría van a determinar el precio final.

Para determinar el precio de una obra debemos atender principalmente a tres factores: la obra en sí misma, el artista que la hizo (si se conoce) y el mercado en que va moverse.

En relación a la obra atenderemos a criterios como su antigüedad, su autenticidad, su rareza o posibles particularidades, la procedencia, la técnica que se usó en su realización, el estado de conservación en que se encuentre, el tamaño, la estética y su historial (si ha participado en exposiciones, si se ha incluido en catálogos razonados, etc.)

En relación al artista, en caso de que éste se conozca, debemos analizar su relevancia, su valoración en el mercado, la evolución de su trabajo, etc.

Y por último, en cuanto al mercado, debemos tener un amplio conocimiento del mismo, de forma que podamos averiguar los precios que se hayan alcanzado recientemente obras similares, así como de qué forma el mercado va a reaccionar ante la salida de nuestra pieza, es decir, si existe una demanda por la misma y de qué tipo (nuestra obra va enfocada a un tipo de coleccionista muy específico al que es difícil acceder o bien será atractiva para un colectivo más amplio) y qué precios se pueden obtener en el mercado actual teniendo en cuenta las situación socio económica del momento e incluso las posibles modas.

Cada obra de arte es diferente. No es lo mismo valorar una pintura al óleo que un escritorio o un grabado antiguo. En cada de una de estas piezas tendremos que fijarnos en diferentes criterios, pero a continuación enumeraremos una serie de generalidades comunes para todas ellas.

  • La calidad técnica y artística

Tanto si vamos a analizar una pintura como una escultura o un mueble, lo primero que tenemos que ver es la calidad de ejecución de la pieza. ¿Es una obra de calidad o una pieza amateur? En pintura antigua, por ejemplo, atenderemos a criterios técnicos como el dibujo, la perspectiva, la aplicación del color, etc. En un mueble atenderemos a la calidad de la madera, la forma en que ha sido realizado, si tiene grabados, apliques o taracea…. todos estos elementos determinarán si estamos ante una pieza valiosa o no.

  • El artista, su círculo o el taller

Si es una obra de calidad, su valor aumentará si el artista es conocido. En pintura es muy importante pues una obra anónima, aunque presente una buena calidad de ejecución, no suele alcanzar precios muy altos en el mercado si no se conoce el autor. Si la obra está firmada tendremos que ver si la firma es auténtica y se corresponde con el estilo y la época. En muebles miraremos si presenta alguna marca de taller. En porcelanas comprobaremos los sellos que determinan la casa que las elaboró y que nos aporta información sobre su fecha de realización y tendremos que ver si esa marca se corresponde con los colores, materiales y estilo general de la época para una determinada casa.

  • La procedencia

¿Cuál es el historial de la obra? ¿Ha estado en una colección importante, se ha exhibido en museos o exposiciones, está catalogada? O, por el contrario, ¿se desconoce dónde y cuándo fue adquirida? La procedencia nos da pistas importantes sobre el auténtico valor de la obra y, si ésta es relevante, aumenta el precio.

  • El tamaño

En general, una obra de un artista determinado se cotiza mejor cuanto más grande sea. Ocurre lo mismo con otras piezas como porcelanas, relojes o muebles. Por supuesto, no se trata de un valor absoluto y tenemos que atender a otros criterios importantes . Si una pieza más pequeña se encuentra mejor conservada, por ejemplo, que una de mayor tamaño, es posible que el precio de la pequeña sea más alto.

  • El estado de conservación

Este criterio es vital. Es importante tener en cuenta que una pieza deteriorada puede restaurarse, pero siempre debemos confiar en profesionales que realicen la mínima intervención sobre la obra y se aseguren de que su trabajo sea reversible y no modifique la naturaleza y belleza originales de la obra.

 

  • La antigüedad

Si comparamos dos piezas similares en calidad, tamaño, estado de conservación, etc. la más antigua será más valiosa, como regla general. Por ejemplo, es más valioso ( y raro), un braguero del siglo XVII que uno del siglo XIX, por lo que el primero será siempre más valioso. No obstante, siguiendo con este ejemplo, un bargueño del siglo XVIII podría ser más valioso que el del XVII si está realizado con materiales más costosos o cuenta con una fuerte procedencia.

 

  • La rareza

Al igual que ocurre con las piedras preciosas, la escasez de un objeto lo hace más valioso. La porcelana china azul y blanca realizada en los siglos XVIII y XIX para la exportación es tremendamente abundante en Europa y, en general, de escasa calidad. De ahí que, a pesar de su antigüedad, su precio no sea muy elevado alcanzando solo unos cientos de euros. Sin embargo, una porcelana china también en azul y blanco, del período Ming es extraordinariamente rara y de una altísima calidad, además de más antigua y contar con una fuerte demanda, lo que hace que su precio pueda fácilmente alcanzar cifras millonarias.

  • Las modas

Durante los años noventa, el arte japonés experimentó un auge espectacular. Tantos, katanas, caligrafías y porcelanas de Himari o Satsuma alcanzaban cifras nunca vistas hasta entonces. Sin embargo, solo una década después, estos mismos objetos se vendían mucho más baratos. Simplemente, el arte japonés, pasó de moda y con ello bajaron los precios. No es poco habitual encontrar hoy en día personas que compraron a un precio elevadísimo piezas por las que hoy en día apenas les pagan nada. No obstante, las modas vienen y van y es posible que un objeto pasado de moda vuelva a estarlo en unos años.

Todos estos criterios deben combinarse y sopesarse en su justa medida para poder tasar una obra de arte o antigüedad.

Espero que estas nociones te ayuden a conocer el valor de tus obras. No obstante, si quieres una tasación de arte objetiva y profesional puedes contactar con un experto en arte. El precio de una tasación no debería estar por encima de 100 euros.

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