El Caballero, la Dama y la Muerte

28 noviembre, 2011 | Autores, Pinturas | 6 comentarios

Hans Baldung Grien
El Caballero, la Dama y La Muerte. Antes de 1503.
Óleo sobre tabla de tilo. 35 x 30 cm.
Musée du Louvre. París.
En algún momento anterior a 1503, cuando contaba unos 17 ó 18 años, Hans Baldung (más adelante añadiría el apelativo de «Grien» a su nombre) realizó esta inquietante pintura que hoy conocemos como «El caballero, la dama y la muerte»
Todo en ella es inquietante empezando por la elección de los colores que se han utilizado y que han sido seleccionados  muy concienzudamente. Si nos ceñimos al uso del color podemos ver claramente que el cuadro se divide en dos mitades. Por una parte, la mitad superior donde predominan el azul, el rojo y el blanco, una combinación que transmite positivismo y optimismo pero también alerta (colores que por cierto nos recuerdan a cierta red social ¿casualidad?).  Por otro lado en la mitad inferior del cuadro los colores son completamente opuestos, predominan el marrón y el verde en sus tonalidades más oscuras y apagadas. Y no sólo eso. También la línea de dibujo está mucho más marcada en la parte superior que en la inferior donde las pinceladas del joven artista se difuminan y se funden. También es en la mitad inferior donde se encuentra el esqueleto que representa a la Muerte. 
Hans Baldung Grien, por lo tanto, busca representar en esta obra dos mundos opuestos aunque complementarios. Por un lado, la Vida y el Amor representados en su máximo esplendor (luz, color, imágenes nítidas…) y por otro, el reino de la Muerte y de la tierra que espera para acoger los restos mortales de los amantes. 
Los tres personajes que aparecen en la tabla son igualmente inquietantes. ¿Quiénes son, qué sabemos de ellos? El caballero viste de color rojo, lo que nos dice que se trata de una persona acaudalada, quizás con un puesto relevante en la corte, aunque no es noble; si lo fuera llevaría las mangas de la chaqueta abierta a la altura de los codos mostrando una camisa de seda. La dama lleva una cofia blanca como tocado lo que, en la Alemania del siglo XV quiere decir que estaba casada…¿con el caballero? ¿o bien se trata de una relación de adulterio? No lo sabemos aunque teniendo en cuenta el lugar en que se desarrolla la escena (un bosque cuando lo habitual era representar al ama de casa en un interior doméstico) y el color elegido para su vestido (en tonos rojos, símbolo de la pasión, el deseo, el sexo…) personalmente me inclino por lo segundo. La Muerte, el esqueleto, es muy peculiar. Sus huesos no son blancos y lustrosos sino que quedan restos de pelo en el cráneo y en el resto del cuerpo se aprecian signos visibles de una descomposición que aún no se ha completado. Muerde el vestido de la dama y la mira fijamente desde unos ojos vacíos y espeluznantes. Sólo tiene una pierna y un lienzo blanco, suponemos que el paño utilizado como mortaja, cubre oportunamente sus partes nobles evitándonos ver una zona especialmente delicada en estado de putrefacción, lo que,  francamente, desde aquí agradecemos al pintor 🙂
El caballo, por otra parte, no está muy bien conseguido. Probablemente la intención del artista era plasmarlo en un movimiento de galope corto aunque frenado por La Muerte. No lo ha logrado ni tampoco conseguir una fiel anatomía del animal. De hecho este es el motivo por el que algunos expertos afirman que no se trata de una obra de Baldung ya que éste llegaría a especializarse en el dibujo de caballos que aparecerán con gran frecuencia en su obra, especialmente en sus dibujos y grabados. Claro que eso sería años después y el joven artista pudo tener tiempo de superarse a sí mismo y aprender. 
Otro aspecto muy interesante de esta obra es la perspectiva, un gran avance técnico para los artistas germanos de principios del siglo XVI. Baldung la consigue construyendo un primer plano cercano al espectador, el suelo, con un gran detallismo, de forma que podemos apreciar perfectamente cada hoja, cada piedra y cada flor. A continuación tenemos un segundo plano a la izquierda con unos árboles que nos muestran otro nivel y por último, a la izquierda, el paisaje se expande hacia el horizonte aumentando la sensación de profundidad con un paisaje montañoso, que tiende a difuminarse en tonos azules (son los primeros pasos de la perspectiva aérea de la que Leonardo sería el gran maestro renacentista). 
El tema de la muerte que llega asolando todo a su paso, independientemente de la juventud de sus víctimas es muy frecuente en la obra de Hans Baldung Grien, especialmente en sus grabados. En ellos un esqueleto se aproxima, toca o incluso besa a un personaje, casi siempre una mujer desnuda,  joven y hermosa. No es que el artista fuera especialmente morboso (suponemos) sino que debemos tener en cuenta que pintaba para una sociedad que aún tenía muy reciente el horror de la epidemia de peste que se desarrolló entre 1347 y 1352 y que diezmó a un cuarto de la población europea. Una sociedad para la que el hecho de que la muerte afectara por igual a ricos y pobres,  nobles y plebeyos suponía un cierto alivio y una cierta prueba de la Justicia Divina. Por eso las obras con el «memento mori» (recuerdas que vas a morir) como tema, eran muy bien aceptadas y tenían gran demanda tanto entre los miembros de la iglesia como entre la floreciente burguesía. 
Todo esto, sin embargo, no quita que el resultado final de «El caballero, la dama y la muerte» no deje de ser terriblemente siniestro. El horrible esqueleto que agarra a la mujer, cómo ella se aferra al caballero que intenta sujetarla desesperadamente, el caballo que huye despavorido, el paisaje solitario y todo ello plasmado en ese preciso instante, justo un segundo antes de que se decida el desenlace. Porque realmente no sabemos qué va a ocurrir…¿logran escapar los amantes o La Muerte logra atrapar a la dama entre sus garras para siempre?
Hans Baldung Grien era poco más que un aprendiz cuando realizó esta obra, sin embargo, todos sus elementos anticipan el genial artista en que llegaría a convertirse.
Que paséis un feliz (y no demasiado inquietante) lunes 🙂

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

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6 Comments
  1. Teresa

    Qué análisis tan bonito del cuadro, Ana 🙂 Da gusto salir de la «fauna» de los alumnos de la E.S.O. y leer cosas así…
    Un beso 🙂

  2. Ana Trigo Alonso

    Gracias, Teresa, no suelo extenderme tanto pero la obra lo merecía. Me alegra aportar un poco de «civilización» a tu salida de la selva 😀

  3. Asun

    Un blog maravilloso el tuyo, estoy muy contenta de haberlo encontrado, la pintura, junto con leer y escribir es lo que mas me hace disfrutar. Y si tu me paseas por estas obras, pues estupendo.
    Muchas gracias, besos.

  4. Ana Trigo Alonso

    Asun, muchísimas gracias, es tan agradable saber que tantas horas tienen su recompensa…gracias de verdad. Un abrazo.

  5. Roberto

    Ana, me ha encantado tu análisis e interpretación de este cuadro. Está claro que se trata de un tema moralizante, en que el adulterio es sinónimo de pecado, y el pecado de muerte.
    El personaje de la muerte sobrecoge, y lo peor, como bien señalas, el caballo, demasiado acartonado.

    Besos.
    Roberto

  6. Ana Trigo Alonso

    Roberto, qué bien lo has sintetizado, exactamente. Por cierto, me ha encantado la palabra «acartonado», es perfecta para describir a este caballo en concreto 😉

    Un beso!

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