Exposición de María José Redondo en la Casa de Cantabria

Su ciudad favorita es su San Sebastián natal, ha estudiado en Madrid y en París, ha ganado numerosos premios y ha sido profesora de la Facultad de Bellas Artes en la Complutense de Madrid. Sin embargo asegura, orgullosa, que su mejor obra son sus 5 hijos. María José Redondo inaugura exposición en la Casa de Cantabria donde podremos disfrutar de su obra del 17 al 31 de mayo

Retrato de la artista María José Redondo

María José Redondo tiene la mirada tranquila y serena de la mujer que lleva una vida intensa y feliz y que conserva intactas la ilusión y la pasión por su trabajo.  Su obra posee una delicadeza y una sensibilidad tales que resulta difícil apartar la vista de ellas. El color, las formas y las texturas se combinan en su obra para crear una sinfonía única en la que la armonía prima por encima de cualquier otra connotación, pero se trata de una armonía profunda y evocadora, que nos incita a perdernos en cada pincelada y a recordar otros momentos, otros lugares perdidos en el tiempo donde quizás fueron posibles alguna vez una combinación de colores tan bella y soberbia.

Su ciudad favorita es su San Sebastián natal, le encanta leer biografías y asegura con rotundidad que la obra de la que se siente más orgullosa son sus 5 hijos. Tiene 77 años y a  sus ojos asoma toda la fuerza y la pasión de aquellos que han dedicado su vida a hacer lo que verdaderamente aman. María José Redondo es todo un ejemplo a seguir tanto como artista, como mujer y como persona. No hace falta que lo diga ella, sus obras hablan por sí mismas.

Con un currículum impresionante que la avala y con una técnica impecable, esta ex profesora de la Facultad de Bellas Artes, nos recibe en su estudio risueña y resuelta, dispuesta a mostrarnos su trabajo y a hablarnos de su próxima exposición. “Yo soy discípula de D. Manuel Gutiérrez Navas. Estudié con él cuatro años. Siempre me gusta decirlo porque él me enseñó a amar la pintura”- nos dice María José mientras nos vamos abriendo paso a través de su estudio. Cada obra parece aún más hermosa que la anterior y es difícil centrarse en una sola. Es así como nos cuenta que estudió primero en la Escuela Superior de San Fernando de Madrid, donde llegó a ser profesora de dibujo y más tarde se licenció en Bellas Artes en la Universidad Complutense. Más tarde se marcharía a París, la ciudad soñada de todo artista, donde se graduó en L’école du Louvre y donde estudiaría a fondo a los grandes impresionistas que aún hoy se asoman ávidamente a su paleta.

París está muy presente en la obra de María José, en las elegantes composiciones que llenan sus lienzos, en el uso de los colores luminosos y rebosantes de luz y sobre todo en su forma de capturar en las imágenes la belleza de la vida, como si su obra reflejara el gozo de respirar cada segundo.

Años después de su regreso a España ingresa como profesora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, en el Departamento de Restauración. Se abre entonces un nuevo mundo para ella en el que las más bellas obras de los museos pasan por sus manos para recuperar su antiguo esplendor y no sólo eso, sino que con su trabajo contribuirá a formar a los futuros restauradores que se encargarán de conservar nuestro patrimonio.

Ensimismada entre barnices, bastoncillos de limpieza y lienzos de reentelado, María José pasará 13 años de su vida, hasta que de repente, un día, una chispa, una luz, una voz interior la hace replantearse su carrera y volver a sus orígenes, abandona la Universidad y vuelve a pintar. Para ella es un cambio necesario, una decisión profunda y meditada que la pondrá de nuevo de camino en la creación artística. –“Necesitaba volver a pintar”- nos cuenta-“Es algo que tenía que volver a hacer por mí misma”.

Y afortunadamente así ha sido. A lo largo de estos años ha ganado incontables premios, entre ellos el Primer Premio de Pintura J.E.N en Madrid la Tercera Medalla del Salón de Otoño.  Sus obras poseen una calidad exquisita. Su amplia formación y su experiencia  se plasman en una técnica concisa y perfectamente depurada. Pero no todo es técnica, como no puede ser de otra forma, se percibe que tras cada pincelada, tras cada matiz, hay una gran dedicación y una forma de entregarse a cada obra sin reservas.

Sus composiciones abarcan casi siempre todo el lienzo y lo llenan de una forma equilibrada y armoniosa. Posee un gran dominio del óleo de forma que es capaz de extraer un sinfín de matices de cada color y de jugar con veladuras imposibles y con texturas fuertes. Su pincelada es al mismo tiempo suave y delicada y salvaje y radical. Consigue volúmenes que parecen querer salir del lienzo e invadir nuestro plano, logrando un efecto casi hipnót
ico de una gran belleza estética. Porque la belleza está siempre presente en la obra de María José.

Tanto en sus retratos de aire velazqueño donde parece que podemos ahondar en lo más profundo de la mirada del modelo como en sus paisajes de tierras de colores radiantes que se van fundiendo capa tras capa. Flores de colores que inundan nuestros sentidos y parecen embriagarnos y amaneceres sofisticados, con unas amplísimas gamas que van del rojo más intenso al azul más claro y que combinan y se mezclan entre sí  consiguiendo un resultado deslumbrante. Y sobre todo el mar. El mar es imprescindible para comprender la obra de esta artista donostiarra que sigue enamorada de su tierra. Mares en calma mostrando toda una perfecta paleta de azules, blancos y grises pero también mares salvajes con unas inmensas olas en las que la espuma plateada cobra vida. Olas gigantes, que recuerdan aquella del famoso grabado de Hokusai, pero que poseen un volumen, una fuerza, una mezcla de colores y una belleza absolutamente espectaculares. Imprescindibles.

Toda esta belleza que se asoma a la obra de María José nos habla de ella, de su espíritu sereno, de su interés en dejar un mundo mejor a sus nietos donde además de lo oscuro y lo injusto otra forma de entender la realidad es posible. Nuestra artista es capaz de conmovernos con su obra, con su paleta de óleos puros y con toda la sabiduría que se agolpa en cada lienzo.

Porque es imposible transmitir aquello que no se posee y la paz de las obras de María José sólo puede venir de un alma sabia, digna y fuerte. Como Ralph Waldo Emerson dijo una vez, no se puede encontrar la belleza si no se lleva en el propio interior, y esta es la magia de su obra. Tanta belleza no puede venir sino de un alma aún más hermosa.

Para disfrutar y adquirir de la obra de María José puedes asistir a su exposición en La Casa de Cantabria
(C/ Pío Baroja, 10, 28009, Madrid). 
Horario: de lunes a viernes de 10 a 14 y de 17 a 20.30 h.
Sábados, domingos y festivos de 12 a 15 y de 16 a 20 h. 

Más información en la web de la artista: http://mariajoseredondo.com/

Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

1 Comment

  • Muy interesante el post, no conocía a esta artista, los cuadros son tan reales que parece que el agua va a salpicarte en la cara. Un gran trabajo, gracias por el artículo. que pases un feliz día.

Leave a comment