Las muñecas de tres caras de Carl Bergner

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Hace unos días, una clienta nos hizo llegar para su tasación imágenes de una pieza muy especial: una preciosa muñeca de tres caras, pieza original del maestro juguetero alemán Carl Bergner.

Carl Bergner abrió a finales del siglo XIX un taller en Turingia en el que realizaba delicadas muñecas de porcelana y bisqué. Pronto, sus cuidados modelos, de una altísima calidad empezaron a tener éxito. Las muñecas de Bergner tenían rostros de líneas suaves y delicadas y, casi siempre eran rubias, de piel inmaculadamente blanca y de ojos azules o verdes, al estilo de las afortunadas niñas alemanas cuyos padres podían permitirse comprar una de estas pequeñas joyas. Iban vestidas con modelos a la moda de la época, realizados en tules, encajes y sedas e incluso se podía hacer por encargo para combinar con algún vestido de la futura propietaria. Pronto, el éxito se disparó y sus muñecas comenzaron a venderse en Londres, París y Nueva York en las tiendas más caras y selectas.

En 1904 Carl Bergner patentó un diseño que le haría famoso y que su nombre llegara a nuestros días: la famosa muñeca de tres caras. Se trataba de diseños cuyas cabezas tenían tres rostros diferentes (llorando, sonriendo y durmiendo) de modo que las niñas podían elegir qué cara ponerles, según el estado de ánimo del momento. La cabeza se giraba con un pequeño resorte, situado en la parte superior, que solía quedar oculto por el gorrito o sombrero que llevaba. Gorrito o sombrero imprescindible pues tenía otra función básica: ocultar las otras dos caras de la muñeca.

Aunque se patentó en 1904, sabemos que existieron modelos anteriores, algunos de ellos datan de finales de la década de 1890. Desde el primer momento gozaron de gran éxito y popularidad y, con seguridad, no eran pocas la niñas que soñaban con una de estas preciosas muñecas la víspera de Navidad. Su elevado precio hizo que pronto le salieran imitaciones mucho más baratas y de inferior calidad, algo que quizás no importara demasiado a las niñas a quienes les fueran regaladas.

Para saber que se trata de una muñeca de Bergner auténtica hay que comprobar que en el dorso aparezca el logotipo de su creador: las inicales C.B enmarcadas en un círculo. También debemos atender a los rasgos (siempre suaves, delicados y acordes al canon estético de la época) y a la calidad del bisqué, es decir, a la pasta con que se realizaba el rostro y las manos, que en el caso de las muñecas de Bergner eran lisas y con un acabado perfecto.

Para tasarlas es importante conocer la época en que fueron realizadas (se hicieron hasta bien entrados los años 30) y el estado de conservación de las mismas. Si vienen acompañadas por el vestido original y/o otros accesorios originales del taller como una cunita, un moisés, un monedero o “personaje” adicional (por ejemplo, se hicieron versiones al estilo de Caperucita Roja que iban acompañadas de un lobo) su rareza aumenta considerablemente, así como su precio. 

Aunque fueron muy populares en su momento, no son muchas las muñecas de tres caras que han llegado hasta nosotros. Quedan algunas, en familias en las que han ido pasando de madres a hijas, siempre como un importante tesoro a conservar. Actualmente, con el auge del coleccionismo de juguetes vintage, están teniendo un nuevo pequeño momento de gloria y no son pocos los aficionados que las buscan con afán en anticuarios, almonedas y salas de subastas.

Y es que, de alguna forma, estas preciosas muñecas siguen manteniendo la misma fascinación que ejercían sobre las niñas más de cien años atrás.

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N. Las imágenes han sido seleccionadas de Internet. Nunca publicamos fotografías de las obras de nuestros clientes a no ser que contemos con su aprobación expresa.