Silvia Sánchez Revuelta
Contando historias con un pincel

“Para mí pintar es VIVIR. Una manera de interpretar la vida 
muy personal e íntima.”

Retrato de la artista Silvia Sánchez
A veces ocurre que renunciamos a nuestros sueños. No es por una causa concreta, no es que nada nos impida realizarlos ni que nadie se oponga a ellos abiertamente. A veces, simplemente, la vida da vueltas, nos distrae, nos asusta…y nos hace olvidarlos hasta que  no son más que un recuerdo lejano. Sin embargo, a veces, surgen personas como Silvia Sánchez Revuelta, que nos demuestran que no tiene por qué ser así, que los sueños pueden crearse, reinventarse, renovarse e incluso hacerse realidad. Esta es la obra de una artista que ha tomado las riendas de su propio destino, que ha tenido fe en sí misma y en los demás y que ha creado una obra única, llena de matices, que desprende una delicadeza muy especial  y que nos habla de la belleza del ser humano y de sus grandes y pequeñas  historias cotidianas.
Comenzando a pintar

“Para mí lo minimalista, lo sencillo, un gesto…. me hace sentir muchas más cosas que lo complicado, recargado.”

Nada en la vida de Silvia parecía  presagiar que la felicidad la esperaba dentro de una caja de pinturas. Nacida en Bilbao (1970) en  el seno de una familia cuyo padre era abogado su camino, al igual que el de una de sushermanas,  parecía ser el mundo de las leyes. A los dos años, la familia se traslada a Madrid, ciudad que durante muchos años será su residencia.  Desde muy pequeña Silvia comienza a dibujar y a experimentar con sus lápices de colores y  sus acuarelas y, para sorpresa de sus padres, lo hace extraordinariamente bien.  Crea e ilustra sus propias historias en un estilo naif fresco y despreocupado, en el que, no obstante, comienzan a perfilarse ciertos rasgos que  perduran en su trabajo hasta hoy como una marcada capacidad de observación y un genuino interés por contar historias a través de sus dibujos.
A medida que los años van pasando su carpeta de dibujos va creciendo y su técnica va perfeccionándose mientras finaliza sus estudios de Derecho y se convierte en abogada.  Tras casarse, el matrimonio se traslada a Barcelona, ciudad que se convertirá en su hogar durante 15 años.  Después de una estancia de 3 años en Lisboa regresan a Barcelona. Durante todo este tiempo Silvia compagina su trabajo y su condición de madre, con su gran pasión, el arte y en sus escasos ratos libres saca tiempo para continuar pintando y formándose.
Es a su regreso a la ciudad condal cuando la carrera como artista de Silvia da un gran salto. Retoma sus estudios de pintura, asistiendo a diferentes talleres locales .  Entre sus profesores se encuentran Pamela Martínez y Pablo Ramírez Gallego. Junto a ellos se inicia en la técnica del óleo  y se adentra en el estudio del color perfeccionándolo, pero sobre todo, por primera vez, se “arriesga” a exponer su obra ante miradas ajenas, a sus compañeros de taller  y  sobre todo, se enfrenta a una de las gra
ndes pruebas para todo artista: la opinión de los demás sobre algo tan íntimo y personal  como la creación artística.  El descubrir que su obra es capaz de provocar emociones en los espectadores, que a través de ella puede expresar sentimientos  tan sutiles como la soledad, la simpatía o la gratitud supone sin duda un paso de gigante en la carrera de Silvia.




Es entonces, en este ambiente alternativo y bohemio  donde realiza, junto a sus compañeros, sus primeras exposiciones e interactúa por primera vez con otros espectadores, no profesionales, que le manifiestan sus ideas y las emociones que perciben a través de su pintura. Este hecho, y el de participar en talleres de pintura para niños, suponen un fuerte aliciente para comenzar un camino de autosuperación, de perfeccionamiento de su trabajo y de búsqueda de su propio estilo que muy pronto dará sus resultados.  En 2010 Silvia y su familia se trasladan a Zurich, donde viven actualmente.


Una historia  en cada lienzo

“Igual que te explicas oralmente ante los demás, pintando explico muchas cosas”.

El color inunda todas y cada una de las obras de Silvia. Cada lienzo es un estudio sobre su uso, sus combinaciones y sus posibilidades en todas las gamas y matices. El color supone una forma de expresión con la que transmitir no sólo la serenidad o la quietud de un paisaje sino también de reflejar un estado de ánimo o un guiño de confianza.  De ahí que lo utilice de una forma osada, estableciendo fuertes contrastes entre ellos  o bien degradándolos  en una escala suave y armoniosa.


Un mundo diferente


El óleo sobre lienzo o sobre madera entelada le permite moldear volúmenes a través del color y la creación de brillos y contrastes lumínicos que llenan la obra de vida. La luz es otra de los grandes logros en la pintura de Silvia, una luz que no suele venir de un punto concreto sino que parece irradiarse desde el mismo lienzo, derramándose sobre paisajes y figuras, siguiendo el estilo de obras de Cézanne o del Manet que ya ha conocido las obras de Velázquez en El Prado.

No son los únicos pintores que  se adivinan entre las meticulosas pinceladas de Silvia. Las carnaciones entre rosadas y anaranjadas de algunas de sus figuras (como la bailarina en rojo y verde) recuerdan a los soberbios desnudos de Modigliani  y el dibujo marcado y bien perfilado parecen una clara reminiscencia de postimpresionistas como Gauguin o Henri de Toulose Lautrec y hay mucho de su aplicación del color de la interminable paleta de Turner o de la audacia  irreverente de los  primeros  fauvistas.




Esta combinación de color,  luz  y líneas marcadas en las obras de Silvia las dota de un extraño misterio que no alcanzamos a descifrar, de un aire de cuento de hadas envuelto en  brumas sinuosas. Y es que todos sus lienzos parecen estar a punto de desvelarnos una historia. ¿Qué hace esa pequeña embarcación amarilla flotando en un lago de aguas lapislázuli? ¿De dónde huyen esas minúsculas figuras que cruzan un paisaje imposible en Escape? ¿Cuál es la historia de amor o desamor
de la pareja que camina junta sin cruzar jamás sus miradas?

Como si de un lienzo de Hopper se tratara la obra de Silvia no nos deja indiferentes sino que nos incita a preguntarnos, a observar con más detalle, de una forma más inquisitiva que contemplativa. Y es precisamente esta cualidad la que más sorprende cuando nos acercamos a uno de sus lienzos porque no podemos quedarnos ante él como un simple espectador que admira la belleza de una pintura, tenemos que reflexionar sobre la imagen que nos muestra y plantearnos qué significa, qué está pasando.

Pareja en Manhattan

Y aún debemos llegar más allá porque sus colores, sus formas, sus temas nos provocan, nos inquietan o nos hace sentirnos un poco más alegres o más tristes. Y es que Silvia es capaz de conseguir algo que sólo un artista que siente verdadera pasión por lo que hace puede lograr: contagiar esa misma emoción a las personas que contemplan su obra. Porque un artista, independientemente de lo buena que sea su técnica y de sus años de estudio,  nunca puede transmitir ningún tipo de emoción si él mismo no la siente.

Mirando más allá de lo evidente

“A mí me inspiran las situaciones, escenas cotidianas, que nos pasan de largo día a día y que no paramos a observarlas porque nos parecen rutinarias, simples y sin valor.”
Sus personajes se mueven siempre en un escenario cotidiano que nos resulta extraordinariamente cercano: un parque, una playa, un tren…y sin embargo, en este ambiente familiar la situación que se desarrolla nos cuenta una historia, nos habla de alguien o de algo que ya ha pasado o que intuimos que está a punto de pasar.

Escape


Emociones como la empatía, la alegría, el valor o la soledad están muy presentes en los temas de la pintura de Silvia. La mujer es uno de sus temas fundamentales.  Figuras femeninas aisladas, con un aire reflexivo que viajan en un tren con destino a un lugar desconocido o se colocan bien el peinado.  Otras de sus mujeres sufren y simplemente lloran o friegan el suelo ocultándonos  su rostro.  En este caso son figuras frágiles que sin embargo desprenden una fuerte dignidad. Otras veces son mujeres hermosas, con un aire decidido que nos contemplan desde su elegante vestido.  Pero siempre se trata de figuras creadas con una gran delicadeza que expresan entereza, sensibilidad y una profunda sabiduría, la sabiduría de una mujer que ama, lucha, sufre y mira dentro de sí misma para encontrar respuestas y seguir adelante.

Rubor






Todas estas características las encontramos también en sus bailaoras. Se trata también de figuras femeninas, esta vez  vestidas con vaporosos vestidos de flamenca  de colores vibrantes que se agitan con sus pasos,  sus brazos se alzan al infinito o recogen los volantes de sus trajes  luciendo sus tacones, los rostros se mantienen serios, introspectivos, pendientes de ejecutar cada movimiento, las ondas al agua de sus peinados permanecen intactas mientras que todo el lienzo se inunda de un movimiento sugerente, alegre y contagioso.


El movimiento es otro de los temas más importantes en la obra de Silvia, no sólo en sus figuras, también sus paisajes,  que parecen curvarse sobre perspectivas imposibles en caminos interminables. Sus paisajes nos muestran una Naturaleza espectacular y salvajemente hermosa, muy influenciada probablemente por los lagos y montañas suizos que la rodean a diario y por sus innumerables viajes a Italia,  Portugal, Alemania,  Holanda, Francia, Estados Unidos, Argentina… También sus paisajes urbanos  hacen referencias a sus viajes y a su forma de concebir el espacio, dinámico, abierto y subjetivo, siempre filtrado a la luz de sus ojos de artista y de mujer.


Historias entrelazadas

“Una vida sin pintar…me la imagino con limites, sin libertad de poder trasladar a los demás lo que yo siento al mirar las cosas, cómo las interpreto.”

Y es que contemplando la obra de Silvia queda claro que no le interesa una realidad fotográfica, captada tal cual del natural. Ella va mucho más allá y se centra en el detalle, en la anécdota pero siempre reinterpretada desde su propio punto de vista y enfocada al espectador; no a complacerle expresamente, pero sí a remover su consciencia, a hacerle pensar, a provocar sus emociones y quizás, por qué no, su reacción.  Sólo así puede producirse entre el artista y el espectador que verdaderamente enriquezca a ambos.

Waiting for the tram

Vivir en Suiza ha dado a Silvia la posibilidad de centrarse en la evolución de su trabajo,  de conocer a otros artistas de diferentes nacionalidades  y de vender su obra. Ha expuesto en el Bénedict-School, en Basilea, donde su obra recibió una muy buena acogida y en la Vinothek-  Ugarte donde contó con la visita de compañeros artistas y de otras personalidades interesadas en su trabajo como D. Eduardo Junco, cónsul de España en Suiza.

Sin embargo, cuando hablamos con Silvia nos cuenta que, más allá de la visibilidad para su obra y de las posibilidades comerciales, valora la posibilidad de haber podido observar a los espectadores de su obra, de ser testigo de sus reacciones y de interactuar con ellos. La posibilidad de crecimiento y de aprender de las personas que valoran su obra es, para ella, lo más relevante de su proceso de creación.


Silvia pertenece al grupo artístico Bric Art /Project, del que es socia fundadora, formado por 18 artistas procedentes de distintas disciplinas que apuestan por un mercado artístico libre y sin intermediarios. Junto a ellos expondrá en Barcelona en  Mayo de 2012 en su proyecto Ivanow. Poco antes, durante el mes de Abril podremos disfrutar de una vernissage en Zurich en la que expondrá sus mejores trabajos.

Son muchas las historias que se entrelazan en los hermosos lienzos de Silvia. Pero sobre todo destaca la suya propia, la que ha sido dibujada con cada trazo de pincel, la que nos narra el camino de una artista que ha sabido forjarse a sí misma, ganando fuerza, coraje y fe. Es una historia descubrimiento, reflexión y libertad.

Sus obras transmiten la belleza de una mujer que ha sabido mirar al mundo, encontrar las respuestas y contemplar el futuro. Nos hablan de un mundo inmenso con una infinidad de historias por contar, unas tristes, otras alegres, todas humanas. A veces, las historias se cruzan y dos personas que no se conocen de nada, de repente, conectan. Y  entonces todo cobra sentido.

Porque la felicidad, a veces, se encuentra en el paraguas que una anciana nos brinda para resguardarnos de la lluvia.


 N. Para contactar con Silvia Sánchez podéis hacerlo a través de su web: http://www.silviasanchezrevuelta.com/artissilvia.htm donde tenéis todos sus datos de contacto. 
También podéis seguirla a través de su página de Facebook: https://www.facebook.com/pages/ARTist-SILVIA/148922201834814
¡Muchísimas gracias, Silvia, ha sido todo un placer descubrir tu precioso trabajo! Seguiremos atentos 🙂
Información proporcionada por el Blog de Ana Trigo (www.anatrigo.es)

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3 Comments
  1. patriciabc

    Really nice biografy! I hope you be a lot of success on your artistic way to live!!! HUgs

  2. Contact

    Thanks Patri, big kiss 🙂
    Silvia

  3. Cándido

    La verdad, que todos los comentarios a tus obras, me parecen dignos de leer y disfrutar…
    Besos..

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